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miércoles, 7 de diciembre de 2011

LA FRASE DE ZINOVIEB II

  EL GENOCIDIO COMUNISTA , JUSTIFICADO POR EL "ANTIFASCISMO"

En la obra Libro negro del comunismo, que por cierto ha sido reeditada y cuya adquisición recomendamos a toda persona decente (seguramente será la última vez que se publique en español), aparece el primer desglose y suma total de víctimas del comunismo. Conviene recordarlo aquí:

El tirano mas cinico y sangriento que se recuerde
No obstante, podemos establecer un primer balance numérico que aún sigue siendo una aproximación mínima y que necesitaría largas precisiones pero que, según estimaciones personales, proporciona un aspecto de considerable magnitud y permite señalar de manera directa la gravedad del tema: URSS, 20 millones de muertos. China, 65 millones de muertos.Vietnam, 1 millón de muertos. Corea del Norte, 2 millones de muertos. Camboya, 2 millones de muertos. Europa oriental, 1 millón de muertos. América Latina, 150.000 muertos. África, 1,7 millones de muertos. Afganistán, 1,5 millones de muertos. Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder, una decena de millares de muertos. El total se acerca a la cifra de cien millones de muertos.

Este cálculo se encuentra en la página 18 de la primera edición del libro y representa una avance histórico de enormes consecuencias en el logro de la verdad (y quizá, en un futuro, de la justicia), puesto que la mayoría de estas personas fueron acusadas de "fascistas" antes de ser exterminadas, un aspecto de la cuestión que acostumbra a silenciarse, por supuesto, pero que el análisis de los hechos no podrá ocultar indefinidamente.

La conclusión es que el antifascismo, que suma las víctimas del comunismo y las del proyecto genocida angloamericano contra el pueblo alemán (1941), finalmente perpetrado (1942-1948), constituye la corriente doctrinal de efectos más criminales en la historia. Pese a ello, el "fascismo" se sigue considerando el "mal absoluto" de forma "oficial", a pesar de que fue este "argumento" el que legitimó las enormes atrocidades de masas de los antifascistas. Y sigue siendo efectivo para silenciar las voces disidentes y las de todos aquéllos que claman contra los abusos del sistema oligárquico imperante.

La historia se ha detenido en este punto. De ahí el tema de nuestro blog, que es un análisis de la ideología antifascista como discurso del poder actual, contemporáneo. Ese con el que nos topamos cada día, en mi caso, cuando me abren un expediente por denunciar, en un informe de servicio totalmente confidencial, el maltrato a presos en las cárceles de la Generalitat de Catalunya

Si tenemos en cuenta que muchos de los crímenes referidos, por no decir la mayoría, se cometieron después del juicio de Nüremberg y en plena vigencia de la normativa de derechos humanos que se aplicó retroactivamente a los nazis; si se considera, con horror, que en el mismo momento en que se estaba juzgando y colgando de una soga a los dirigentes nacionalsocialistas por haber vulnerado unas normas que no regían cuando se cometieron los supuestos crímenes fascistas (algunos de ellos, inexistentes; otros, exagerados, pero todos reactivos a los crímenes contra la humanidad y genocidios de los vencedores), se estaba aplicando el plan Morgenthau y, alrededor de los patíbulos de Nüremberg, perecían de hambre a millones de civiles alemanes de forma planificada, deliberada, mientras unos fariseos con toga de juez clamaban en nombre del "bien"; si tenemos en cuenta, en fin, que algunos de estos genocidios se producen bien entrados los años sesenta (por ejemplo, los ligados a la Revolución Cultural china), lo que no ha provocado reacción alguna de las instituciones internacionales de derechos humanos (que, en cambio, mantenían aislado al régimen racista de Sudáfrica, pese a no haber cometido genocidio alguno), nos damos cuenta de que vivimos en un mundo orwelliano, el mismo que se describiera en la novela 1984. Porque George Orwell no habla allí de nazis, como la correspondiente película de Hollywood quiere hacernos creer sustituyendo a Stalin por Hitler, sino del mundo de la posguerra, matriz de un sucio presente plagado de atroces mentiras. Y este es el problema moral e intelectual más importante de nuestro tiempo. Una cuestión que debería reclamar la atención de todos, especialmente de escritores, filósofos, artistas,  periodistas, ensayistas y demás morralla con gafas y cigarrito colgando de la boca con aire transgresor, quienes, sin embargo, pese a su supuesto "criticismo ilustrado", no dejan ni un momento de repetir como zombies programados los mantras del antifascismo.

Los derechos humanos y la democracia representan el discurso legitimador de un dispositivo de poder mundial que ha sido, sin embargo, el que con más saña ha vulnerado, hasta extremos mostruosos, esos mismos principios que dice defender. La paradoja del antifascismo, una ideología asesina donde las haya, la más genocida de la histroria, que ha conseguido convertir a sus víctimas en aquéllo que justificará a posteriori su muerte, su olvido, su denigración, y que, no obstante, se ampara en una retórica opuesta (teóricamente) a dichas prácticas de manipulación de la verdad y desprecio a la dignidad humana, resume un período de la historia caracterizado por la impostura y la miseria moral más absolutas. No puede haber perdón para quienes han consentido esto, y sería ingenuo esperar que el simple debate filosófico vaya a cambiar las cosas. Sólo la lucha política permitirá, algún día, el ajusticiamiento de los culpables, que ya sólo lo serán por complicidad, puesto que los perpetradores directos habrán fallecido hará ya mucho, mucho tiempo, cuando por fin se haga la luz. Mas los crímenes de genocidio no prescriben y ésta debe ser la argumentación principal que se esgrima contra la clase política oligárquica el día en que se cumpla el mandato del destino y los testaferros del sionismo, así como los sionistas mismos, paguen por sus fechorías impunes.

El aparato de propaganda y validación del "antifascismo"
Menos sorprendente es la pasividad de la gran masa manipulada. Pese a que basta una simple constatación y cruce de datos, fechas y números para llegar a las conclusiones a las que el autor de este blog ha llegado, el efecto psicológico de decenas de miles de programas de televisión y películas de Hollywood  -que neutralizan toda lógica en seres educados sólo para el trabajo y el consumo-, pese a tratarse de pura ficción, basta para anular las consecuencias vinculantes de la más palmaria evidencia respecto de personas que no ostentan títulos universitarios, ni son investigadores, ni disponen del tiempo y las fuerzas para contrastar documentación, o siquiera para comprar los centenares de libros que este tipo de tarea requiere. En suma, la pasividad era de esperar y no pueden exigirse responsabilidades a esta clase (mayoritaria) de ciudadanos. Pero, ¿qué pasa con quienes sí contaban con los medios materiales y las condiciones incluso profesionales (lo que no es mi caso) para saber y actuar? Dichos intelectuales no podían ser manipulados por la obscena propaganda de la oligarquía a menos que ellos se dejaran manipular por interés (autocensura). Pese a lo cual, han callado. Y esta gran traición a la verdad por parte de la intelectualidad es la que explica la pasividad de las gentes comunes, pues para ellas la fuente de información son los medios de prensa y la cultura de masas (cine y literatura), cuyas mentiras propagandísticas convalida el cobarde silencio de los especialistas, profesores y pensadores que están en el secreto pero miran hacia otro lado a fin de conservar como sea sus poltronas varias, puestos, becas y plazas docentes.

Sin embargo, no han faltado las excepciones, aunque, claro, convenientemente silenciadas. Cito a continuación un pasaje de Nolte:

Mijail Heller y Alexander Nekrij, historiadores soviéticos recién emigrados, definen el sistema estalinista como "el sistema más antihumano" que jamás haya existido en la tierra (Geschichte der Sowjetunion, Königstein, 1981, 2 vols., t. II, p. 218); según Milovan Dyilas no existió nunca un "déspota más brutal y cínico que Stalin" (Gespräche mit Stalin, Francfort, 1962, p. 241) y Nikolai Tolstoi expresa en forma concreta la implicación más importante al afirmar que, en comparación con Stalin, Hitler fue casi un dechado de virtudes cívicas (Stalin's secret War, Nueva York, 1981, p. 28). Leonard Schapiro, a su vez, sugiere una comparación entre Lenin y Hitler cuando plantea la tesis de que la obsesión por el poder fue el único elemento permanente del pensamiento de Lenin y que de ella derivó la firme voluntad de no transigir nunca. Adam Ulam, en cambio, limita su afirmación a un periodo relativamente corto de tiempo, al indicar que el régimen de Stalin de 1936-1939 fue sin duda el más tiránico de todo el mundo (Russlands gescheiterte Revolutionen, Munich y Zurich, 1981, p. 499). Sin embargo, los propios dirigentes bolcheviques pusieron estas comparaciones en boca de las generaciones posteriores, por decirlo así, con las aserciones que desde el principio hicieron.
En 1924 Trotski escribió, por ejemplo, que la Revolución procedía con "los métodos de la cirugía más cruel" (Literatur und Revolution, Berlín, 1968, p. 161); por su parte, Stalin declaró sin inmutarse que los terratenientes, kulaks, capitalistas y comerciantes habían sido "eliminados" de la Unión Soviética (Merle, Fainsod, How Russia is Ruled, Cambridge, 1963, p. 371.
Cabe mencionar también la frialdad con la que antes de 1933 algunos autores alemanes, como Klaus Mehnert e incluso Otto Hoetzsch, hablaban del exterminio de la antigua intelectualidad y de los kulaks. Al leer sus textos se impone la pregunta de si allende las fronteras alemanas, después de eventual victoria de Hitler, posiblemente se hubiese comentado con la misma insensibilidad el exterminio de los judíos).
Algunos de los juicios más tajantes provienen de ex comunistas y tuvieron su origen, por lo tanto, en la reflexión revisionista y no en un anticomunismo burgués preexistente. En opinión de Leonard Trepper, el antiguo "Gran Jefe" de la "Capilla Roja", en retrospectiva el estalinismo y el fascismo son "monstruos" por igual (Leopold Trepper, Die Wahrheit. Autobiographie, Munich, 1975, p. 345), y en el legado de Hans Jaeger, por otra parte, que en 1932 aún escribía artículos para el Inprekorr, se encuentra la siguiente frase: "El marxismo tiene la culpa, indirectamente, de los seis millones de judíos muertos. Fue el primero en predicar el odio, el primero en mostrar cómo se extermina a toda una clase social" (Archiv d. Inst. f. Zg., Nachlass Hans Jaeger, ED 210/31, p. 78) (Nolte, E. La guerra civil europea, 1917-1945, México, FCE, 2001, pp. 49-50).

Al lado de los que han callado y de los que, al menos, han impreso negro sobre blanco la evidencia elemental, pocos, tenemos a los que han justificado los crímenes del comunismo. Son tantos, que citarlos aburriría. Un ejemplo español es el escritor Juan Benet, quien se prodigó en humanismo al justificar el gulag de la siguiente manera:


Todo esto, ¿por qué? ¿Porque ha escrito cuatro novelas, las más insípidas, las más fósiles, literariamente decadentes y pueriles de estos últimos años? ¿Porque ha sido galardonado con el premio Nobel? ¿Porque ha sufrido en su propia carne –y buen partido ha sacado de ello– los horrores del campo de concentración? Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Soljenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Soljenitsin no puedan salir de ellos. Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas –cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo– busquen la manera de librarse de semejante peste.

Para abundar un poco más en las reacciones de los "intelectuales progresistas españoles" (antifranquistas=antifascistas) frente a la verdad revelada por Solzenitsin (y que la historia no ha hecho más que confirmar), puede consultarse el siguiente enlace:

http://www.adecaf.com/geno/esp/esp/Un%20autorretrato%20del%20antifranquismo.pdf

Y este otro:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/SOLZHENITSIN/_ALEXANDR/BENET/_JUAN/ratifico/dije/Solzhenitsyn/elpepicul/19760505elpepicul_4/Tes

A toda la progresía farisea e hipócrita, incluida Montserrat Roig, autora de Els catalans als camps nazis, se les cayó la máscara humanitaria y filosionista muy pronto, porque, entre otras cosas, Solzenitsin ponía en evidencia las dimensiones de la participación judía en el exterminio de los pueblos ruso, ucraniano, cosaco... Como ya sabemos por otras entradas de este blog, la mayoría de los responsables de campos de concentración soviéticos eran de procedencia hebrea, y hebreo era también el mayor exterminador, Yagoda (Yehuda), al que en su día dedicaremos una entrada. Conviene cruzar este dato con otro, procedente de Israel Shahak y del que ya hablaremos también, que explica el odio cerval del judaísmo clásico a los campesinos; y con un tercer dato, a saber, que el campesinado ucraniano fue liquidado en masa por estos judeo-bolcheviques en un auténtico genocidio secretamente étnico que rebasa con mucho las dimensiones del holocausto y le precede.

Metio el dedo el la llaga
Cuando le preguntan a Solzenitsin por el tema de los judíos bolcheviques soviéticos en tanto que administradores privilegiados del gulag, la respuesta no puede ser otra que la siguiente:

Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial realizada por mí. La separación la ha hecho la historia. En mi debate con el poder comunista he mantenido siempre la opinión de que no hay que avergonzarse cuando se habla o se escribe de los crímenes cometidos, sino cuando se cometen, cuando se cae en ellos. Tantos han sido los asesinados, es tan monstruoso y hoy desproporcionado el número de crímenes cometidos que hoy, en efecto, parece inconcebible. Sin embargo, es una triste realidad.

En la citada recopilación que se titula Iz-pod glyb he expuesto mi opinión personal sobre todo esto. Puedo resumirlo también aquí. Se trata de lo siguiente: Es indudable que la confesión sincera, declarada, abierta de la culpabilidad de uno es un asunto propio de cada persona, y otro tanto puede decirse de la culpabilidad colectiva de los pueblos y de las naciones. Los propios pueblos y las propias naciones tienen que sacar a la luz del día su participación en los pecados. Por eso quiero subrayar que si por casualidad se advierte algún matiz, de la clase que sea, en lo que he dicho sobre los judíos no es éste mi deseo, ni mucho menos. (Solzhenitsin, A., Alerta a occidente, Barcelona, Acervo, 1978, p. 256).

Lamentablemente, no podemos saber lo que el premio Nobel tiene que decir sobre Israel, porque al llegar a este punto, como por arte de magia, la grabación en que se basa el libro queda cortada.

La presencia desproporcionada (en relación con su volumen demográfico) de judíos en el partido bolchevique es un hecho histórico que se acepta a regañadientes. Sin embargo, incluso Sartre, alguien poco sospechoso de fascismo, parte de este supuesto, aunque sea, en su caso, para elogiar al pueblo elegido:

No se olvide que había un número considerable de judíos en el partido comunista en 1917. En cierto sentido se podría decir que ellos han conducido la revolución (Sartre, J. P., La esperanza ahora. Las conversaciones de 1980, con Benny Lévy, Madrid, Arena Libros, 2006, p. 69).

Pero que "ellos" conducían la revolución (Sartre) y que "ellos" perpetraban los crímenes de esa revolución (Solzenitsin), unido al hecho de que se trata de la más asesina operación política de la historia (Stéphane Courtois, Libro negro del comunismo, p. 18), ¿no convalida el anticomunismo de Hitler, es decir, su idea del judeobolchevismo como enemigo principal del nacionalsocialismo? Y los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por el comunismo, ¿se habrían evitado en caso de que Hitler hubiera ganado la guerra, o sea, derrotado a Stalin? Si es así, como parece, ¿cuántos millones de personas habrían podido vivir en caso de producirse la victoria fascista y la destrucción del comunismo? Ciertamente, Hitler hubiera enviado a los judíos a Madagascar, o quizá los habría asesinado, quién sabe, pero, en el peor de los casos, estamos poniendo en la balanza 15 millones de judíos, por un lado, y 100 millones de gentiles, por otro. Utilizando el mismo tipo de razonamientos que se emplean para justificar las atrocidades antifascistas, a saber, que "gracias" a Stalin se derrotó a Hitler, y con ello quedan legitimados los gulag, podemos ridiculizar este enfoque perverso, siendo así que equivaldría a decir que "gracias" a Stalin pudieron exterminarse a 100 millones de personas y evitar que Hitler matara a todos los judíos del universo, como mucho 15 millones. Lo que es absurdo. Pues las argumentaciones morales utilitaristas reclaman la mayor felicidad para el mayor número (sin especificar, claro, si son judíos o gentiles), en este caso, en términos negativos, la menor infelicidad posible para el mayor número, que se traduce en que, desde el punto de vista hedonista, la victoria de Hitler hubiera "evitado dolor" en un balance global de "placeres y daños" (que rige la vergonzante ética liberal), incluso aunque aceptemos como dogma de fe que dicha victoria "nazi" se habría traducido necesariamente en el exterminio de los judíos y no en su simple deportación.
Y sólo si hiciésemos nuestra la dudosa idea de que la raza judía es "superior" o un pueblo elegido, tendría sentido en la vara de medir utilitarista vigente sostener que 15 millones de judíos -a lo sumo- valen lo mismo que 100 millones de gentiles. Ahora bien, admitido, en fin, que las víctimas del comunismo eran "fascistas" (aunque dicha imputación se hiciese a personas que ni siquiera tenían nada que ver con el fascismo, incluidos bebés de pecho), quizá pueda aguantarse con pinzas el indigno tinglado que sostiene la parafernalia cosmovisional del sistema oligárquico. La función del antifascismo como ideología es, por tanto, obvia: justificar que se exterminara a 100 millones de inocentes. Un ejemplo, el libro de Goldhagen, donde todos los alemanes corrientes de la época considéranse ejecutores del holocausto (luego merecedores de los bombardeos crematorios):

A fin de situar a los perpetradores en el centro de nuestra comprensión del Holocausto, lo primero que debemos hacer es devolverles sus identidades, cambiando, en el aspecto gramatical, la voz pasiva por la activa para asegurarnos de que los hombres no queden al margen de sus acciones (como cuando se dice: "quinientos judíos fueron exterminados en la ciudad X en la fecha Y"), prescindir de etiquetas convenientes pero a menudo inapropiadas y confundidoras, como "nazis" y "miembros de las SS", y denominarlos como lo que eran, "alemanes". El nombre propio general más adecuado, mejor dicho, el único adecuado para los alemanes que perpetraron el Holocausto es el de "alemanes". Eran alemanes que actuaban en nombre de Alemania y de su popularísimo dirigente, Adolf Hitler. Algunos eran "nazis", por su pertenencia al partido nazi o por convicción política, y otros no lo eran. Algunos eran miembros de las SS, otros no. Los perpetradores mataron y cometieron otros actos genocidas bajo los auspicios de numerosas instituciones aparte de las SS. Su principal común denominador era el hecho de que todos ellos eran alemanes que perseguían las metas políticas nacionales alemanas, en este caso, la matanza genocida de judíos. Desde luego, en ocasiones es apropiado utilizar nombres institucionales o profesionales y los términos genéricos "perpetradores" o "asesinos" para describir a los autores del genocidio, pero esto debe hacerse en el contexto bien entendido de que aquellos hombres y mujeres eran primero alemanes y luego miembros de las SS, policías o guardianes de los campos de concentración" (Goldhagen, D. J., Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el holocausto, Madrid, Taurus, 2003, p. 25).

Y añade:

El Holocausto fue el aspecto definitorio del nazismo, pero no sólo del nazismo, sino que también fue el rasgo definitorio de la sociedad alemana durante el período nazi.  (...) La reacción a los asesinatos fue de una comprensión, si no aprobación generalizada. (op. cit., p. 27).

La conclusión de la obra:

La conclusión de esta obra es que el antisemitismo impulsó a muchos millares de alemanes "corrientes" a asesinar judíos y, de haberse encontrado en una posición adecuada, habría impulsado a millones más. Ni los apuros económicos ni los medios coercitivos de un estado totalitario ni la presión psicológica social ni unas tendencias psicológicas inalterables, sino las ideas acerca de los judíos que se habían generalizado en Alemania desde hacía décadas, indujeron a unos alemanes corrientes al exterminio de millares de hombres, mujeres y niños judíos desarmados e indefensos, de una manera sistemática y sin piedad (op. cit., p. 28).

No puedo resistir la tentación de "responderle" a Goldhagen arrojándole a la cara un fragmento de la Torah, uno entre cientos posibles, claro; sin olvidar que, como veremos, el mismo tiene mucho que ver con la política actual del Estado de Israel respecto de los palestinos:

Ahora, vete y castiga a Amalek, consagrándolo al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos (I Samuel, 15:13, también Deuteronomio, 25:19).

Respuesta del rabino Shim'on Weiser a un soldado israelí que pregunta si debe tratar a los palestinos como amalekitas:

Con ayuda del cielo. Querido Moshe, Saludos. Empiezo a escribirte esta tarde aunque sé que no podré terminar la carta hoy, porque estoy muy ocupado y además querría que fuese una carta larga para responder a tus preguntas exhaustivamente, y para ello tendré que copiar aquí algunos dichos de nuestros sabios, de santa memoria, e interpretarlos.

Las naciones no judías tienen una costumbre según la cual la guerra tiene sus propias reglas, como las de un juego, como las reglas del fútbol o del baloncesto. Pero, según dicen nuestros sabios, de santa memoria (...) para nosotros la guerra no es un juego sino una necesidad vital, y éste es el único criterio por el que debemos decidir cómo hacerla.

Por un lado (...) parece que se nos dice que si un judío asesina a un gentil, se le considera un asesino y, salvo por el hecho de que ningún tribunal tiene derecho a castigarle, la gravedad del caso es idéntica a la de cualquier otro asesinato. Pero en otro lugar de estas mismas autoridades (...) nos encontramos con que el rabino Shim'on solía decir: "Al mejor de los gentiles, mátalo; a la mejor de las serpientes, machácale los sesos".

Tal vez quepa argumentar que la expresión "mátalo" del dicho del rabino Shim'on es meramente figurativa y que no debería tomarle literalmente sino entendiendo que significa "oprímelo" o alguna actitud similar, y de esta manera también evitamos una contradicción con las otras autoridades citadas. O uno podría argumentar que este dicho, aunque su intención sea literal, es (meramente) su propia opinión personal, discutida por otros sabios (antes citados). Pero la auténtica explicación la encontramos en las Tosafot. Ahí (...) descubrimos el siguiente comentario sobre la declaración talmúdica de que a los gentiles que se caigan en un pozo no hay que ayudarles a salir, pero tampoco hay que empujarlos al pozo para que mueran, lo cual significa que ni hay que salvarlos de la muerte ni hay que matarlos directamente. Y las Tosafot dicen lo siguiente: "Y si se pusiera en tela de juicio (porque) en otro lugar se ha dicho 'Al mejor de los gentiles, mátalo', entonces la respuesta es que este (dicho) está pensado para tiempos de guerra"(...).

Según los comentaristas de las Tosafot, hay que trazar una distinción entre tiempos de guerra y tiempos de paz, de modo que, aunque durante tiempos de paz esté prohibido matar a gentiles, en un caso que ocurra e tiempos de guerra el matarlos es una mitzvah (un imperativo, un deber religioso) (...)

Y ésta es la diferencia entre un judío y un gentil: aunque la regla "Al que venga a matarte, mátale tú antes" tiene validez para un judío, como se dijo en el Tratado Sanhedrin (del Talmud), página 72a, aun así sólo tiene validez para él si hay un fundamento (real) para temer que viene a matarte. Pero esto es lo que se debe suponer por lo general de un gentil en tiempos de guerra, salvo cuando esté muy claro que no tiene ninguna intención maligna. Ésta es la regla de la "pureza de armas" según la Halakhah, y no la concepción extranjera que se acepta hoy día en el ejército israelí y que ha sido la causa de muchísimas víctimas (judías). Incluyo aquí un recorte de prensa con el discurso que dio la semana pasada en la Knesset el rabino Kalman Kahana, que muestra de una manera muy verosímil -y también muy dolorosa- cómo esta "pureza de armas" ha causado muertes.

Con esto concluyo, esperando que la extensión de esta carta no te resulte fastidiosa. La cuestión se estaba debatiendo ya al margen de tu carta, pero tu carta me ha llevado a poner todo el asunto por escrito.

Haya paz, contigo y con todos los judíos, y (espero) verte pronto, como dices. Afectuosamente, Shim'on" (Shahak, I., Historia judía, religión judía, Madrid, Machado Libros, 2002, pp. 197-199).

Todos los alemanes, todos, perpetraron el holocausto o, en cualquier caso, habrían colaborado de haber podido en la masacre (Goldhagen lo sabe, suponemos que por ciencia infusa). Luego, todos alemanes -sin excepción- eran asesinos y se les podía "ejecutar" en tiempo de guerra. La causa de su criminal odio a los judíos era el antisemitismo y no el antisemitismo la consecuencia del racismo judío (eso sería poner el carro delante del caballo). La realidad del judeobolchevismo en nada influyó en ese odio. Tampoco la proclamación de un plan de exterminio del pueblo alemán en 1941, antes de que empezara el holocausto, ni la puesta en práctica de ese plan con los bombardeos genocidas británicos. Ninguna de estas evidencias públicas determinó en absoluto el rechazo popular a los judíos. Sólo, según Goldhagen, un antisemitismo preexistente y como caído del cielo (sin causa) que, casualmente, se detectaba en casi todos los pueblos que habían alojado a minorías hebreas importantes, con el agravante de que en Alemania el antisemitismo no era, ni con mucho, en opinión de Zygmut Bauman (toda una autoridad), el más virulento de Europa. Así pues, los alemanes, epítomes de los "fascistas", tenían que ser sometidos al anatema. Y sólo porque los "fascistas", esos demonios -seres expulsados de la humanidad- encarnaban el "mal absoluto", la victoria de Stalin sobre Hitler puede considerarse una "ganancia" en términos de la axiología liberal-progresista. Pero con ello se rompe de raíz con el principio de igualdad que opera como fundamento de la filosofía de los derechos humanos. Y hay que elegir, o se esgrime la doctrina humanitaria y entonces la impunidad del antifascismo es un escándalo; o se desecha el humanitarismo, y ello en nombre de un solapado racismo judío de extrema derecha -considerando así, en efecto, que los judíos serían una raza superior-, pero entonces Hitler tendría alguna razón al pretender destruir el judeobolchevismo, pues tan válido sería el racismo semítico como el racismo germánico (o el vasco de Sabino Arana, merecedor de tantos premios). Pues Hitler no estaba obligado -y nosotros tampoco- a aceptar el concepto irracional (religioso) de dicha superioridad hebrea. O sea que, tanto en un caso como en otro, el antifascismo cae por su propio peso. Sólo la cobardía de los intelectuales, su traición a la verdad y a la decencia, permite que se perpetúe esta infamia. Esto y la propaganda, machacona, diaria, constante, del supremacismo ultraderechista judío (sionista) al que todas las derechas cristiano-liberales del mundo occidental se han vendido hace ya mucho tiempo.

Jaume Farrerons
20 de febrero de 2011

Más sobre Alexander Solzenitsin:

http://www.hispanidad.info/solzhenitsyn.htm


www.nacionalrevolucionario.blogspot.com

lunes, 19 de septiembre de 2011

NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN CULTURAL

MARCUSE: maximo exponente de la putrefacción cultural
Los nacionalistas argentinos tenemos por delante no solo el tremendo desafío de construir una herramienta política que nos permita poner al Estado al servicio de la Nación; sino que además, y a tenor del tremendo impulso que en los últimos tiempos ha tomado la revolución anticristiana, debemos arbitrar los medios para librar una guerra de índole cultural.

En efecto, no solo la sociedad política esta controlada por los gerentes del Poder Mundial; sino también lo esta la denominada sociedad civil.

Esto se ve claramente en el ámbito de la cultura y especialmente en los “think tanks” (o como corresponde, “laboratorios de ideas”); lugares en donde predominan las tendencias disolventes de la contracultura neomarxista y gramsciana.

Estas expresiones ideológicas financiadas por el supracapitalismo, a pesar de su apariencia contestataria, no son más que los últimos detritos del Iluminismo; y como tales su función principal es la de corroer el Orden Natural e impedir cualquier reacción en contra del Sistema de Dominación.

Es por esta razón que los nacionalistas nos vemos en la obligación de realizar en forma perentoria, y con los modestos medios a nuestro alcance, diversas acciones de resistencia frente a una cultura hegemónica y totalitaria de signo adverso.

Es cierto que en el pasado el nacionalismo logró mucho en el ámbito de la cultura, sobre todo en el terreno historiográfico, sin embargo hoy todo ello se ha perdido.

Prueba de lo que afirmamos es la aceptación – o por lo menos la falta de reacción- por parte de nuestra sociedad de las numerosas leyes anticristianas hoy vigentes (incluyendo las por venir), así como la decadencia del sistema educativo y la podredumbre que divulgan los medios de comunicación.

Salvo rarísimas excepciones, que en general son marginales, todo lo que actualmente se respira en el ámbito de la cultura esta contaminado.

En todas las producciones culturales campea el más crudo materialismo, antropocentrismo e inmanentismo.

Muy poco queda de la cosmovisión trascendentalista y teocéntrica que moldeo nuestra cultura fundacional y nuestro Ser Nacional.

La revolución anticristiana, desatada con la locura francesa de 1789, ha ido destruyendo una a una las  instituciones cristianas y los valores que vertebran a toda sociedad sana.

Y si bien la tarea la comenzó el liberalismo decimononico y la masonería; a partir de la segunda mitad del siglo pasado fue el marxismo el que gradualmente ha ido  desmantelando la mentalidad católica de las sociedades occidentales y el sentido común del hombre moderno.

Instigadores de esta faena fueron hombres como Antonio Gramsci y los miembros de la escuela de Frankfurt,  Max Horkheimer, Teodoro Adorno, Herbert Marcuse y compañía; los cuales advirtieron que la revolución bolchevique no triunfaría, ni se mantendría en el poder, si antes no destruían el sentido común de la humanidad y eliminaban aquellos vestigios de cultura cristiana que aun quedaban en el siglo XX.

A partir de entonces todos los ataques contra la Fe y el orden natural tienen como principales ejecutores a estos personajes que generalmente ocultan su ideología haciéndose llamar progresistas; y que en nombre de los derechos humanos y de la libertad han impulsado la destrucción de la familia, el matrimonio homosexual, la liberalizacion de las drogas, el aborto, la eutanasia y el auge de todo tipo de aberraciones e inmoralidades.

De modo pues que la tremenda crisis moral por la que atraviesa nuestra sociedad no es una simple y coyuntural corrupción de las costumbres sino el resultado de la aplicación de doctrinas que promueven una verdadera revolución cultural de contenido anticristiano. De ahí la necesidad de encarar con seriedad una labor cultural destinada a difundir y defender la Verdad y la Belleza, dos de los nombres del Dios que odian los revolucionarios.

De más esta decir que plantear esto no significa desentendernos de la  militancia política; a tenor del conocido adagio: formación para la acción, en la acción.

Efectivamente, si queremos que el Estado argentino se ponga al servicio del bien común y de los intereses nacionales tenemos que incidir en el ambiente en cual se forma la clase dirigente de nuestro país. Y dado que nuestros políticos no vienen de otro planeta, sino que salen de esta sociedad, de este pueblo, y de esta cultura; no tenemos otra que enfocarnos en esta tarea.

Recordemos que en el orden natural de las cosas la política domina a la economía, y a su vez la cultura determina a estas dos. Por eso los gobiernos y los planes económicos pueden pasar fácilmente, mientras que la cultura queda.  Y esto es tan así que hasta el enemigo lo comprendió. 

                                               Edgardo Atilio Moreno


Editorial Revista Milo Nº 3

sábado, 9 de octubre de 2010

PARA EL FIN DE SEMANA LARGO

CRIMENES DE LOS "BUENOS"
  
Los Hombres que "amaban" a las mujeres

El trotskysta Stieg Larsson ha depuesto, antes de morir, su contribución al antifascismo, la cual, como acostumbra a suceder con este tipo de productos hipercríticos, resulta a la postre perfectamente funcional y utilizable en beneficio de los intereses de la oligarquía filosionista y de la extrema derecha judía, racista y supremacista, que controla buena parte del planeta. En este caso el enfoque es feministoide y se dedica a desarrollar el viejo mito de lo que en los años sesenta y setenta se calificaba de "falofascismo" (el machismo fascista) 

Alemanas violadas por rojos

Ahora bien, en su prólogo al ominoso panfleto criminógeno "Terrorismo y comunismo", donde el "bueno" de Trotsky justifica el asesinato de masas, Slavoj Zizek, con expresa vocación de repetir la masacre (siempre en nombre de la humanidad, por supuesto), cita al judío Isaac Deutscher cuando éste sostiene con franqueza impagable que:

"Una década después, Stalin, que en 1920-1921 había apoyado la política 'liberal' de Lenin, iba a adoptar las ideas de Trotsky en todo salvo en el nombre. Ni Stalin ni Trotsky, ni sus respectivos partidarios, admitieron entonces el hecho... Lo que no era sino una más de las múltiples facetas del pensamiento experimental de Trotsky iba a convertirse en el alfa y el omega de Stalin" (I. Deutscher, "The Prophet Armed. Trotsky 1879-1921", Londres, Verso, 2003, p. 489, citado por Zizek, en "Terrorismo y comunismo", prólogo, Akal, Madrid, 2007, pp. 10-11).

Quienes creían que la observancia trotskysta constituye una garantía moral frente al estalinismo, resultan, al parecer, unos simples indocumentados. Estamos hablando del despiadado Trotsky, nada menos que el forjador del Ejército Rojo; en la obra citada, este asesino en serie manifiesta de manera inequívoca su desprecio por los derechos humanos:

"Por lo que a nosotros se refiere, nunca hemos perdido el tiempo en las charlatanerías de los pastores kautskystas y de los cuáqueros vegetarianos acerca del 'valor sagrado' de la vida humana" (Trotsky, op. cit., p. 158).

De manera que las masacres de las hordas soviéticas en la Alemania vencida y, especialmente, el trato dado a las mujeres alemanas, representarían una expresión de la política de terror que Lenin improvisó, el trotskysmo teorizó y Stalin se limitó a aplicar y a perfeccionar sobre la marcha de forma sistemática. No creo, pues, que un trotskysta como Larsson sea la persona más adecuada para hacer novela crítica de maltrato a la mujer. Al menos, para las mujeres alemanas que conocieron las exquisiteces morales del bolchevismo, la nauseabunda trilogía "Millenium" constituye una auténtica burla viniendo de quien viene. Además, que se legitime moralmente quemar vivos a los "fascistas" (la muchacha de la cerilla) es una clara y malévola alusión a la justeza de los bombardeos crematorios contra civiles alemanes perpetrados por los muy democráticos militares del Bomber Command británico. Podríamos continuar con los ejemplos, pero este thriller del móntón no merece la pena.

Cada año, los medios de prensa controlados por los filosionistas fabrican, mediante la prevaricación de una crítica literaria teledirigida políticamente, algún best seller que mantenga viva la fe antifascista. Se trata de auténticos bodrios, como "El niño con el pijama a rayas", pero a fuerza de insistir los medios en su genialidad, la gente termina comprándolos y se inocula, sin saberlo, de la necesaria dosis de ideología-veneno al servicio de una anticívica ceguera voluntaria. Luego viene, por supuesto, la inevitable película, que el cretino de turno también irá a ver al cine o en video, financiando por partida doble el dispositivo de lavado de cerebro construido por los nacionalistas judíos a escala mundial. En tales circunstancias, dudo que se escriba jamás una novela titulada "Los hombres que sí amaban a las mujeres", en la que se explique la experiencia de las mujeres alemanas con aquellos progresitas y humanistas soviéticos que en su día fueran nutridos doctrinalmente por trostskystas como Larsson. No obstante lo cual, Anthony Beevor en su "Berlín: la caída, 1945" nos permite columbrar que se trataría de una obra mucho más feminista, objetiva y real que la mamarrachada pseudo progresista de Larsson.

Las dimensiones del crimen

Según las militantes de izquierdas alemanas Barbara Johr y Helke Sander (véase: "Befreie und Befreiter","La guerra de los ivanes", donde son los propios soldados proletarios quienes describen las atrocidades que cometían sus compañeros. También el anónimo "Una mujer en Berlín" merece ser consultado. La esposa del canciller alemán Helmut Kohl no pudo soportar la tortura que suponía el mero recuerdo de aquellos hechos y se suicidó a una edad ya avanzada, circunstancia que da una medida de la intensidad y persistencia imborrable de los daños psíquicos. 1992) un total de 2.000.000 de mujeres alemanas fueron violadas por los rusos. De ellas, 200.000 fallecieron a causa de tales salvajadas. Entre las víctimas se contaban decenas de miles de niñas (y niños) de hasta 10 años, pero también ancianas de 75 años. Las vejaciones sexuales no se limitaron al episodio de la ocupación de Alemania, sino que fueron reiteradas, continuadas y se prolongaron de 1945 a 1949. El historiador Anthony Beevor, en su célebre obra sobre la batalla de Berlín, avala estas cifras. Otra fuente sobre el tema es el libro de Catherine Merridale


La excusa sostenida hasta hoy para minimizar el escándalo moral de un progresismo peor que el reaccionario nazismo incluso en el trato a la mujer es que la extremada violencia contra las mujeres y niñas alemanas por parte los soldados soviéticos era una venganza por la crueldad del frente oriental y por actos cometidos por los propios alemanes contra civiles rusos. Pero los hechos cuestionan esta habitual eximente, siendo así que la brutalidad del Ejército Rojo con las "burguesas" está documentada ya en la guerra civil contra los blancos, y que las víctimas de los rusos eran a veces mujeres polacas, prisioneras rusas o hasta judías "liberadas" de los campos. Una prisionera rusa afirma que "resultaba difícil convivir con los alemanes, pero esto era aún peor". También se afirma que las autoridades soviéticas no podían controlar a sus soldados, pero lo cierto es que les animaban a violar, matar y destruir,  y castigaban a los pocos que trataron de impedir las atrocidades, como el comisario comunista Lev Kopelev, detenido por incurrir en "propaganda del humanismo burgués que fomenta la compasión con el enemigo". Resulta harto conocido el papel instigador del poeta oficial del régimen estalinista, el judío Ilya Ehrenburg (hecho admitido  por el propio Beevor pero que, una vez más, Wikipedia en español silencia con alevosa complicidad sionista).


Contra lo que pudiera parecer, no sólo los rusos forzaron a las mujeres alemanas. También lo hicieron los "libertadores" del lado occidental, especialmente los norteamericanos, quienes, según la historiadora Johanna Bourke, se entregaron a "auténticas orgías de violaciones" (véase: "An intimate history of Killing", 1997). Los yanquis, además, no se conformaban con vejarlas sexualmente, sino que además las prostituían para llevarse a casa algunos "ahorrillos". Simpáticos héroes de Hollywood mascando chicle.


A nuestro entender, estos hechos no pueden ser juzgados aisladamente, sino que tienen relación con los bombardeos crematorios ingleses contra civiles alemanes, el trato dado posteriormente a los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, las hambrunas planificadas, los campos de concentración para civiles (dirigidos por judíos)... Sólo podemos comprender esta violencia en el contexto de un plan de exterminio del pueblo alemán que fue concebido y puesto en práctica por Washington, Londres y Moscú antes de que empezara el holocausto. Si no llegó a consumarse más que de forma parcial, no fue por la bondad de los vencedores, sino por la ruptura de relaciones entre el Este y el Oeste y el inicio de la Guerra Fría. Respecto de lo sucedido en los campos de concentración alemanes con los prisioneros, judíos y no judíos, que eran retenidos como mano de obra y a efectos militares, también nos parece imposible seguir sosteniendo que los abusos cometidos contra ellos obedecieran a la simple "maldad" alemana (!no otro era el lenguaje de  Kaufmann!) y no a una reacción frente a actuaciones genocidas, y previas, de los presuntos defensores de la democracia y el progreso. El cuento infantil de la (supuesta) Liberación aliada, el poema épico de Normandía, nos lo podíamos creer cuando no sabíamos lo que ahora ya sabemos; la edad de la inocencia sobre la relativa bondad de los líderes "democráticos" frente a los diabólicos "nazis" terminó tiempo ha.
 
Jaume Farrerons
26 de noviembre de 2009

Entrevista a Anthony Beevor:

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-01-10-2002/abc/Cultura/anthony-beevor-stalin-encontraba-divertido-que-las-mujeres-alemanas-fueran-violadas_133191.html

El mal estaba en todas partes:
http://www.filosofia-catalana.com/docs/noticies/noticies2/El%20mal%20estaba%20en%20todas%20partes.pdf

lunes, 7 de junio de 2010

SE REEDITA UN LIBRO FUNDAMENTAL


Ediciones B ha reeditado recientemente «El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión», bajo la dirección de Stéphane Courtois y el pormenorizado trabajo de una decena colaboradores más, entre los que hay que destacar a Jean-Louis Panné, por cuanto es el coautor —con el propio Courtois— del «caso español».


Fue publicado por vez primera en Francia, en 1997 y, al año siguiente, apareció la edición española a cargo de Espasa-Calpe. A pesar de su gran repercusión mediática, tanto en Europa —en Francia, por ejemplo, su difusión fue absolutamente demoledora para el PCF— como en el continente americano, lo cierto es que en España pasó con más pena que gloria, de ahí que esta nueva edición sea tan necesaria como oportuna, sobre todo para las nuevas generaciones que están recibiendo mensajes «amables» y «políticamente correctos» sobre la peor lacra que la humanidad sufrió durante el siglo XX, y especialmente sangrienta en nuestro país durante los últimos años de la II República, la guerra civil de 1936-1939 y el terrorismo «maquis».
«El libro negro del comunismo» es un extenso catálogo de los asesinatos masivos, las torturas, las hambrunas provocadas, las guerras y un análisis introspectivo de los verdugos que, durante decenios, esclavizaron a buena parte de nuestro continente, los países de la antigua Unión Soviética, China, y otros países de del continente asiático, africano y americano, con la comprensión —e incluso la colaboración activa— de presuntos demócratas, como quedó perfectamente en evidencia con la pasividad de Occidente y la OTAN ante los levantamientos anticomunistas de Alemania (1956), Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968).

Stéphane Courtois (ed.), «El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión», Ediciones B, Barcelona, 2010, 1.056 págs., PVP: 33 euros.

http://www.laredgualda.com/wordpressmus/?p=15083

sábado, 3 de abril de 2010

COMUNISMO Y DOMINACIÓN


El orden mundial surgido después de la segunda guerra mundial ha tenido entre sus principales consecuencias la imposición de una versión de la historia única e indiscutible; llamativamente el bando aliado que ganó la guerra proclamando luchar contra el totalitarismo incurre en lo mismo, al no dejar lugar a, por lo menos, un debate racional que desentrañe del pasado las lecciones que debe aprender la humanidad para no repetir sus errores. En ese contexto absolutista y totalitario se inscribe la actitud de “barrer bajo la alfombra” los crímenes del comunismo, cuyas víctimas superan los 100 millones.
Gobiernos despóticos y tiránicos se han erigido bajo el auspicio de la U.R.S.S., que también apoyó y financió delincuentes armados para poder mediatizarlos cuando alcanzaran el poder del país que languidece bajo sus garras.
La metodología ideológica es siempre la misma: fomentan por todos los medios la rebeldía contra todo, menos contra ellos, ya que cuando se hacen con el poder, al que se rebela lo reprimen salvajemente, el ejemplo mas cabal de ello son los cientos de presos políticos cubanos, quienes sufren el mas cruel cautiverio por el sólo hecho de ser disidentes de la tiranía castrista.
Curioso es que organizaciones sociales y políticas argentinas que se identifican con la hoz y el martillo, y que son tan extrovertidas y polémicas, que protestan ante la mas mínima e intrascendente objeción que se les haga a sus ideas (¿intolerancia quizás?) tomando la calle y destrozando todo a su paso y que muestran un apetito insaciable cuando de subsidios y pitanzas estatales se trata, callan cínica e hipócritamente ante las muertes y persecuciones que causaron y causan sus camaradas, incurriendo en doble moral y justificación ideológica del crimen, el pugilato y el latrocinio.
Pero todo esto no sería posible sin una hegemonía “gramsciana” vigente actualmente y que se ocupa de defenestrar a todo aquél que no tenga un pensamiento de “izquierda” o se identifique con ello; nótese que esos personajes cuando quieren descalificar a alguien dicen que “es de derecha”, endilgando a esa categoría política cualidades negativas per se, y como si ser de izquierda fuera la garantía absoluta de honestidad, capacidad y buena voluntad. Un maniqueísmo que se encargaron de instalar para imponerse de la manera mas cobarde y despótica, que es la UNICA manera que han tenido, tienen y tendrán, para usufructuar del Estado y/o para hacer olvidar al pueblo que los padece lo ladrones y asesinos que son.
Hoy en día la herramienta favorita para lograr lo antes descrito es el manejo casi total de los medios de comunicación masiva; todos los regímenes comunistas han echado mano al valioso instrumento de la propaganda para “lavar el cerebro” a la esclavizada población, para ello no raparan en usar todo tipo de artilugios, aún los mas ridículos e insólitos, como fueron por ejemplo, las “profecías soviéticas” que lanzó el diario soviético Komsomolskaya Pravda, el 31 de diciembre de 1959, donde vaticina como sería el mundo en 2010, por supuesto, resultado de las “maravillas” del marxismo-leninismo, el delirio relataba lo siguiente:

Un mundo donde las maquinas trabajarían en lugar de los hombres y donde alquilar coches o helicópteros saldría gratis. Además de dar por hecho que la luna sería roja en 1969 -acertó el año pero no el color de la bandera conquistadora-, el diario asegura que para 2010 el mundo funcionaría sin dinero (un golpe bajo al capitalismo), que el alcoholismo y la criminalidad serían cosas del pasado, y que los restaurantes estarían siempre abiertos y dispuestos a servir la mesa gratuitamente a todo el mundo”.

Hoy sí abundan en Moscú los sushi-bar y las cafeterías 24 horas, pero tienen unos precios que resultan estratosféricos para las clases bajas. El artículo, recuperado ahora por el “Corriere Della Sera” y publicado por el diario español “El Mundo”, acierta, cuando afirma que “los teléfonos serán pequeños, portátiles y estarán provistos de cámaras”, o cuando dice que “ el hombre vivirá cerca de 100 años” (aunque habría que aclarar que esos teléfonos son inaccesibles en Cuba, país comunista y pro-soviético por excelencia); la “visión del futuro” también asegura que

“Moscú estará en 2010 lleno de limusinas gratuitas y advierte que para este año en Marte habrá clínicas especializadas en trasplantes de órganos, mientras que en la Luna abundarán las fábricas metalúrgicas y que en marzo de 2010 el Instituto de Medicina Térmica logrará reanimar el cerebro de un mamut congelado de Siberia, una región que se descongelará gracias al calentamiento del suelo por medio de tecnología atómica.”

Sin dudas, ahora se puede apreciar lo absurdo de esas “profecías”, pero no estaba lejos de las locuras que afirmaban los popes del comunismo ruso, hasta el mismísimo Nikita Krushchov, Primer Ministro de la U.R.S.S. desde 1958 hasta 1964, prometió en los años 60 que el país alcanzaría “el umbral del comunismo en 20 años”, para entonces la panacea soviética acabaría con la escasez e impondría una próspera igualdad.
Con ese verso mantenían al pueblo dominado, siempre agitando lo inminente del progreso que nunca llega ni llegará a ningún lado donde gobiernen ellos. Es importante tener presente esa “táctica” de hábiles publicistas rentados que difunden “profecías”, pues hoy también muchos gobiernos (y no sólo comunistas) echan mano a la tentadora mentira ( como las del INDEK) de anunciar bonanzas que nunca llegan ni existen (tren bala, créditos hipotecarios para inquilinos, etc.).
Revoluciones comunistas han acontecido en diferentes países y diversas épocas, a veces en el mismo contexto político mundial y otras veces fuera de él, pero siempre han tenido el mismo objetivo (¿será porque a todas las dirigen los mismos?) y con un infaltable banquero en las sombras financiándolas, ejemplo de ello es la Banca Rothschild, que financió la Revolución Rusa de 1917, esta misma entidad colaboró, a través de Irineo Evangelista Da Souza, Barón de Mauá, para destruir a la Argentina Potencia del Restaurador Gral. Juan Manuel de Rosas en Caseros en 1852 y luego devastar al Heroico Paraguay del Mariscal Francisco Solano López con la guerra de la Triple Alianza.
Si bien en estos casos no fueron comunistas pero el objetivo de demoler un Estado Nacional soberano y próspero como la Argentina de Rosas y el Paraguay de López, se realizó. La aparente paradoja de la sinergia entre el capitalismo y el comunismo, es mas real de lo que se pueda sospechar, lo explica el profesor Jordán Bruno Genta:

“Tanto el capitalismo liberal como el comunismo son expresiones concretas de ese Poder universal del dinero. No hay diferencia apreciable en orden a la explotación de las personas, de las familias y de las naciones, entre un puñado de banqueros privados y un puñado de jerarcas públicos que administran la riqueza de todos y cada uno de los miembros de una comunidad. Toda la riqueza en manos de unos pocos o toda la riqueza en manos del Estado pero manejada por unos pocos, es lo mismo para la condición existencial de los hombres.....el comunismo es un instrumento ideológico de la Plutocracia, destinado a reducir paulatinamente a todos los pueblos de la tierra a una servidumbre organizada, para asegurar el pacífico, inalterable y universal despotismo de un puñado de usureros; o de uno solo con un equipo altamente perfeccionado..”. Confirma ello la afirmación del embajador soviético en París poco antes de la segunda guerra mundial, Ravkosky, quien sostuvo que “Nueva York significa capitalismo subjetivo y comunismo objetivo; Moscú significa comunismo subjetivo y capitalismo objetivo; luego finanzas internacionales son igual a comunismo internacional.”

Luis Asis Damasco

Red Patriotica La Rioja
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