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martes, 11 de octubre de 2011

SISTEMA Y RÉGIMEN

El sistema político vigente en nuestro País, con leves modificaciones, es fruto del denominado “Pronunciamiento de Urquiza” del 1 de mayo de 1851, el cual desemboca en el tratado que se firma el 21 de noviembre de ese año entre las provincias de Corrientes y Entre Ríos, la República Oriental del Uruguay y el Imperio del Brasil, en el mismo se sella una alianza político, militar y financiera, principalmente entre el Gral. Justo José de Urquiza (gobernador de Entre Ríos) y el Imperio del Brasil.  Dicho tratado ha dejado asentado un penoso antecedente, que consciente o inconscientemente, ha constituido el fundamento subyacente de todo el desenvolvimiento del sistema político, social, económico y financiero que nos rige.   
En primer lugar, se “aclara” que el objetivo del connubio no es hacer la guerra a la Confederación Argentina ni a su pueblo, sino “libertar al pueblo argentino de la opresión que sufre bajo la dominación tiránica del gobernador Don Juan Manuel de Rosas”; unos de los principales objetivos culturales de la “Línea Mayo-Caseros” fue el de denominar “Libertad” al mas abyecto sometimiento a las potencias extranjeras y “tiranía” a un gobierno que , aún a su pesar y con los defectos que pudiera tener, desafió a los dictados imperiales, resistiendo y repeliendo agresiones militares, bloqueos, intentos de magnicidio, etc.  
 En segundo lugar, el siempre presente financiamiento extranjero para todo aquél que contribuya desde adentro a la ruina del país o a su indefensión , en el artículo 6  se establece que: “los Estados de Entre Ríos y Corrientes en situación de sufragar los gastos extraordinarios que tendrán que hacer con el movimiento de su ejército, su Majestad el Emperador del Brasil les proveerá en calidad de préstamo, la suma mensual de 100.000 patacones por el término de cuatro meses, contados desde la fecha en que dichos Estados ratificaren el presente convenio, o durante el tiempo que transcurriesen, hasta la desaparición del Gobierno del General Rosas........”.  En el artículo que sigue, dispone: “Su excelencia el señor gobernador de Entre Ríos se obliga a obtener del Gobierno que suceda inmediatamente al del Gral. Rosas, el reconocimiento de aquél empréstito como deuda de la Confederación Argentina y que se efectúe su pronto pago con el interés del seis por ciento al año....”; si el “Ejército Grande” no lograba imponerse, quedaban hipotecadas las rentas y los terrenos de propiedad pública de los estados de Entre Ríos y Corrientes (art.7).  
 En tercer lugar, la mas vil traición a la Patria, fundada en motivos espurios y ambiciones personales a satisfacer a cualquier precio que en el caso que nos ocupa se “disfrazó” de “afán constitucionalista”.   
En cuarto lugar, someter expresamente a voluntad foránea decisiones cuyas consecuencias será estrictamente locales, como lo fue el artículo 18 que establecía que las condiciones de paz, es decir, la finalización de la guerra, “serían ajustadas entre los jefes de las fuerzas aliadas, solicitándose para su ejecución la aprobación de los gobiernos respectivos, o de sus representantes debidamente autorizados”, o sea, que si así lo deseaba el Jefe de la División Imperial, la guerra (la batalla de Caseros) podría haber continuado al costo de mas sangre argentina derramaba (HOY, trabajadores argentinos ven peligrar su fuente de trabajo por decisiones que toman los directivos de las empresas extranjeras en donde se desempeñan, gracias al alto nivel de extranjerización de la economía nacional).   
Este tratado fue y es tan caro al sistema vigente, de evidente sesgo colonialista, que no hubo infamia ni traición a la Patria relevante que no se haya cubierto bajo el manto de legitimidad de la “Línea Mayo—Caseros”; una de las peores, fue la guerra de la “Triple Alianza”, donde entra a actuar uno de los capitostes del sistema de dominación, el Gral. Bartolomé Mitre, respondiendo una carta a Urquiza en 1865 integrante de una serie de epístolas que se intercambiaron estos funestos personajes acerca de la alianza con el Imperio del Brasil: “Nos toca combatir de nuevo bajo la bandera que reunió en Caseros a todos los argentinos.  Me congratulo por ello”.
Establecidos estos antecedentes, cualquier régimen que gobierne, no afectará al sistema inaugurado en tanto y en cuanto no discuta sus dogmas, que ya fueron prolijamente propagados y publicitados a través de la falsificación histórica y de la cultura a contrapelo de la identidad nacional.  Todo sistema político, cualquiera sea su denominación y naturaleza, busca objetivamente como fin último , estabilidad y perdurabilidad, para ello actúa y se ejecuta a través del régimen que considere mas apropiado para el cumplimiento de sus objetivos.
De esta manera, sistema y régimen se retroalimentan también gracias a estructuras institucionales copiadas del extranjero, con debilidad endémica que facilitó y promovió la recurrente dialéctica “gobiernos de iure—gobiernos de facto”; el establecimiento de uno u otro dependía de la puesta en peligro del sistema por uno u otro,  indistintamente,  a través de agentes, golpes de estado o “cuartelazos” y/ promoviendo empañados regresos democráticos.  Demostración de ello, es que en la Argentina en el siglo XX, los golpes cívico--militares de 1930, 1955 y 1976, que fueron pergeñados principalmente por civiles y/o embajadas extranjeras, utilizaron al Ejército, pagando éste el costo político ante la “gilada”, para la que siempre la responsabilidad de la ruptura institucional fue de los “milicos”.   
El único golpe de naturaleza estrictamente militar fue la Restauración del 4 de junio de 1943 y también el único auténticamente nacional, con objetivos claramente difundidos y cumplidos, y no puras declamaciones y promesas de regresar el poder a los mismos inoperantes que lo habían perdido; éste golpe rompió la continuidad del sistema, y por ende, pudo ser un régimen diferente, ya sea al otro “gobierno militar” anterior (1930-32) como a los civiles que le siguieron.  Por ello, el sistema, para desgracia de nuestra Patria, reaccionó virulentamente, al ver como la Argentina volvía a ser Libre y Soberana, rompiendo sus cadenas y no lustrándolas simplemente con palabreríos y con armas embotadas.  Las Fuerzas Armadas, única institución socialmente jerarquizada, cuya misión es resguardar y proteger la soberanía nacional, debían ser destruidas y desmovilizadas para que el “Sistema Caseros” de decadencia y postración nacional (lo que implica para el pueblo argentino desocupación, pobreza, marginación social, etc), para ello se las infiltró con agentes y cipayos que subvirtieron su naturaleza, dejando de ser sanmartiniano  para que sea la facción armada de Lavalle, Urquiza, Mitre, Aramburu, Lanusse, Videla, etc, realizando estos personajes, como tristemente conocemos, las acciones mas viles, cobardes y antinacionales a designio con los fines de ensuciar y desprestigiar a las Fuerzas Armadas ayer, para justificar el desmantelamiento de hoy y asegurarse que nadie esté en condiciones de enfrentar al “Sistema Caseros”.
Como siempre en la historia, NADA está dicho y NADA en este mundo es perpetuo, la posibilidad de cambiarlo está nada mas y nada menos que en las manos del Pueblo de la Nación Argentina.
 LUIS ASIS DAMASCO
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lunes, 29 de agosto de 2011

LOS DESCARTABLES, LOS MERCENARIOS Y LOS OPERADORES DE LA FAUNA PARTIDOCRÁTICA

Por. Luis Asis Damasco

Todo régimen tiránico debe empeñar grandes esfuerzos para mantenerse en el poder, o como mínimo, echar mano a cualquier método para no perder ni ceder un ápice del mismo.  Para ello utiliza un conjunto de elementos que tributan diariamente a su jefe el estipendio de su deshonra y estupidez.  Su duración puede ser efímera, o al contrario, abarcar muchos años y hasta décadas (pero no mas de tres), siendo reclutados de entre los peores de sus respectivas sociedades, luego de ser convenientemente verificadas su indecencia y necedad.  Son instrumentos del mal, pues su misión última es rebajar a todos los que por su mérito y jerarquía puedan llegar a destronar a su esperpéntico jefe, siempre desgraciado y desnudo
Aristóteles, en “La Política” precisaba los fines de la tiranía: “primero, el abatimiento moral de los súbditos, porque las almas envilecidas no piensan nunca en conspirar; segundo, la desconfianza de unos ciudadanos respecto de otros, porque no se puede derrocar la tiranía mientras los ciudadanos no estén bastante unidos para poder concertarse; y así es que el tirano persigue a los hombres de bien como enemigos directos de su poder, no sólo porque éstos rechazan todo despotismo como degradante, sino porque tienen fe en sí mismos y obtienen la confianza de los demás, y además son incapaces de hacer traición ni a sí mismos ni a nadie; por último, el tercer fin que se propone la tiranía es la extenuación y el empobrecimiento de los súbditos….”
 Los elementos que sirven al tirano son fáciles de advertir, al llamado o gesto de éste, salen presurosos  de sus fétidas guaridas escalando y resbalando para alcanzar esa superficie a la que sólo pueden llegar arrastrándose.  Repletas están sus alforjas de inmundicias, que piensan esparcir entre los hombres, que sin saberlo, son acechados y atacados sigilosamente.  Traición entre amigos, envidia entre compañeros, desconfianza entre hermanos y desunión en las familias, son inoculados por estos seres de las mas diversas maneras, para ello acuden a todo tipo de ingenio, y lo logran, lamentablemente.  Pero no sacian éstos sus ansias de destrucción, pues el alcance del daño que irrogan siempre les parece poco.  En oscuros conciliábulos intercambian sus perversas ideas para sacar de entre ellas la peor, y llevarla en bandeja de plata a su embotado jefe para su asentimiento y su posterior ejecución.  Aunque sean eficientes en su ruin tarea de sostenerlo, nada ayuda mas al déspota que una masa conformista y acomodaticia; José Ingenieros en “El hombre mediocre”, con su conocida lucidez nos dice: “No sólo se adula a reyes y poderosos; también se adula al pueblo.  Hay miserables afanes de popularidad, más denigrantes que el servilismo.  Para obtener el favor cuantitativo de las turbas, puede mentírseles bajas alabanzas disfrazadas de ideal; más cobardes porque se dirigen a plebes que no saben descubrir el embuste.  Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso, hablándoles sin cesar de sus derechos, jamás de sus deberes, es el postrer renunciamiento a la propia dignidad.”
            A los esbirros del tirano los podemos clasificar en: descartables, mercenarios y operadores, sin perjuicio que puedan combinarse entre sí e incluso ser encarnadas en un solo individuo.
Los descartables (atentan contra la Jerarquía) deben ser personajes sombríos que tengan algún crimen que ocultar, o estén huyendo de algo o de alguien; su propia culpa los atormenta y buscan desesperadamente el cómodo y seguro regazo del poder, que los recibe con solicitud para sus faenas.  Ante el mas mínimo atisbo de titubeo o de incumplimiento de lo encomendado por sus mandantes o en el caso que ya dejen de ser funcionales al tirano de turno, serán extorsionados o presionados con amagues de quitarle la jugosa impunidad que usufructúan y/o de la renta que gozan, o son simplemente desechados.
            El mercenario es el cobarde por excelencia, casi podríamos afirmar que constituye el perfeccionamiento de la cobardía, ya que temeroso de perder su posición se reacomoda con quien sea el tirano de turno.  Generalmente, es un infeliz dominado por un insuperable sentimiento de inferioridad y fracasado crónico pues nunca ha tenido el valor en la vida para realizar algo loable o digno de estima, por ello ve en aferrarse al faldón de su jefe, una cuestión de supervivencia.  Es, quizás, el mas peligroso, ya que en su persona sólo caben la vagancia, el vicio y la vanidad.  La sed de dinero fácil para solventar sus malas costumbres choca con su pereza que lo aleja de toda labor digna.  El mercenario es la negación de la militancia y el coraje (que es su carencia básica, de allí su cobardía); la militancia, noble tarea a que se aboca un patriota que, aún sin tener poder, lucha por el Bien Común, da el posterior mérito para ocupar lugares relevantes en la política, resulta repugnante e inservible para la mentalidad degenerada del mercenario que sólo entiende de “oficialismos” y puestos mendigados.
            El operador, por su parte, es la negación del conductor político, éste es el hombre notable, es el militante con jerarquía, cuya principal cualidad es la autoridad moral de quien convoca a la lid, y él mismo se apresta en las primeras filas.  Aquél, no conduce, arrea, no  actúa con los pueblos, maneja a las masas; no exactamente todos, pero algunos tienen innegables vínculos con el hampa y cuya impunidad es garantizada por su jefe, que ejerce influencia sobre él.  Otra característica de este individuo, es que su relevancia es proporcional a su “capacidad de daño” rayano en lo extorsivo, ello hace que sea temido, suministrándosele lo que pide, ya que es la única posibilidad de mantenerlo obsecuente; si no fuera de esa manera, se rebela y se pasa a otra facción (de las que abundan en las “segunda” y “tercera” línea de las tiranías), vendiéndose como el mejor mercenario a cualquier capitoste del régimen.  Por lo tanto, el operador “mas valioso” o “mas importante” será aquel que sería peligroso si se pasa de bando; este truhán politiquero lo sabe muy bien y aprovecha sus beneficios.
            Vemos como las tres categorías descriptas: el descartable, el mercenario y el operador, son la antítesis de la jerarquía, la militancia y la conducción política respectivamente, que son las que hacen a la verdadera ACCION POLITICA que enaltece a los pueblos y revitaliza a las naciones.
            Identificar a estos individuos es sencillo, “por el fruto se conoce el árbol”, sin caer en las sofisticadas maniobras de engaño y disimulo, de la que son expertos, se los puede descubrir en el día a día cuando llevan adelante sus perversos planes que no tardan en destilar su hedor, aún cuando se los disfrace de buenas intenciones y falsos valores.

jueves, 28 de abril de 2011

MALVINAS: Síntoma del mal que aqueja a la Argentina

Las islas Malvinas reflejan lo que sucede con el resto del País, solo que es la máxima expresión, sin eufemismos ni falsas apariencias, de lo que nos ocurre.  La República Argentina se encuentra expoliada y ocupada (aunque no por tropas extranjeras pero si por traidores y cipayos) con sus tierras vendidas y compradas por monedas, ningún gobernante a la fecha, que mencionan la palabra “Patria” miles de veces, ha hecho algo al respecto, al contrario, muchos de ellos han sido cómplices de ello; según la última Encuesta Nacional de Grandes Empresas que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), determinan que de las 500 compañías que más producen en Argentina y que representan, nada menos, que un cuarto del PIB nacional, el 68 por ciento posee participación de capital extranjero. Son en total 338 compañías.  En el período 2003-07, se vendieron 438 empresas por un valor de 18.700 millones de dólares, aunque lejos de las mismas operaciones realizadas en el período 1995-99 por un monto de 71.000 millones de dólares (Diario Clarín 14/10/07).   A ello hay que agregarle el hecho que de las 170 millones de hectáreas productivas que hay en el país, el 20 % ya está en manos de capitales extranjeros.  Nada al respecto se ha hecho, aún en la actualidad que se ensayan algunas improvisadas soluciones se hace marchando atrás de los acontecimientos, y si en el mejor de los casos ese fenómeno se detiene, difícilmente puede volverse atrás después de mas de 20 años de salvaje extranjerización.
El Pueblo de la Nación Argentina debería reflexionar seriamente acerca de quien se beneficia con la indefensión en todos los ámbitos que sufrimos y que justamente es lo que facilita la existencia de toda clase de males que nos afligen; uno de ellos es el estado calamitoso de nuestras FF.AA. y dejar de creer ingenuamente en que un Ejército inerme garantizará la estabilidad política e institucional del Estado de Derecho….TODO LO CONTRARIO, pues el Derecho “es la sistematización de la fuerza para el cumplimiento de fines justos y racionales” (Carlos Octavio Bunge).  Es por ello  que el resultado  es un Estado débil, y que cuando  su autoridad es desafiada, reprime sin imponerse, pues dichos ataques son reiterados y sin poder apreciarse su límite, ya sea en el tiempo o en sus dimensiones.
            Está probado que la inutilización militar de la Argentina, es un absurdo que no tiene sentido excepto en una colonia y/o republiqueta, pues el presupuesto militar en Sudámerica se ha incrementado, liderado por Chile (con 20 años de gobierno de la “Concertación”, coalición de partidos políticos de centro-izquierda que gobernó desde el 11 de marzo de 1990 hasta el 11 de marzo de 2010), Brasil (gobernado desde 2003 por el partido de los trabajadores “PT” de extracción de izquierda) y Colombia.  El país trasandino, gasta más del 4% del PBI en defensa, un porcentaje alto para un país en tiempo de paz, según dijo a LA NACION el docente de la maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de Bolonia, Fabián Calle.
Ocurre que el promedio del gasto militar global asciende al 2,4% del PBI mundial, un 1,6% inferior al gasto de Chile. En el caso de ese país, al presupuesto de defensa de 3000 millones de dólares se le añade, por lo establecido en la ley del cobre, el 50% de lo exportado por la minera estatal Codelco: unos 1500 millones de dólares, que deben gastarse en equipamiento, de acuerdo con lo establecido en la norma.
El presupuesto chileno asciende a unos 4500 millones para un país que tiene la mitad del PBI argentino. Nuestro país, sin embargo, gasta menos de 3000 millones, afirmó Calle.
Otro país que impulsa el aumento del gasto militar regional es Brasil. En los últimos años, el gasto militar brasileño ascendía a 1,2 del PBI de ese país (tres veces superior al argentino), pero, a partir del segundo mandato del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, y con la estabilización de su economía, el desembolso ascendió al 2%.
Calle opinó que, en este contexto regional, el comportamiento de la Argentina es anómalo.
En la época del Proceso, había un gasto alto, del 6% del PBI, en comparación con un 2,5 mundial. Alfonsín lo baja al 3%; Menem, al 1%, y desde ahí osciló entre el 0,8 y el 1,1%, dijo.”(fuente: www.lanacion.com.ar – 09/08/09).   
En cuanto a la guarnición militar del pirata invasor de nuestras Malvinas,  “estaría reducido en la actualidad a entre 50 y 100 efectivos integrados por fusileros, ingenieros y personal de telecomunicaciones, a los que podrían sumarse unos sesenta miembros de la Falklands Defence Force, una milicia integrada por habitantes locales. La Real Fuerza Aérea mantiene cuatro jet interceptores Tornado F3A, equipados con misiles AIM-120 AMRAAM y AIM-9L Sidewinder, con sus respectivas tripulaciones y personal de apoyo. El componente naval de la guarnición permanente es el HMS “Clyde”, un patrullero de alta mar de la Clase River de 81,5 metros de eslora y 1.847 toneladas de desplazamiento, que cuenta con una tripulación de 41 oficiales y marineros y está armado con un cañón de 30mm y siete ametralladoras de 7,62mm.” (Fuente: http://tecnologamilitar.blogspot.com/2011/03/islas-malvinasfalkland-desguarnecidas.html -- 30/03/11).  “Si vis pacem, para vellum” : “si quieres paz, prepárate para la guerra”, así en la época de los romanos como en el siglo XXI, por lo tanto, la Argentina, por una cuestión de sentido común, deberá adecuar sus FF.AA. en forma proporcional a nuestros intereses nacionales, al reequipamiento de sus vecinos y para DISUADIR al pirata invasor de nuestras Malvinas de no intentar ninguna acción hostil contra el Pueblo de la Nación Argentina. 
            La clave para entender el título, es lo que expresó el escritor y político peruano Mario Vargas Llosa en ocasión de la inauguración de la “Feria del libro”: “Argentina era un ejemplo para toda América Latina”, precisamente de eso se encargó de evitar la Corona Británica y sus cipayos nativos: “NO DEJEMOS QUE ARGENTINA SEA POTENCIA, ARRASTRARÁ TRAS DE SI TODA AMERICA LATINA” – SIR WINSTON CHURCHILL, una Argentina Potencia no utilizaría su poder para tener un rol hegemónico ni erigirse en un imperio, pero sí sería una barrera infranqueable que evitaría a otras potencias (Estados Unidos, Inglaterra, la otrora Unión Soviética, entre otras) sojuzgar a nosotros y a nuestros pueblos hermanos, y por lo tanto, se verían en un aprieto para sostener su economía basada en la miseria y postración de otras naciones. 
Astutamente, para sabotear el surgimiento de la Argentina, se montó un sistema de sometimiento instrumentado por los ingleses y ejecutado por sus agentes nativos, hoy ocupados en sus bizarras campañas electorales, proponiendo cómo NO van a solucionarnos nada.  De todos modos, el conquistador inglés , aunque se salga temporalmente con la suya, debe saber también que sólo compró a una runfla de traidores y unos cuantos “sellos de goma”, pero la Argentina real, verdadera, no se somete, no se vende, ni se rinde.
Luis Asis Damasco
Red Patriotica Argentina
(La Rioja)

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viernes, 10 de abril de 2009

POZO DE VARGAS


La batalla de la Argentina proscripta


La batalla del Pozo de Vargas fue librada el 10 de abril de 1867; se enfrentó el Ejército Nacional al mando de Antonio Taboada y los montoneros al mando de José Felipe Varela.

“Los montoneros eran gauchos de poncho, vincha y lanza y chiripá; idealistas y románticos, que luchaban ardientemente en el interior del país contra el poder avasallador de Buenos Aires. Los montoneros constituían así la voz misma de la tierra, que se levantaba en rebeldía en defensa de las autonomías y de los derechos de las provincias. Por estos ideales de libertad, lucharon sin desmayo los célebres montoneros riojanos Juan Facundo Quiroga, Angel Vicente Peñaloza, José Felipe Varela y Severo Chumbita, entre otros. La historia algún día, calmada la borrasca de las pasiones y de los odios, ha de recobrar la memoria de estos caudillos, cuyas vidas fueron truncadas por crímenes o persecuciones políticas, que los argentinos nunca olvidarán. Allí está flotando en permanente evocación, el recuerdo de Manuel Dorrego, Juan Facundo Quiroga, Angel Vicente Peñaloza y de otros más de menor gravitación popular, que fueron injustamente muertos por el solo hecho de defender, a sable y lanza, el federalismo, contra el poder absolutista de Buenos Aires, que quería “copar” sus posiciones provinciales.” (Fermín Anzalaz, Los montoneros en Pozo de Vargas – Ediciones Biblos, 1969)

Esta batalla debe analizarse y comprenderse en el contexto espacial y temporal en el que se desarrolló. En el año de 1862, el General Bartolomé Mitre asume el gobierno nacional mediante el primer golpe de estado desde la sanción de la Constitución en 1853, luego de la batalla de Pavón. Asume posteriormente como presidente para el período 1862-1868, durante el cual se llevó a cabo la “guerra de policía” contra las montoneras, embestida dirigida por Sarmiento.

En permanente estado de exaltación se hallaban en ese entonces los pueblos del interior; luego de la batalla de Caseros (1852) volvió a reinar la anarquía; el vacío de poder que había dejado el Restaurador Juan Manuel de Rosas presentaba una buena oportunidad para el extranjero ávido de subyugarnos, y para que tiranos de pies de barro se hicieran con el poder. La política de Mitre de PATRIA CHICA y ANTINACIONAL, convierte a la Argentina en instrumento de Pedro II (Emperador del Brasil) títere a su vez de Inglaterra; realiza una política de represión y exterminio contra el interior y su gobierno se aisló del resto de Hispanoamérica pues “la República Argentina está identificada con la Europa hasta lo más que es posible” según Don Bartolo.

He aquí la CAUSA del EFECTO, constituido por los levantamientos montoneros.

En esa década funesta del 60 del siglo XIX, la América sufre un despertar de España, que quiso recuperar su influencia (sobretodo en países del océano Pacífico, como Chile, Ecuador, Perú y Bolivia, ya que éste océano los conectaba con otro dominio español: las Filipinas).

España apoya a Francia a instalar al Príncipe Maximiliano de Habsburgo bajo la protección de Napoleón III. En Callao, el Almirante Pinzón exige el pago de una idemnización por la independencia del Perú, al negársele, la escuadra española ocupa la isla de Chinchas rica en guano (fertilizante altamente cotizado, que Europa necesitaba con premura para su agricultura en auge); el conflicto finaliza con el tratado Vivanco—Pareja (1865), mediante el que cual España desocupaba la isla a cambio de 12 millones de pesos como idemnización por su independencia y 3 millones más para sufragar los gastos en que había incurrido la escuadra para cobrar. Esta afrenta provoca la justa y sabia indignación del Pueblo peruano que destituye al presidente Prezet, se denuncia el tratado y se declara la guerra a España.

El agresor no conforme avanzaría hacia Valparaíso, Chile, repitiendo los hechos pero con las riquezas salitreras y bombardeando la ciudad. Esto provoca la declaración de guerra de este país, sumada a la de Perú, Ecuador y también Bolivia, pues a esos años era estado ribereño (pierde su salida al mar luego de la guerra del Pacífico, 1879-1883).

El gobierno de Mitre dejó solos a los hermanos agredidos, ocupado en aniquilar a los hermanos paraguayos en la sangrienta y ominosa guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Acontecimiento que decide a Felipe Varela a terminar su exilio en Chile y retornar a emprender la resistencia, de cariz americanista y federal.

Así los hechos, nace en Buenos Aires la Sociedad Unión Americana, en solidaridad con los países agredidos. La vieja disyuntiva de siempre: PATRIA GRANDE (Naciones Hispanoamericanas confederadas en unidad de Ser y de Destino) – PATRIA CHICA (Naciones Hispanoamericanas divididas y subdivididas en débiles “republiquetas” bajo la férula política, económica, financiera y cultural de las primeras potencias), SER O NO SER.

Por iniciativa del General Melgarejo, presidente de Bolivia, se convoca el Gran Congreso Americano, Mitre rechaza la invitación, igual que Rivadavia en 1826 cuando el Congreso Panamericano organizado por Simón Bolivar.

En cuanto a la situación internacional, comenzaba a gestarse lentamente las causas de la primera guerra mundial, el frágil equilibrio pactado en Viena en 1815 comenzaba a derrumbarse, como sucede con todos las transacciones de potencias imperiales que intentan detener la historia, que creen en la necia y ridícula posibilidad de detener las escurridizas arenas del tiempo con fastuosos y solemnes acuerdos, que posteriormente ellas mismas se encargan de burlar pero que el resto del mundo debe tolerar, a expensas de la apropiación de sus riquezas, el saqueo de sus tesoros, la destrucción de su cultura (lengua, arte y religión) y el empobrecimiento, pauperización y desmoralización de sus pueblos. Es por ello que la República Argentina en la persona del Presidente Hipólito Yrigoyen se negó a caer en la trampa de la Liga de las Naciones fruto del Tratado de Versailles en 1919 posterior a la primera guerra mundial. Debemos aprender la lección histórica de los hermanos peruanos cuando denunciaron el vergonzoso tratado Vivanco—Pareja, y denunciar nosotros, por ejemplo, los Acuerdos Anglo--Argentinos de Londres y de Madrid de 1990, ratificados por Ley 24.184 y el de Protección de Inversiones con EE. UU. (Ley 24.124); en ambos cede el Estado Argentino atributos inalienables de soberanía.

Envio de Luis Framcisco Asis Damasco

Red Patriótica (La Rioja)