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miércoles, 2 de noviembre de 2011

ABORTO, IZQUIERDA Y NUEVO ORDEN MUNDIAL

LA COMPLICIDAD MARXISTA CON EL PODER MUNDIAL EN SU PROYECTO DE EXTERMINAR A LA POBLACIÓN HISPANOAMERICANA

Ernesto Damián Sánchez Ance


La posición del Marxismo a favor de asesinar a los niños hispanoamericanos por nacer es harto conocida. Sería redundante dar ejemplos. Solo basta con leer en el diario La Gaceta del día 11 de Agosto de 2011 cuales son las posturas de Lita Alberstein, del Movimiento Socialistas de los Trabajadores en Proyecto Sur y de Martín Correa, del Partido Obrero donde queda demostrada su posición antinatalista. (1)

En la época de la expansión política y militar del Comunismo en América Latina, no faltaba el izquierdista que se oponía al Aborto diciendo que asesinando al niño por nacer, los yanquis lograrían que en el Tercer Mundo no nacieran niños que mas tarde terminarían siendo revolucionarios
Sin dudas que tras la caída de la URSS el Comunismo ha perdido la brújula. Es así que habiendo fracasado el Marxismo a nivel mundial, los marxistas de hoy bregan por legalizar el asesinato de niños argentinos por nacer. Debieran los izquierdistas saber que las políticas orientadas a imponer el aborto y el control de natalidad en países como Argentina, ya no tienden a evitar el nacimiento y crecimiento de futuros revolucionarios, sino a lograr que en nuestros países no haya  una población numerosa para que el Poder Mundial se apropie facilmente de nuestros recursos naturales. Aborto y Control de la Natalidad son la ejecución del plan de CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO CERO que en la década de 1970 Kissinger presentó a Nixon. El crecimiento de la población  de los países subdesarrollados pone en peligro la economía y la seguridad nacional de los Estados Unidos, proponiendo como solución los programas de control demográfico en dichos países que se llevarían a cabo mediante el ABORTO  y el CONTROL DE NATALIDAD.

Las izquierdas son funcionales al IMPERIALISMO INTERNACIONAL DEL DINERO. Reducir el crecimiento poblacional de los países subdesarrollados y empobrecidos, es un objetivo de los amos del mundo. No solo tratan de controlar la natalidad (especialmente en familias pobres), sino de imponer un nuevo sistema de valores que fomente el proceso de globalización económica al servicio de los intereses de los países desarrollados. Para eso, se pretende corromper a las sociedades, imponiéndoles una “nueva ética”, basada en la perspectiva de género, en las políticas de derechos humanos, en la imposición de la mal llamada interrupción voluntaria del embarazo (FILICIDIO), y en la entrega masiva de condones, en especial a adolescentes, todo esto con el beneplácito de organizaciones progresistas, marxistas y feministas.

Las izquierdas son cómplices de quienes quieren imponer el infanticidio en nuestro país. Y utilizan causas justas como la lucha contra la violencia contra la mujer o la trata de personas como caballo de Troya para imponer el aborto. Ejemplo de ello son los Encuentros de Mujeres que se producen en Octubre de cada año, en los que se realizan talleres sobre distintas problemáticas que, en efecto, afectan a la mujer, en especial a la más pobre.  Pero es inocultable que esos temas son un chivo expiatorio, ya que su mayor y único interés es la legalización del asesinato del niño inocente e indefenso que está en el vientre de su madre.

Si la Izquierda fuera antiimperialista, debiera oponerse a estas políticas que pretenden que nuestro continente sea una geografía con escasa densidad de población. Sin embargo, son funcionales y cómplices de los planes imperialistas de despoblar nuestros países. Eso es lo que persigue la Izquierda abortista financiada y promovida muchas veces por el gobierno y por ONGs extranjeras, generalmente dependientes de grupos económicos transnacionales o con subvenciones del gobierno yanqui sirviente del Sionismo. Esa Izquierda que levanta banderas supuestamente antiimperialistas, pero que sigue las políticas del Imperio, es un verso en el que creen solamente los opas que no hacen otra cosa que atentar contra su Nación.

El aborto es asesinar una vida inocente, máxime de un ser que no puede defenderse. El aborto es un crimen atroz y cobarde; y también nos oponemos al aborto desde una perspectiva netamente política, porque se trata de una imposición del Poder Mundial con el objetivo de crear en los países periféricos como el nuestro una merma importante de la densidad de población a los efectos de ejercer un dominio efectivo sobre nuestro pueblo y nuestros recursos naturales, estos últimos como reserva estratégica propia. 
Así, Amparo Medina, ex funcionaria del Fondo de Población de la patética ONU, desde su cargo promovía el aborto como un supuesto derecho de la mujer. Hoy militante provida, Medina sostiene que las organizaciones que buscan imponer el aborto en América Latina impulsan también el control natal. Esto les permite el manejo de recursos en América Latina.

El desequilibrio demográfico (macrocefalia) que evidencia nuestro país, se caracteriza por que principalmente Buenos Aires y su conurbano, mas Rosario y ciertas capitales de provincias son los centros urbanos que reúnen la mayor parte de la población, mientras que las provincias sureñas presentan una densidad poblacional preocupantemente baja, como poca es la población de la Argentina en general. Esta escasa cantidad de argentinos en la Patagonia, región en la que solamente habitan 1.600.000 personas, población esta que apenas supera la cantidad de habitantes de Tucumán Alfonsín hasta los Kirchner, la resistencia será absolutamente estéril.

Fomentar el aborto y la anticoncepción son tácticas funcionales a esos intereses antiargentinos, tácticas a las que adhieren las izquierdas, los grupos homosexualistas y feministas. Estos malos argentinos están en la misma sintonía de aquellos que sostienen que se podría pagar la deuda externa cediendo territorios patagónicos. Los marxistas partidarios del aborto y del control de la natalidad están en la misma trinchera de Alberto Fujimori, quien “en la década de los 90 lanza un programa de Planificación para el control de natalidad, mediante diversos métodos anticonceptivos, entre ellos la esterilización quirúrgica voluntaria, que tuvo como resultado 270.000 esterilizaciones, la gran mayoría de mujeres. Este programa respondía a la Ley Nacional de Población, que tenía como objetivo rebajar la taza de fecundidad a 2,5 hijos por mujer en el año 2000”, según informe de Giulia Tamayo, abogada feminista especializada en Derechos Humanos. Este genocidio forma parte del proyecto del Poder Mundial al que nos referimos constantemente, ya que en el mismo estuvieron involucrados la ONU y EE. UU: Ya en 1995 fue denunciada la “Ley de Planificación Familiar” de Fujimori, que contaba con el apoyo político y económico de varias agencias de las Naciones Unidas y de la Agencia Internacional para el Desarrollo de EE.UU. Una ONG feminista, el Centro Flora Tristán, descubrió que se estaban pagando “incentivos” a los trabajadores sanitarios para “captar” mujeres”, dice Andrés de las Heras. (2)

Llama también la atención que muchos indigenistas estén a favor del aborto, cuando en la cultura Inca, esta práctica era severamente castigada. El quechuólogo cochabambino Jesús Lara, sostiene en su libro EL TAWANTISUYU, que en tiempos de los Incas “la provocación del aborto con muerte de la mujer era considerada como un delito mayor, muriendo el autor del aborto apedreado o ahorcado. Si el feto era varón, la madre era condenada a pena de muerte, y si el feto era mujer el castigo a la madre consistía en 200 azotes y destierro”. Esa era la postura de los Incas con respecto al aborto. Pena de muerte para el abortero y la madre. Así también, para los Incas, dice don Jesús, el homosexualismo era calificado como uno de los delitos más monstruosos, correspondiendo en casos de sodomía pena de muerte.

Para evitar que Argentina sea víctima de todos estos males, se necesita, además de voluntad para terminar con la Partidocracia, la decisión política para expropiar tierras que están en manos de empresas extranjeras; se necesita decisión para desenmascarar al Marxismo sirviente del Poder Mundial. Hay también que terminar con el Capitalismo Liberal que mata con el hambre a muchos de nuestros compatriotas y aplicar un orden social más justo inspirado principalmente en la Doctrina Social de la Iglesia y en los antiguos reinos indígenas como los Incas, que desconocían el hambre y la subalimentación. Es necesario poner en manos únicamente del Estado el manejo del crédito, para que éste no se convierta en usura. Es menester que las importaciones y exportaciones estén en manos del Estado, como así también renacionalizar el petróleo y el subsuelo minero. Se impone la necesidad de derogar toda ley que proteja las patentes extranjeras, y limitar la importación de productos que sí se puedan producir en nuestro país. Y siguiendo las Divinas enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, en el concepto de que es más fácil que un camello penetre por el ojo de una aguja a que un rico ingrese al Reino de los Cielos, no importar productos de lujo innecesarios para el digno vivir de los habitantes de nuestra nación.

(1) http://www.lagaceta.com.ar/nota/449697/Politica/entrenamiento-para-sentar-posturas.html
(2) http://www.elmilitante.org/desde240702/esterilizacion.htm

lunes, 8 de agosto de 2011

CACICA POSTMODERNA

CACICA TUCUMANA: MAS TRUCHERIO INDIGENISTA
Por: Ernesto Damián Sánchez Ance
En 2008, El Periódico nos informaba  que en una comunidad “indígena”, asumió una “cacica”, superando así los “prejuicios de género”. 
Se trata de una ciudadana argentina llamada Nora Sequeiro. Otra contradicción, porque en los verdaderos pueblos indígenas, para ser cacique, no solo que había que heredarlo, sino también ser varón. Confieso que debiera releer varios libros sobre historia regional prehispana para ver cuantas mujeres fueron cacicas, porque no recuerdo que las haya habido. He leído nombres como Chelemín, Martín Iquisi, Juan Calchaquí, Canamico. Todos ellos varones. Pero no recuerdo a “cacica” alguna. 
La asunción de una “cacica” es atentar contra la tradición de los pueblos indígenas, mas allá de que en la gesta tupacamarista (dejando Tucumán para ubicarnos en el lejano Perú), ya en el último medio siglo de la colonia, se haya distinguido Tomasa Tito Condemayta Hurtado de Mendoza, cacica de la localidad de Acos (Cusco) quien, liderando a un grupo de indígenas, derrotó al ejército realista en la batalla de Puente de Pillpinto. 
Notables e insalvables diferencias entre una legítima CACICA de la época colonial con todo el linaje que la avalaba, protagonista de la guerra de la independencia dentro de un contexto indígena quechua, y otra “cacica” de Casas Viejas, resultado de la coyuntura democrática y de la “avivada”. 
En el caso de que en el Tucumán prehispano haya habido caciques del sexo femenino, éstas no fueron muchas, lo que hace que, institucionalizar el cacicazgo femenino sea bastante traído de los pelos. De igual modo, resultaría totalmente desgraciado valerse de precedentes como los de Micaela Bastidas Phuyuqhawa (esposa de Tupac Amaru II) y los de la esposa de Tupaq Katari, Bartolina Sisa, verdadera pesadilla para los realistas de La Paz, que terminaron haciéndola padecer todo tipo de vejaciones, para justificar el cacicazgo de Sequeiro. También, aunque algunas mujeres, en el origen de la civilización andina hayan tenido mando político, sea dentro de la mitología inca o en la realidad, formando parte de la élite gobernante, y aunque el mando entre ambos sexos haya estado medianamente compensado por el poder político alcanzado por algunas mujeres, éstas eran de sangre real, y no pertenecían al hatun runa. Esas mujeres gobernantes no eran mujeres del pueblo, sino de la realeza. ¿Se puede afirmar que la señora Sequeiro pertenezca a alguna realeza? o, para circunscribirnos a la cultura local, ¿puede probar la señora Sequeiro descender de algún cacique del Tucumán prehispano?
Idéntica situación refléjase en un artículo publicado por La Gaceta el Domingo 7 de Agosto de 2011 en que se contradice al de El Periódico de 2008, pues considera La Gaceta que la primera “cacica” de este Tucumán posmoderno es María Lilia Delgado. La autora del penoso artículo, Mirta Isabel Lazzaroni, Editora de Información General del diario de calle Mendoza, escribe: “es menuda, de rasgos delicados que denotan su ascendencia indígena, habla pausada y suavemente pero con decidida autoridad. Está orgullosa y no lo disimula. María Lilia Delgado es cacica de la comunidad Indio Colalao desde junio pasado, cuando fue electa por el voto de su pueblo”. La foto de la “cacica” es una clara evidencia del mestizaje. Son notables sus razgos nativos. Pero es mas evidente que no tiene la pureza racial que se debiera tener para autodenominarse “india”. Trátase de otra “cacica” surgida como resultado de la avivada democrática. Democracia que permite que cualquier persona, por tener cabello rígido y negro, piel oscura y ojos rasgados se autodenomine “indio”, sin que se tenga en cuenta la ascendencia hispana que los hace mestizos. Eso es  así. La “cacica” Delgado, tiene los mismos rasgos mestizos de cientos de miles de tucumanos que a diario transitan por las calles de San Miguel de Tucumán, de ciudades y pueblos del interior y por parajes de zonas rurales a quienes jamás se les ocurriría ser “caciques”.
En las fotos que publicó La Gaceta, en poses muy “holliwoodenses”, esta mujer aparece con la Casa Histórica de la Independencia de fondo exhibiendo sus supuestos “atributos de mando”: “El cetro con la cabeza de jaguar fue tallado por el abuelo de María Lilia. El jaguar es el símbolo del fuego y tiene que ver con mi personalidad. Me identifico con el fuego y con el jaguar". Delgado es otra alteradora de la tradición indígena de llegar al curacazgo por linaje y no por medio de los votos. Recordemos que en nuestro pasado prehispano, si bien no existía la desigualdad social que se evidencia por culpa de este capitalismo salvaje que lleva a la desnutrición a miles de argentinos, tampoco existía ninguna práctica que se la pudiera relacionar con la “movilidad social”. 

Estos pequeños grupos humanos que se hacen llamar “indios”, pretenden “hacer revivir” las culturas indígenas. Pero no en base a sus patrones culturales, sino a una forma de gobierno originada en la antigua Grecia. Al respecto, en una flagrante tomada de pelo para quienes alguna idea tienen sobre el tema, en el artículo de La Gaceta dice la nobel “cacica”: “"Antes el cacicazgo era hereditario, y el varón era el referente de las comunidades. Ahora, como ya no hay esa diferencia marcada entre el hombre y la mujer, nosotras también nos animamos a ser parte de una elección. El pueblo elige, de acuerdo con las capacidades por voto democrático", explica María Lilia”.

Toda esta tomada de pelo tiene una explicación. La educación en nuestro país siempre ha estado en manos de europeizados que educaron al pueblo de nuestro país con una mirada eurocéntrica y sin tener en cuenta la realidad social y cultural que hace a nuestra cotidianeidad regional.
Las elites en su generalidad, de tanto pretender ser europeas, al parecer creían que la gente de piel oscura y ojos rasgados habitaba en los límites con Bolivia y no en Tucumán, e ignoraron el notable mestizaje que hace a la identidad etnocultural de nuestra región. 

Es así que de los centros educativos de nuestra provincia siempre egresaron profundos conocedores de Historia Universal que, con sólidos conocimientos, pueden hablar de temas como Egipto, Grecia, Roma, la Revolución Francesa y demás tópicos que en modo indirecto están relacionados con la historia e identidad cultural del Noroeste Argentino profundo. 
Pero se olvidaron que vivían en un territorio que, antes de ser (hasta un cierto punto) lo que pretendieron Alberdi y Sarmiento, primero formó parte del Tawantinsuyu, luego del Virreynato del Perú y posteriormente del Virreynato del Río de la Plata. 
Por esa mentalidad europeista que nuestras elites aplicaron e impusieron en nuestras escuelas, es que cientos de miles de tucumanos saben perfectamente qué significa “I love you” y un grupo reducido conoce el significado de la expresión “Je t’aime”. Pero casi nadie entenderá cuando alguien diga “munakuyki”. Ese cipayismo educativo llevó a que la mayoría de nuestros habitantes tenga una idea concreta de quien fue Napoleón Bonaparte, pero que no sepa quienes fueron Tupaq Amaru, Tupaq Katari, Qhanamikhoq, Chelemín, Juan Calchaquí. No solo eso. Ni siquiera saben quienes fueron Diego de Rojas ni Pedro Bohorquez. Y si muchos tucumanos escucharon hablar de Fernando Mate de Luna es solamente porque una de nuestras principales avenidas recibe tal denominación.
Toda esa colonización pedagógica generó tal ignorancia que, en su mayoría, nuestro pueblo no pueda entender con claridad qué es Milagro Salas. Tanta extranjerización cultural no permite a los tucumanos del Siglo XXI advertir la mentira de las comunidades supuestamente indígenas. Y como si todo esto no bastara, actualmente, cuando se toca temas prehispánicos en nuestro sistema educativo es “a la pasada”, y sin profundizar al respecto. Pero para mal, porque ahora se está comenzando a evidenciar en algunos docentes tucumanos posturas que van desde una marxistoide y anacrónica dialéctica, a otra posición negadora, no necesariamente de lo hispano, sino de lo mestizo.