Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de abril de 2012

EL BURGUÉS Y EL SOLDADO

 EL REPOSO DEL GUERRERO
Escribe: Cecilio Jack Viera

El fracaso de los militares en la política no es un hecho propiamente argentino. Responde a la época, a las características de este tiempo final de la historia. Ese fracaso, en rigor, no indica otra cosa que la decadencia actual; solo nos dice que nuestra época no esta a la altura de la guerra, de la verdadera guerra. Vivimos tiempos malsanos, en que falta una Ética del guerrero, un código moral y una vía espiritual propias del hombre llamado a la lucha.
Pero nótese que decimos “guerrero” no simplemente “militar”. Hay toda una diferencia que ya Ortega y Gasset señalaba oportunamente: “el militar es el guerrero domesticado por el burgués”. Es decir, puesto al servicio de los valores burgueses, castrado de su verdadera dimensión: la virilidad espiritual, o sea el triunfo seguro y permanente sobre la animalidad, sobre el materialismo centrado en los valores económicos.
Por otra parte, conviene recordarlo, la revolución francesa y sus congéneres no han sido en esta perspectiva, otra cosa que el triunfo del buen burgués puesto como prototipo de lo humano. La vida heroica quedaba pues automáticamente negada. Solo seria considerado “humano” el disfrute pacifico de los pequeños goces del animal satisfecho.
A este respecto la tradición, tanto oriental como occidental, es unánime: la casta guerrera es superior a la casta burguesa. La vida heroica es superior al disfrute de los bienes económicos. La política, la gran política de conducir pueblos, es superior a la procura del sustento diario. Tanto en occidente (Edad Media) como en oriente (sistema de castas de la India) el guerrero y su ética están por encima del productor, cuya misión social es allegar bienes económicos. La “virtud” es esencialmente, como indica su etimología latina que une la idea de “fuerza”, vigor y viril cosa propia del Varón por antonomasia, el hombre se emancipa de su costado “femenino”, temeroso, que se apega a los bienes pasajeros de este mundo. El animal humano teme, como otro animal, a su destrucción física: la muerte. Pero ahí esta, en hombres excepcionales, otro elemento irreductible a la materia y sus ilusiones: es la “virilidad espiritual, la fuerza que viniendo de lo alto testimonia que mas allá de las apariencias sensibles, mas allá del animal, esta el costado inmortal que se sobrepone a la muerte.
Entonces resulta claro que en el “guerrero”, la vocación y el temple, no se reducen a una cierta aptitud por el deporte o el manejo de las armas. O ese gusto vulgar de querer mandonear, sobresalir a través de gritos. “Guerrero” en este alto sentido, los hay entre los militares profesionales, como en los civiles.
Y no ha sido la menor tragedia argentina, de estos últimos tiempos, el que en este campo, las vocaciones y sus realizaciones concretas anden embarulladas.
Hay muchos militares que no son guerreros de alma, como viceversa: hay algunos civiles cuyo temple profundo, su opción metafísica, su realización espiritual se expresan en la guerra. Una guerra –debe insistirse-, que no se reduce a la “carnicería”, a una suerte de “técnica para matar”, sino a algo mucho mas importante: “matar al pequeño yo” burgues y egoísta.
Lo odioso, entonces, de las guerras modernas ha sido esa técnica científica, propia del cálculo burgués, para aniquilar no solo al otro guerrero, sino también a las poblaciones civiles, no contendientes. Esta crueldad, que se ha apartado del código de honor del autentico guerrero, ha sido aprovechada por el “pacifismo”, que es el remate en la obra secular de hacer desaparecer de la tierra el espíritu heroico.
El pacifismo no busca la paz sino el oscuro dominio de otro tipo de hombre, definitivamente inferior: el de la “democracia universal”, el reinado totalitario de la masa. Una masa sin fronteras, sin Patria, sin tradiciones. Ese pacifismo no quiere la paz, sino la muerte de toda excelencia, de todo aquello que sobresalga sobre lo vulgar y mediocre. Por eso, tras la mascara “bonachona” del pacifismo universal, se esconde el rostro verdadero del odio inveterado de lo inferior a lo superior. Detrás de los “derechos humanos” se esconde el odio a la vocación heroica, a aquellos que testimonian que sobre el “hombre-cosa”, el “hombre-masa”, el hombre mero animal, existe el Hombre de resplandores divinos, el héroe.
Pues bien: en la argentina, vista en esa perspectiva, ha triunfados desde hace rato el militar sobre el guerrero. O sea ha triunfado el burgués disfrazado con galones. Naturalmente, y casi es superfluo consignarlo, hubo muchos auténticos guerrero en nuestras FF.AA. Pero lo que importa es el tono general, el encuadre de ideas y costumbres que signan el promedio. Por eso, salvo excepciones, las ultimas cúpulas militares no fueron otra cosa que los servidores “con espada al cinto”, de la burguesía. Transnacional, para colmo: Martínez de Hoz, servido por Videla, es el paradigma invertido de las relaciones normales: el burgués y la economía al servicio del guerrero y la política.
Lo malo, lo pésimo del actual desenlace, consiste en que el orden frente a ese desvarío no lo vienen a poner los auténticos guerreros. Vienen en tren de venganza, los representantes del pacifismo internacional, escudados en los “derechos humanos”, con aire justiciero de “cowboy”. Viene a acabar con todo resto de espíritu heroico. Por eso quieren sepultar la guerra de las Malvinas, por que ella testimonio las tremendas reservas de heroicidad de nuestro pueblo. Un pueblo que desafía ¡todavía! A los poderes internacionales conjurados para el triunfo final de la “democracia del dinero”.
En síntesis. 1) El Proceso militar no fue conducido por auténticos guerreros, sino por pequeños burgueses acuartelados, primos hermanos de los “civiles democráticos”. 2) Ambos adoran en el fondo, al dios Dinero. 3) San Martín dijo: “no desenvainar la espada sin causa, no envainarla sin honor”, acá los mamarrachos hicieron justo al revés en los dos casos. 4) Ridiculizaron así a la espada, al símbolo supremo de la virilidad espiritual, esto es peor aun que la transgresión de los “derechos humanos”. 5) Permitieron con su retirada vergonzosa (Bignone), con ese envainar deshonroso en Malvinas, la actual indefensión de la Patria. 6) La perdida del mar austral (Beagle) de consumarse, habrá que cargarlo también a su cuenta.
¡Animo pues guerrero, “militares y civiles”: la guerra espiritual no ha cesado! ¡Tiempo vendrá en que la masa, cansada en su loca carrera destructiva, aceptara gustosa y suplicante la vuelta al orden. No al orden “cerrado” cuartelero. Tampoco al orden policial o burocrático. Si al orden que emana naturalmente de los mejores hombres, los héroes, reconocidos ¡por fin! En la cúspide social.
Nuestra guerra es pues contra el desorden en que manda el inferior, contra nuestras tentaciones y pequeñeces, contra el burgués prosaico que llevamos dentro, contra la seducción del desanimo. Nuestro reposo, no estará en la paz hedonista ni menos aun en la capitulación ante la mediocridad. Nuestro reposo solo podrá consistir en la salvaguardia del Honor Nacional intacto!

* Articulo publicado en el periódico "Independencia", Numero 31, del 11 de octubre de 1984.  
Artículo de referencia:

martes, 20 de marzo de 2012

MAS SOBRE "LA DESGRACIA" (El grupo de los 17)

Romero y el grupo "La Desgracia" (el primero a la izquierda parado)

El cipayismo patológico de Luís Alberto Romero

Desde las páginas del diario La Nación, del 7 de marzo del 2012, Luís Alberto Romero volvió a alertar sobre el peligro de un “nacionalismo patológico”, el cual estaría instalado en el sentido común de los argentinos.
Uno podría pensar que el prestigioso académico se esta refiriendo a cierta ideología racista, totalitaria, y de origen foráneo, que algunas personas de mala fe suelen confundir con el nacionalismo argentino.
O bien al pseudo nacionalismo, populista y marxistoide, que campea en ciertos despachos oficiales.
Pero no; Romero no se refiere principalmente a esas expresiones extrañas o adulteradas, sino al verdadero nacionalismo. Al que defiende nuestra Tradición histórica; y pugna por recuperar el señorío sobre lo nuestro. Al que quiere una republica orgánica, y se bate por el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo. A este nacionalismo, justamente, Romero le llama patológico.
Pues bien, ese nacionalismo –lamentablemente-, brilla por su ausencia en el maltrecho sentido común de los argentinos. De no ser así, otro seria el cantar.
Lo que sí subsiste aun en muchos argentinos es el patriotismo.
Pero eso es otra cosa. Ese sentimiento patriótico, con todo lo noble que pueda ser, no es nacionalismo. El nacionalismo es algo mas que el patriotismo, es la racionalización del patriotismo; es ese sentimiento hecho una idea política, plasmado en un programa político, el cual incluye un diagnostico de la realidad y una propuesta de soluciones en beneficio de la nación. Esto es elemental y lo sabe cualquiera que tenga un mínimo de formación política.
Pero a Romero no le interesan estas distinciones, y al igual que los sofistas de la antigua Grecia, que estaban disponibles para aportar argumentos a cualquier político que les pague bien, apunta sus cañones al nacionalismo. Lo acusa de combinar “soberbia” “paranoia”, y de reclamar la unidad del pueblo detrás de sus gobernantes frente a los enemigos externos y sus agentes nativos.
Acusación con la que obviamente pretende soslayar el accionar hegemónico de las naciones poderosas, así como la existencia de un Poder Mundial que se vale de gerentes locales para imponer sus dictados. De ahí el mote de “patológico” con el que fulmina al nacionalismo.
Ahora bien, ¿no es acaso de elemental sentido común, que en una situación de real emergencia nacional todo el pueblo debe estar unido en defensa de la Patria amenazada? ¿Sostener esto implica acaso apoyar a un gobernante inicuo que para zafar de algún brete finge defender una causa nacional, como es el caso de la actual presidente? De ningún modo se puede confundir así estas cuestiones.
El nacionalismo no es un movimiento que postule apoyar a gobiernos que están al servicio del extranjero; cosa que si hace el liberalismo, y en algunos casos lo hace envuelto en una aureola de “patriotismo”.
A esa impostura liberal Luís Alberto Romero le llama nacionalismo “constructivo e integrador”. Es decir, a ese seudo patriotismo de unitarios, liberales, y masones, que se impuso después de Caseros y Pavon, y que no tuvo nada de nacionalista pues buscó destruir a la Nación real, renegando de nuestros orígenes y de nuestro destino, para construir una anti-argentina abyecta y sometida al imperio anglosajón. A eso, Romero le llama nacionalismo sano.
Luego vendría -según Romero-, el nacionalismo malo; el que “fue atrapado por la idea de la unidad de la nación”; el que pretendió develar y defender ese “elemento común y homogeneizador, esencial y eterno”, llamado Ser Nacional. El que anidó una peligrosa serpiente, a saber, “la voluntad de encontrar una matriz cultural”.
De todo eso reniega nuestro publicitado historiador; sin reparar que la idea del autoconocimiento, es decir la voluntad de indagar sobre lo que fuimos, sobre nuestro Ser, es uno de los móviles del conocimiento histórico.
¿O es que le disgusta nuestra identidad nacional, y se siente un “cosmopolita”? La respuesta es evidente.
Por eso también se molesta cuando el nacionalismo se arroga –según sus palabras-, “el poder de definir la Nación sagrada, y consecuentemente el poder de condenar a los otros, a quienes califica de antipatriotas o, peor aún, apátridas”
Sin embargo, aquí se vuelve a equivocar; no es que el nacionalismo se atribuya el poder de definir la Nación; es la historia la que define nuestro Ser Nacional. Al nacionalismo en ese sentido solo le interesa la verdad histórica, ya que ella nos enseña el vero rostro de la Patria, y por que, como dice Antonio Caponnetto, la Patria es su historia verdadera.
El problema para Luís Alberto Romero es que ante la verdadera historia, y ante la presencia de nuestro Ser Nacional, este queda al descubierto, queda en evidencia como lo que es: un intelectual funcional a los poderes que nos dominan, es decir un cipayo.
            Es por ello que, al igual que todos los que se arrogaron el poder de definir que es la Civilización, y que lo mejor para el país; esos mismos que jamás se ahorraron calificativos para injuriar a los héroes de la nacionalidad; se siente ofendido por que el nacionalismo llama a las cosas por su nombre, a la traición, traición; y a los traidores, traidores.
            Entonces no sorprende que insista en su cruzada instando a los argentinos a “tomar distancia de todo lo que hoy evoca a este nacionalismo”, “irrecuperable” y “manchado” por “el chauvinismo, el integrismo, el militarismo y el populismo”.
            Y no asombra que invite a reemplazar al nacionalismo por el patriotismo, que es “una palabra más adecuada para una nación democrática y plural”, como la que él y otros quieren construir.
            Todo es perfectamente lógico teniendo en cuenta lo que Walter Beveraggi Allende advertía en su libro “El dogma nacionalista” cuando enseñaba que: “el patriotismo, por acendrado que sea, a lo sumo supone la autodefensa de la Patria, frente a una agresión palpable, en tanto no esta ni en condiciones de percibir otras formas sutiles de agresión y de dominación… Por esta misma razón, los imperialistas de todo tipo no se han molestado en combatir el patriotismo dentro de los países a quienes pretenden subyugar… por que dicho sentimiento no molesta para nada los designios y los medios solapados del imperialismo. Por el contrario, el nacionalismo es objeto del mas continuo e implacable ataque por parte de los imperialistas de toda índole…”
Esta a la vista entonces a que molinos lleva agua la predica del señor Romero.

EDGARDO ATILIO MORENO
Pdo. Fuerza Patriótica (Santiago del Estero)

sábado, 3 de marzo de 2012

CONTRADICCION DEL CONCEPTO

Por Carlos Eduardo de Brito Sánchez



Sucedió hace más de veinte años, pero no puedo olvidarlo. En ese hermoso día volvían a la patria los restos de don Juan Manuel de Rosas, el Restaurador de las Leyes. El prohombre que diseñó nuestros principios de orden y de progreso, que marcó el comienzo de la unión nacional y el alma del ser argentino. El prócer cuya figura ha moldeado a generaciones de hombres de bien, y cuyo gobierno fue el más importante de la Argentina constitutiva. El héroe que supo pelear una segunda independencia en la Vuelta de Obligado al ordenar la carga gloriosa del General Lucio Mansilla frente a las fuerzas navales más poderosas de la tierra. El adalid que le mostró al mundo, con esa batalla, cuál era el temple del espíritu argentino, forjado en valentía e hidalguía y siempre dispuesto a enfrentar al enemigo en cualquier circunstancia.
Pensando en todo eso, en aquel día tan especial decidí llevar en mi pecho, junto con la escarapela, la divisa punzó, símbolo de toda aquella lucha y toda aquella gloria. La divisa punzó. El emblema que unió a la nación y a las provincias, como la bandera negra con la cruz en su centro, que enarbolaba el General Quiroga. Símbolos que evocan a los blasones y pendones de los ejércitos cristianos en la Edad Media, liberando Tierra Santa de los infieles, o a las gloriosas águilas romanas que iban al frente de las legiones victoriosas del César. Sí, señores: los símbolos representan aquellos conceptos arquetípicos que nos dan identidad, que nos identifican y que nos recuerdan de qué lado estamos. Tanto es así, que lucir con honor una escarapela o una radiante divisa de rojo encendido era en la década del ‘70 casi una sentencia de muerte o una garantía de enfrentamiento con el enemigo marxista o con nuestro archienemigo demoliberal, masónico y anticatólico; yo mismo debí defender esos símbolos en las calles y plazas porteñas, frente a las hordas hostiles.
Y bien, en aquel día del regreso del Brigadier General, temblaba de orgullo. Debía encontrarme con unos camaradas para ir a la Vuelta de Obligado: por allí pasaría el féretro del héroe, y queríamos rendirle los honores correspondientes a semejante luchador por la dignidad nacional. Totalmente decidido a brindar este homenaje, comencé mi viaje. El punto de encuentro con mis compañeros era el Retiro, lugar emblemático de nuestra vieja Buenos Aires. Iba confiado en mis ideales, en mis conceptos, en mi historia y en mis luchas. Comenzaba un día de celebración, un día triunfal.
Subí al colectivo para dirigirme a dicho encuentro previo. Había pocos pasajeros, eran las 08:30 de la mañana de un día feriado. Ocupé un asiento en la mitad del transporte, y me di a meditar sobre aquellas pasadas glorias de un siglo y medio atrás. Entonces, una chica de no más de veinte años interrumpió mis pensamientos.
—Perdoname —me dijo, señalando la divisa punzó—, ¿hoy es el día de conmemoración de la lucha contra el sida?
Solamente atiné a cerrar los ojos. Recordé a los caídos en todas las gestas nacionales, recé por mi patria cautiva… y con infinita paciencia y comprensión continúe con mis pensamientos.
La pérdida de los símbolos, o la transfiguración y vaciamiento de los mismos, tienen que ver con la pérdida de los valores, de los conceptos y de la Verdad. Si queremos recuperar a la patria, es necesario que primero los recuperemos a ellos.

jueves, 12 de enero de 2012

PACHO EL TRUCHO Y SU BANDA NAC & POP

Pacho y los muchachos
El pseudo revisionismo zurdo-mitrista
 
El decreto del gobierno, por el cual se creó el denominado Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, fue motivo de una sosa polémica en torno a los objetivos supuestamente revisionistas que tendría dicho organismo estatal.
         Como era de esperar, desde los ámbitos académicos dominados por los cultores de la llamada Historia Social, se reaccionó en contra de la medida. Y aunque sus expresiones en general tuvieron el tono soberbio que  los caracteriza, su vehemencia fue bastante controlada. Seguramente por el temor a que una excesiva diatriba los coloque en el incomodo lugar de opositores al gobierno.
 Según estos historiadores, el Estado, al impulsar la formación de un instituto integrado por escritores mediocres o meros divulgadores sin formación académica, menosprecia y descalifica el trabajo de los investigadores y científicos acreditados.
En ese sentido, Luís Alberto Romero refiriéndose a los miembros del Instituto de marras, afirmó que ninguno de ellos es reconocido, o simplemente conocido, en el ámbito de los historiadores profesionales. De los 33 académicos designados, hay algunos conocidos en el terreno del periodismo, la docencia o la función pública. Dos de entre ellos, Pacho O'Donnell y Felipe Pigna, son escritores famosos. En mi opinión, entre ellos hay muchos narradores de mitos y epopeyas, pero ningún historiador. Nada comparable con los fundadores del revisionismo”.
Llama la atención la última frase de Romero, quien además reconoce que en el revisionismo  “militaron historiadores y pensadores de fuste”, y cita entre ellos a Julio Irazusta, Ernesto Palacio y José Maria Rosa; este desliz –viniendo de quien viene- es un justo reconocimiento al revisionismo fundacional. Aunque a renglón seguido les señala el defecto de adherir “a la idea de la conspiración”, es decir a la creencia de que “los vencedores han mantenido oculta una historia verdadera”. Como si no fuera esto estrictamente cierto; y como si no fuera esta la razón por la cual recién ahora un mínimo y fugaz comentario laudatorio se desliza sobre ellos; al tiempo que se descalifica arteramente su enfoque hermenéutico.
En fin, volviendo a las objeciones que plantean estos profesionales de la historia; la otra cuestión que los tiene preocupados es la posibilidad de que el gobierno trate de imponer una historia oficial que no es la de ellos. En ese sentido Beatriz Sarlo denunció que estamos ante “una operación montada desde la Casa Rosada con el objeto de instaurar un pensamiento único del pasado”.
En realidad resulta inaudito que los liberales se rasguen las vestiduras por este asunto, ya que fueron ellos quienes impusieron la versión dogmática de nuestro pretérito que pergeñó Mitre y compañía; y a la cual los actuales académicos profesionales le siguen rindiendo tributo adornándola con aportes que en nada la modifican.
De todos modos, en vano se están preocupando. Sus puestos están asegurados y nada sustancial del relato oficial de nuestra historia se verá afectado.
En efecto, el peligroso “revisionismo” del Instituto Manuel Dorrego no lo es tal, es una mera impostura.
Quienes integran dicho organismo solo son un rejuntado de liberales, indigenistas, guevaristas, y neomarxistas, unidos todos por su común militancia Kirchnerista. Por lo que nada que salga de ahí tendrá relación alguna con el verdadero revisionismo.
Cualquier aficionado a la historia sabe que el Revisionismo histórico es una corriente historiográfica que se propone develar la verdad de nuestro pasado, interpretando los hechos a la luz de los intereses nacionales; y que obviamente en ese afán los revisionistas –mas allá de sus matices- confrontaron, y confrontan, con la historia oficial que impusieron los vencedores de Caseros a los efectos de justificar su traición y de legitimar un modelo de país subordinado a los intereses foráneos.
Pues bien, desde el Dorrego nada que se le parezca sucederá.
En efecto, su mismo presidente, el ex alfonsinista y ex menemista Pacho O´Donnell, se encargó de declarar en el diario La Nación que la historia oficial no será cuestionada. Sin preocuparse en ningún momento por el principio de no contradicción afirmó: “yo soy un revisionista que nunca ha hecho antimitrismo”. Y para que a los descendientes de Mitre -propietarios de dicho diario-, no les queden dudas calificó a este nefasto personaje como “maravilloso”.
En el mismo sentido que O´Donnell se pronunció Faustino Schiavoni, otro integrante de este Instituto supuestamente revisionista, quien dijo que “No se trata de demonizar a Sarmiento, por ejemplo, porque hay que contextualizar las cosas en su tiempo”. Por otro lado, en un arresto de sinceridad opinó que más que de revisionismo él prefiere hablar de una historia “nacional y popular”.
Bueno, por ahí nos vamos entendiendo mejor. Se va aclarando para que ha sido fundado este Instituto.
No hay dudas que esta iniciativa, lejos de impugnar a la historia liberal y a la historia social, lo que buscará es conciliar con ellas dándole un matiz K.
De modo entonces que la mayoría de los argentinos seguirán sin conocer la verdad integra sobre nuestro pasado, y sobretodo victimas de hermenéuticas falaces que en nada aportan a la comprensión de nuestro origen, a la formación de una conciencia nacional, y al discernimiento del destino común. Es decir presos de una historia que no sirve para nada que no sea funcional a los intereses antinacionales.
                                        
                              Edgardo Atilio Moreno

martes, 20 de diciembre de 2011

DECÁLOGO DEL POLÍTICAMENTE CORRECTO

 Por: Juan Pablo Vitali

Toda guerra es antes que nada una guerra semántica, porque quien domina los significados domina el pensamiento y la acción. La sana ironía y el sentido del humor, siempre ayudan a resistir y a comprender.
El decálogo que sigue, escrito hace tiempo y olvidado, lo recupero a raíz de la nota del amigo Fernando Castiñeira, y de los atinados comentarios que realizaron los lectores de Tibuna de Europa
- Nuestros militantes son forajidos aunque vayan con la cabeza descubierta, los de ellos son idealistas aún con la cara tapada.
- Si hay un homosexual en nuestras filas (siempre hay alguno en todos lados después de todo) es considerado un puto resentido, los de ellos son todos militantes por los derechos gay.
- Nuestras putas son sado masoquistas de derechas, las de ellos son trabajadoras sexuales discriminadas.
- Nuestros borrachos lo son para olvidar que se auto reprimen constantemente con motivo de su ideología nazi fascista, los de ellos son gente de avanzada haciendo una experiencia sensorial de apertura psicológica mediante el uso del alcohol.
- Nuestros drogadictos son enfermos practicantes del aberrante esoterismo ultraderechista, los de ellos están abriendo su conciencia superior hacia el progreso de la humanidad.
- Nuestros europeos son la raza opresora de los pueblos, los de ellos son progresistas en estado de permanente penitencia y expiación.
- Los inmigrantes de origen europeo son gente a la búsqueda de riquezas que les quitarán a los pueblos oprimidos, los de ellos son excluidos del sistema en búsqueda de una oportunidad.
- Nuestra justicia social es para salvar al capitalismo del avance de la izquierda, la de ellos se posterga hasta que el proletariado tome los medios de producción, mientras tanto ellos disfrutan del poder.
- Nuestras canciones son sensiblería pequeño burguesa, las de ellos son la expresión del pueblo en permanente lucha por la democracia y los derechos humanos.
- Nuestro arte es producto del reaccionarismo espiritual, el de ellos el tránsito hacia una sociedad sin clases o hacia la perfección de los mercados.
- Nuestros libros son una incitación a la violencia y una falsedad histórica, los de ellos son la verdad científica.
- Nuestros cristianos son el ala más peligrosa e inquisitorial de la iglesia, los de ellos representantes del socialismo hippie original de las comunidades cristianas de base.
- Nuestros islámicos son peligrosos terroristas, los de ellos son importantes empresarios que jamás harán chocar el Islam con los negocios ni con los intereses de Occidente.
- Nuestros paganos son nostálgicos de la peor cara de Europa, ellos no tienen amigos paganos.
- Nuestros promiscuos son unos promiscuos, los de ellos son partidarios del amor libre y de la libertad sexual.
- Nuestros ateos son producto de las desviaciones del nihilismo derechista, los de ellos son la avanzada por el predominio de la racionalidad.
- Nuestros historiadores son el freno hacia la correcta interpretación de la historia, los de ellos son el camino hacia el reconocimiento del progreso de la humanidad.
- Nuestros políticos son reaccionarios, nazi fascistas o trasnochados, los de ellos son democráticos, progresistas y transparentes.
- Nuestros filósofos son oscurantistas, los de ellos son, por supuesto: progresistas.
- Nuestra alegría es la ebriedad de un orden de cuartel, la de ellos es la euforia por el progreso del mundo.
- Nuestros ecologistas son bio fascistas, los de ellos son amantes de la naturaleza.
- Nuestros héroes son asesinos ajusticiados, los de ellos son inocentes asesinados.
- Nuestros escritores son farsantes manipuladores, los de ellos son ideólogos, poetas o pensadores.
- Nuestros discursos son palabrerío, los de ellos un llamado a la verdad.
- Nuestra propaganda es la baja apelación a la mentira, la de ellos permanente esclarecimiento.
- Nuestra alegría es perversa, la de ellos transparente.
- Nuestros psicólogos son magos irracionales, los de ellos son liberadores de conciencias.
Si usted tiene una televisión en la cabeza, puede creerles a ellos, si por el contrario usted todavía cree en el sentido común y en la libertad de pensamiento, considere cada situación según su propio criterio.
http://www.tribunadeeuropa.com/

viernes, 16 de diciembre de 2011

GENESIS DE LO POLITICAMENTE CORRECTO

Escuela de Frankfurt: el riñón de lo políticamente correcto

 Este articulo resume en forma bastante clara, lo que es la cultura progresista o cultura de la globalidad, de donde viene, quienes se han empeñado en su difusión y como sirve en ultima instancia al capitalismo con un disfraz seudocontestatario

 «Políticamente Correcto » es el eufemismo tras el cual se esconde la censura y la autocensura intelectual. La misma expresión surge en la América de los años 80, mientras que sus raices moralizantes y su lingüística se han de situar en la Nueva Inglaterra puritana del siglo XVII. Aunque no figura en el lenguaje jurídico de los paises occidentales, su alcance real en el mundo político y mediático actual es considerable. La expresión se considera sobretodo que quiere llevar un cierto respeto a algunos lugares comunes postmodernos como el multiculturalismo o la historiografía moderna, considerados como imperativos en la comunicación intelectual actual.
Se convierte en la norma general y global que va a conducirnos fatalmente a la guerra civil global. Pues, según este lenguaje victimista, no es muy posible declararse escéptico hacia el multiculturalismo sin caer en la trampa de la demonización antifascista. El discurso victimista antifascista es un hermoso juguete utilizado por los medios de comunicación para criminalizar a los disidentes y a los contestatarios del sistema liberal
Los medios de comunicación y los políticos occidentales fabricaban acontecimientos reales o ficticios concernientes a los intelectuales de derecha, añadiendo siempre el vocablo "extrema". Pues querían tornar hiperreales estos vocablos a los ojos de los ciudadanos. Todo debía suceder como si todo fuera verdadero en el moderno lenguaje utilizado por la clase política liberal. La primera conclusión que se puede extraer del lenguaje políticamente correcto es la siguiente: en lugar de disminuir el conflicto, lo aumenta; en lugar de crear un diálogo identitario, lo destruye; en lugar de respetar a los otros, los demoniza. El lenguaje liberal, a la manera del lenguaje soviético, es por esencia conflictivo. Suele recurrir a los sustantivos y adjetivos del mundo zoológico o del mundo médico; tales como "la bestia inmunda fascista" o "la paranoia fascista". Suscita siempre sentimientos primarios.

Comparados con Europa, los Estados Unidos, aunque siendo un país muy secularizado, siguen estando sin embargo muy marcados por los « grandes relatos » moralistas salidos de la Biblia ; ningún otro país sobre la tierra ha conocido semejante grado de hipermoralismo parabíblico, en el que Arnold Gehlen ve « una nueva religión humanitaria » (2). No obstante, tras la segunda guerra mundial, el lenguaje puritano sufrió una mutación profunda al contacto con el lenguaje marxista usado en Europa, vehiculado por los intelectuales de la Escuela de Francfort, o inspirados por ellos, refugiados en los Estados Unidos y más tarde instalados en las grandes escuelas y universidades occidentales. Son aquellos que tras la guerra comenzaron a actuar en los medios de comunicación y en la educación en Europa, y que jugaron un papel decisivo en el establecimiento del "pensamiento único" moderno. Es pues de la conjunción entre el hipermoralismo americano y las ideas freudo- marxistas nacidas en ese medio como surgió el fenómeno actual de lo políticamente correcto.

Se sabe que los Estados-Unidos nunca han tenido como única razón la conquista militar, sino el deseo de traer a los malpensantes, ya fueran indios, nazis, comunistas, y hoy islamistas, el feliz mensaje del democratismo al modo americano, incluso con el acompañamiento del bombardeo masivo de las poblaciones civiles. Este objetivo se cumplió enormemente hacia el final de la segunda guerra mundial, cuando América, como principal gran potencia, se instala en su papel de reeducadora de la vieja Europa. Y en los años ulteriores, el léxico americano, en su versión soft y liberal-puritana, jugará incluso un papel mucho mayor por parte de los medios occidentales que por la verborrea utilizada por los comunistas europeos del este y sus simpatizantes. Hoy la herencia americano-calvinista ha perdido su contenido teológico en el discurso moderno; se ha transformado en un moralismo inquisitorial que pregona el evangelio liberal de los derechos del hombre y el multiculturalismo universal.

Entre los pedagogos encargados del lavado de los cerebros de los europeos tras la segunda guerra mundial figuraban los intelectuales americanos salidos de los medios puritanos e impregnados de un espíritu predicador. Pero también había elementos de tendencia marxista cuyas actividades se inscribían en la estela de la Escuela de Francfort. Para unos y otros, curar a los europeos del mal fascista fue la meta principal3. Todos se creían elegidos, ya sea por la providencia divina, ya sea por el determinismo histórico marxista, para traer la buena nueva democrática a una Europa considerada como una región semi-salvaje parecida al wilderness del oeste americano del pasado. El papel más importante fue sin embargo jugado por la Escuela de Francfort, cuyos dos jefes de fila, Theodor Adorno y Max Horkheimer, ya habían lanzado las bases de una nueva noción de lo políticamente correcto. En una obra importante que dirigió (4), Adorno daba la tipología de los diferentes caracteres autoritarios, e introdujo los nuevos conceptos del lenguaje político. Acometía sobretodo contra los falsos demócratas y « seudo-conservadores » y denunciaba su tendencia a esconder su antisemitismo detrás de palabras democráticas (5). En las décadas que seguirán, el mero hecho de expresar un cierto escepticismo hacia la democracia parlamentaria podrá ser identificado como neonazismo y hacer perder así el derecho a la libertad de expresión.

Cuando el gobierno militar americano puso en marcha el proceso de desnazificación (7), empleó un método policial de ese géner

Es pues en esas condiciones como los procedimientos del engineering social y el aprendizaje de la autocensura se convirtieron poco a poco en la norma general dentro de la intelligentsia europea. Aunque el fascismo, en los inicios del tercer milenio, ya no representa ninguna amenaza para las democracias occidentales, cualquier examen crítico, por muy modesto que sea, de la vulgata igualitaria, del multiculturalismo y de la historiografía dominante puede ser señalado como « fascista » o « xenófobo ». Más que nunca, la demonización del adversario intelectual, es la práctica corriente del mundo de las letras y los medios de comunicación.

Alemania fue ciertamente un caso aparte. Los alemanes deben comportarse como niños auto-flagelantes siempre a la escucha de sus maestros del otro lado del Atlántico. Día tras día Alemania le ha de probar al mundo entero que cumple con su tarea democrática mejor que su padre fustigador americano. Cumple con su papel de ser el discípulo servil del amo, ya que la « transformación del espíritu alemán (fue) la tarea principal del régimen militar » (10). Este es el porqué, si se quiere estudiar la genealogía de lo políticamente correcto tal como lo conocemos, no hay que esquivar el estudio del caso de la Alemania traumatizada. Y es precisamente por esto, en base a su pasado que no pasa, que Alemania aplica rigurosamente sus leyes contra los intelectuales malpensantes. Además, Alemania le exige a sus funcionarios, en conformidad con el artículo 33, párrafo 5 de su Ley fundamental, obediencia a la constitución, y no lealtad al pueblo del que forman parte (11). En cuanto a los servicios de defensa de la Constitución (Verfassungschutz), cuya tarea es la vigilancia del respeto a la Ley fundamental, incluyen en su misión velar por la pureza del lenguaje políticamente correcto : « Las agencias para la protección de la constitución son en el fondo servicios secretos internos cuyo número se eleva a diecisiete (uno al nivel de la federación y otros dieciséis para cada Land federal constitutivo) y que están cualificados para detectar al enemigo interior del Estado » (12). Puesto que todas las formas de vinculación a la nación están mal vistas en Alemania por su caracter juzgado como potencialmente no-democrático y "neonazi", el único patriotismo permitido a los Alemanes es el del « patriotismo constitucional ».

La nueva religión de lo políticamente correcto poco a poco ha llegado a ser obligatoria en toda la Unión Europea. Ella sobreentiende la creencia en el Estado de derecho y en la « sociedad abierta ». Bajo esta cobertura de tolerancia y de respeto de la sociedad civil, podríamos imaginar que algún día un individuo sea declarado herético por el hecho, por ejemplo, de expresar dudas sobre la democracia parlamentaria o haber frecuentado también los medios de la "extrema derecha". Además, debido a los flujos de masas de inmigrantes no europeos, la ley constitucional está igualmente sujeta a cambios semánticos. El constitucionalismo alemán ha llegado a ser « una religión civil » en la cual « el multiculturalismo está reemplazando al pueblo alemán por el país imaginario de la Ley fundamental » (13). Alemania, por medio de esta nueva religión cívica, y al modo de los otros países europeos, se ha transformado en una teocracia secular.

La reciente promulgación de la nueva legislación europea instituyendo un « crimen de odio » está llamada de este modo a sustituir las legislaciones nacionales para devenir automáticamente la ley única de todos los Estados de la Unión Europea. Retrospectivamente, esta ley supranacional es muy parecida al Código criminal de la difunta Unión soviética o al de la ex-Yugoslavia comunista. Así, el Código criminal yugoslavo de 1974 comportaba una disposición, en su artículo 133, en lo concerniente a « la propaganda hostil ». Expresada en la típica verborrea, semejante abstracción semántica podía aplicarse a cualquier disidente – ya se hubiera librado a actos de violencia física contra el Estado comunista o simplemente hubiese bromeado contra el sistema. De acuerdo con el mismo código, un ciudadano croata, por ejemplo, declarandose como tal públicamente en vez de definirse "yugoslavo" podía verse inculpado de « incitación al odio interétnico », o como « sujeto con intenciones fascistas y ustachas », algo penado con cuatro años de prisión (14). Habrá que esperar hasta 1990 para que esta ley sea abolida en Croacia. Ahora, anticipando su entrada en la Unión Europea, Croacia está practicando la nueva censura mediática que no difiere mucho de la de los años yugo-comunistas.

En el momento actual el Reino Unido testimonia el grado más elevado de libertad de expresión en Europa; Alemania el más bajo. De este modo, independientemente de la ausencia de censura legal en la Gran Bretaña, ya existe un cierto grado de autocensura. Desde 1994, Alemania, Canadá y Australia han reforzado su legislación contra los malpensantes. En Alemania, el extraño neologismo (Volksverheztung) : « incitación a los resentimientos populares », extraído del artículo 130 del Código penal, permite facilmente incriminar a cualquier intelectual o periodista que se aparte de la vulgata liberal. Visto el caracter general de estas disposiciones alemanas, resulta fácil meter a cualquier periodista o escritor en prisión. En cuanto a Francia, posee un arsenal legal análogo, principalmente desde la entrada en vigor de la ley Fabius-Gayssot, adoptada el 14 de julio de 1990 - sobre una proposición de un diputado comunista, pero reforzada a iniciativa del diputado de derecha Pierre Lellouche en diciembre de 2002. Esta situación se generaliza en la Unión Europea (15), en comparación de lo cual, paradójicamente, los países poscomunistas conocen todavía un grado de libertad de expresión mucho mayor, incluso ahora que por la creciente presión de Bruselas y de Washington esto está cambiando.

En la Europa comunista, la censura de la expresión tenía una gran ventaja. La represión intelectual era tan salvaje y tan vulgar que su violenta transparencia le daba a sus víctimas un aura de martires. La famosa verborrea usada por los comunistas yugoslavos desbordaba adjetivos odiosos hasta el punto de que cualquier ciudadano podía darse cuenta inmediatamente de la naturaleza mentirosa del comunismo. Sin embargo, después del final de la Guerra Fría, el liberalismo no tardó en mostrar su rostro igualmente inquisitorial. Nadie podría aprovecharse mejor de ello que los nuevos maestros del discurso. Escondiendo sus palabras demagógicas tras los vocablos de « democracia », « tolerancia » y « derechos humanos » logran neutralizar sin derramemiento de sangre a cualquier oponente serio.

El lenguaje mediático está igualmente sujeto a normas higiénicas impuestas por los nuevos príncipes de la virtud. El empleo de la castración en las estructuras verbales que se propaga a través de toda la Europa actual refleja los avatares puritanos secularizados antaño tan típicos de las autoridades militares americanas en la Alemania de la posguerra. Día tras día aparecen nuevos significantes que permiten a la clase dirigente, temiendo por sus sinecuras, esconder de este modo sus propios significados privados. ¿Alguna vez se habló tanto en América y en Europa de tolerancia, alguna vez se predicó tanto por la convivencia racial y el igualitarismo en todos los confines mientras que el sistema entero desborda con todo tipo de violencias soterradas y odios mútuos? La ideología antifascista continúa siendo un argumento de legitimidad para todo Occidente. Presupone que incluso si no existe un peligro fascista, su simulacro ha de ser mantenido y blandido frente a las masas.

Los intelectuales que se muestran críticos respecto a los mitos fundadores del mercado libre o de la historiografía oficial son automáticamente percibidos como enemigos del sistema. Y, al modo del comunismo, la verdad política en Occidente sufre el riesgo de verse antes establecida por el código penal que por la discusión académica. Además, a los ojos de los nuevos inquisidores, el intelectual herético ha de ser vigilado – y no solo en base a lo que dice o escribe, sino sobre la de las personas con las que se relaciona. La « culpabilidad por asociación » dificulta gravemente cualquier carrera, y suele arruinar la vida del diplomático o del político. Toda idea con el objetivo de examinar de una manera crítica las bases del igualitarismo, de la democracia y del multiculturalismo, se convierte en sospechosa. Incluso las formas más dulces de conservadurismo son gradualmente empujadas dentro de la categoría « del extremismo de derecha ». Y este calificativo es lo bastante fuerte como para cerrarle la boca incluso a los intelectuales que forman parte del sistema y que han participado ellos mismos en el pasado de la policía del pensamiento. « Existe una forma de political correctness típicamente europea que consiste en ver fascistas por todas parte » (16). El espectro de un escenario catastrófico debe acallar todas las voces divergentes. Si el « fascismo » es decretado legalmente como el mal absoluto, todas las aberraciones del liberalismo son automáticamente vistas como un mal menor. El sistema liberal moderno de procedencia americana está llamado a funcionar a perpetuidad, como un perpetuum mobile (17).

Occident en su totalidad, y paradójicamente la misma América, se han convertido en víctimas de su culpabilidad colectiva, que tiene como origen no tanto el terrorismo intelectual como la autocensura individual. Los antiguos sympatizantes comunistas y los intelectuales marxistas continuan ejerciendo la hegemonía cultural en las redes de fabricación de la opinión pública. Ciertamente, han abandonado lo esencial de la escolástica freudomarxista. Hoy es la religión del multiculturalismo y de la globalización lo que sirve como ersatz a sus ideas de antaño. La única diferencia con lo precedente es que el sistema liberal-americano es mucho más operativo puesto que no destruye el cuerpo, sino que capture el alma, y ello de una forma mucho más eficaz que el comunismo. Mientras que el ciudadano americano o europeo medio debe soportar cotidianamente un diluvio de slogans sobre el antirracismo y el multiculturalismo, que han adquirido proporciones quasi-religiosas en Europa, los antiguos intelectuales de tendencias filo-comunistas antaño entregados al maoísmo, al trotskismo, al titismo, permanecen mudos en cuanto a los genocidios comunistas.

América y Europa apenas se diferencian. Funcionan de una manera simbiótica y mimética, intentando enseñarle una a la otra lo que aquella no tarda en poner en funcionamiento en cuanto a la retórica y a la praxis políticamente correctas. Otra ironía de la historia : Cuanto más se alejan Europa y América cronológicamente de la época del fascismo y del nacionalsocialismo, su discurso público evoluciona cada vez más hacia una temática antifascista.

Contrariamente a la creencia general, lo políticamente correcto, en tanto que base ideológica de un terror de Estado, no es tan solo un arma en manos de un puñado de gangsters, como hemos visto en la ex-Unión Soviética. El miedo civil, la pereza intelectual crean un clima ideal para la pérdida de la libertad. Bajo la influencia conjugada del puritanismo americano y del multiculturalismo de tendencia marxista, lo políticamente correcto ha devenido una creencia universal. La apatía social creciente y la autocensura galopante no nos anuncian nuevos amaneceres.

Tomislav Sunic


Notas:

1. Es preciso constatar que los europeos del Este parecen haber aprendido bien a distinguir las trampas del homo sovieticus. Ver James Gregor, Metascience and Politics: An Inquiry into the Conceptual Language of Political Science (New Brunswick: Transaction Publishers, 2004), pp. 282- 292, donde se hallan descritas las "locuciones normativas" del lenguaje proto-totalitario.

2. Arnold Gehlen, Moral und Hypermoral (Vittorio Klostermann GmbH, Francfort 2004, p. 78).

3. Cf. Paul Gottfried, The Strange Death of Marxism, University of Missouri Press, Columbia-Londres, 2005, p. 108. Ver igualmente Frances Stonor Saunders, Qui mène la danse? La CIA et la guerre froide culturelle, Denoël 2003.

4. Theodor Adorno (with Else Frenkel-Brunswick, Daniel J. Levinson, R. N. Sanford), The Authoritarian Personality (Harper and Brothers, New York 1950, pp. 780-820).

5. El lenguaje deconstructivista promovido por la Escuela de Francfort ha sido recientemente criticado por Kevin McDonald, quien observa en los análisis de Adorno una difamación de la cultura europea, con todo el «etnocentrismo europeo siendo interpretado como un signo de patología ». Kevin MacDonald, The Culture of Critique: An Evolutionary Analysis of Jewish Involvement in Twentieth Century Intellectual and Political Movement (Praeger Publications, Westport CT, 1998, repris par Authorhouse, Bloomington 2002, p. 193).

6. Caspar Schrenck-Notzing, Characterwäsche (Seewald Verlag, Stuttgart 1965, p. 120).

7. La desnazificación (Entnazifizierung) fue expresamente decidida desde la conferencia de Yalta (febrero de 1945). Fue conducida según un criterio de clase en la zona soviética, rapidamente confiada al cuidado de jueces alemanes en las zonas francesa y británica, pero directamente ejercida por agentes americanos en la zona que se hallaba bajo su responsabilidad, de una manera tan agobiante que acabó agotándose por sí misma.

8. Manfred Heinemann, Ulrich Schneider, Hochschuloffiziere und Wiederaufbau des Hochschulwesens in Westdeutschland,1945 – 1952 (Bildung und Wissenschaft, Bonn 1990), pp. 2-3 and passim. Ver Die Entnazifizierung in Baden 1945-1949 (W. Kohlhammer Verlag, Stuttgart 1991) en lo que concierne a las depuraciones de los docentes alemanes por las autoridades francesas en la región alemana de Baden. Entre el 35 % y el 50 % de los enseñantes en la parte de la Alemania controlada por los americanos fueron despedidos. El porcentaje de los docentes depurados por las autoridades francesas se elevaba hasta el 12-15 %. Ver Hermann–Josef Rupieper, Die Wurzeln der westdeutschen Nachkriegesdemokratie (Westdeutscher Verlag, 1992), p. 137.

9. El novelista y antiguo militante nacionalrevolucionario Ernst von Salomon describe esto en su relato satírico Der Fragebogen, y muestra como los « nuevos pedagogos » americanos les arrancaban a veces confesiones a sus prisioneros antes de depurarlos o incluso expedirlos al patíbulo.

10. Caspar Schrenck-Notzing, op. cit., p 140.

11. Cf. Josef Schüsslburner, Demokratie-Sonderweg Bundesrepublik, Lindenblatt Media Verlag, Künzell, 2004, p. 631.

12. Ibid., p. 233.

13. Ibid., p. 591.

14. Tomislav Sunic, Titoism and Dissidence, Peter Lang, Francfort, New York, 1995.

15. Así, en base a una proposición inicial del consejero especial del gobierno británico Omar Faruk, la Unión Europea se ha aprestado ha editar un léxico políticamente correcto destinado a los dirigentes oficiales europeos, que implica la distinción cuidadosa entre islam e islamismo, y no hablar nunca, por ejemplo, de «terrorismo islámico»
(fuente: www.islamonline.net/English/News/2006-04/11/article02.shtml).

16. Alain Finkielkraut, « Resistir al discurso de la denuncia » en Journal du Sida, abril de 1995. Ver « What sort of Frenchmen are they? », entrevista con Alain Finkielkraut en Haaretz, el 18 de noviembre de 2005. A. Finkielkraut fue interpelado después de esta charla por el MRAP, el 24 de noviembre, por sus palabras pretendidamente anti-árabes. El día 25, en Le Monde, presentó sus excusas por las palabras en cuestión.

17. Alain de Benoist, Schöne vernetzte Welt, «Die Methoden der Neuen Inquisition» (Hohenrain Verlag, Tübingen 2001, pp. 190-205).
http://elfrentenegro.blogspot.com/

martes, 6 de diciembre de 2011

NIGERIA PAIS SOBERANO

Quiere la inconstitucionalidad de la nueva Ley
El Senado nigeriano endurece la legislación existente contra los homosexuales. Aprobó un proyecto de ley que penaliza con sentencias de hasta 14 años de prisión el matrimonio entre gays y lesbianas y criminaliza las manifestaciones amorosas en público entre personas del mismo sexo o los grupos defensores de los derechos homosexuales.

Hasta la fecha, el matrimonio homosexual estaba penado con 5 años de prisión, con lo que esta norma, de ser aprobada por el Parlamento y por el presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, incrementaría en 9 años la sentencia máxima.

La norma también contempla que los testigos del enlace, o todo aquel que asista a la pareja, podría ser sentenciada a 10 años de cárcel, lo mismo que para los dueños de clubs gay, militantes de derechos homosexuales o las parejas que se besen en público.

La población de Nigeria, aproximadamente la mitad de la cual es cristiana y la otra mitad musulmana, es profundamente religiosa, y percibe el matrimonio entre homosexuales como un pecado. En el norte musulmán del país, los homosexuales pueden ser condenados a la lapidación.

Recientemente, el primer ministro británico, David Cameron, amenazó con retirar ayuda humanitaria a aquellos países que no respeten los derechos de los gays y lesbianas, aunque hasta el momento ninguna nación africana parece haber reaccionado positivamente a la exigencia.

"Nuestros valores son nuestros valores", le contestó el martes el presidente del senado nigeriano, David Mark, durante el debate. "Si un país no quiere darnos ayuda porque preservamos nuestros valores, este país puede guardarse su ayuda", agregó.

Más de treinta países en África cuentan con leyes que penalizan la homosexualidad, castigada con la cárcel en muchos de ellos.
http://lalacebronguzman.blogspot.com/

viernes, 25 de noviembre de 2011

LA CAJITA FELIZ

 Ricardo Martin Bustamante

La sociedad burguesa es economicista, pero lo mas característico de su economía es el mercantilismo o “comercialismo”, un sistema de relaciones humanas que involucra toda la sociedad y culmina en la subordinación de la economía productiva a la finanzas, es decir, a la usura.
Esto vale ser resaltado por que aún existe  un discurso marxista atrasado y  funcional al poder usurero  Ese discurso difunde dogmáticamente que las finanzas están subordinadas a la producción de bienes y servicios o sea a lo que ellos llaman “burguesía” dueña de los medios de producción,
Enseñan (en nuestras universidades publicas especialmente) que la financiera es una función auxiliar de esa burguesía dueña de los medios de producción Ellos no advierten (ni han estudiado condicionados como están por el “librito marxista” de un siglo atrás) la autonomía actual que el fenómeno financiero encarna  globalmente y el nivel de control que toma dentro de las estructuras económicas primero, para pasar al control político y de la cultura posteriormente. No advierten justamente lo más perverso que es la sociedad sodomizada por aquellos que deberían ser en el mejor de los casos, solo auxiliares de la producción. Los que han extendido ese mercantilismo al mismo dinero de manera que se transforme en mercadería escasa que justamente ellos, al mismo tiempo, crean de la nada, la magia financiera en acción

Sólo después que el capitalismo financiero subyuga la economía en su totalidad, puede llegar esta economía degradada a controlar usurpándolas las funciones políticas y culturales de la comunidad en su conjunto, marcando las pautas mercantilistas como criterios últimos e indiscutibles de conducta y de verdad.
La comunidad se convierte así a la postre en mero sustrato humano de la society, es decir, de una maraña contractual interconectada formada por socios que acumulan riqueza. Para  eso el discurso oficial burgués ha creado un nuevo sentido común, este, llama al burgués  “una persona normal “.  No otro será el sentido de la existencia humana, que convierte en “locos” a quienes no estén de acuerdo con el ideal de obtener dinero por amor al mismo dinero y por el disfrute  que ello produce. Obtenerlo por lo general de la manera que sea, sin desechar método alguno por inmoral que fuere. Sería eso el eterno camino de la búsqueda de la felicidad según el ideal hedonista del liberalismo que incluso se explicita en una de las piezas basales del constitucionalismo moderno, suerte de fetiche del burgués tipo, la declaración de la independencia norteamericana.(1)

La comunidad subsistirá tal como se la conoce , pero sometida al sistema de relaciones sociales capitalista, que en definitiva  la consume poco a poco; el capital necesita, por ejemplo, familias con hijos para que trabajen e incluso valores “patrios” a fin de disponer de soldados enfervorizados que  combatan en guerras con fines crematísticos -por poner un ejemplo: la guerra de Iraq para controlar las reservas petrolíferas de Oriente Medio y los medios económicos que ellas producen- o necesita o requiere de facilidades para disfrutar del dinero y los placeres que produce el mismo. Para vivir esa felicidad a veces la familia con hijos comienza a molestar y se comienza a elaborar discursos justificatorios para reducir su cantidad: se impone el control artificial de la natalidad o la permisividad abortiva: la comunidad  tradicional entonces  será instrumentalizada, doblegada, engañada y reducida a su mínima expresión.
El liberalismo monopolista oligárquico la habrá herido mortalmente en sus índices de natalidad. De suerte que paradójicamente la sociedad burguesa misma, que no puede existir sin sustentarse en un fundamento comunitario, siembra el veneno de su propia extinción demográfica.(2)
Debe así, al fin, como es el caso de los países centrales, importar inmigrantes (o dejar que entren) de otras comunidades menos aburguesadas para sustituir la mano de obra extinta que el capitalismo necesita y que una decadente  multitud de consumistas ayunos de valores éticos ya sólo de forma muy deficitaria puede  y en ciertos y no pocos casos quieren proporcionar. Vaya esto de la natalidad como mero ejemplo bastante difundido hoy en día

Resulta interesante analizar este tema del hedonismo y la búsqueda de felicidad entendida como placer y disfrute meramente material sensualista y egoísta de placeres que nos transmite la cultura burguesa y el complejo entramado de relaciones económicas que posibilitan su existencia, con su discurso cultural hegemónico representado por el progresismo, el marxismo cultural, especialmente el de Marcuse que es el substrato del marginalismo dominante en cultura.
Así como el capitalismo da los elementos materiales al burgués para encontrar esa felicidad, el discurso progresista la fundamenta y justifica. Para Marcuse liberar el Eros es fundamental. La actividad placentera es lo fundamental en la vida del hombre, es justamente la felicidad. El hombre marcusiano es aquel que goza y si no goza esta reprimido por diversas estructuras (la moral tradicional, la Iglesia, el Estado etc.).(3)
La felicidad será entonces disfrutar del placer y plantear la socialización del mismo a todos los estratos integrando a la normalidad a las mas claras expresiones de la anormalidad o de la marginación así se une a la formulación del nuevo sentido común divorciado de toda ética y de toda moral que no sea la del placer El reino de la “Cajita Feliz” que ya hemos mencionado con anterioridad
Hay una enfermedad crónica, incurable y terminal de la sociedad burguesa, a saber,  es la contradicción axiológica entre la “sociedad de producción”, regida por el valor trabajo y, por ende, por el imperativo de la verdad racional que hace posible la eficacia y la eficiencia laborales (el sacrificio), y la “sociedad de consumo”, basada en la “felicidad”, léase: en la subordinación de cualquier principio racional a los intereses hedonistas, a los deseos, a las “esperanzas de mayores medios para lograr el mayor disfrute”, a las pulsiones del individuo liberado de todo deber moral o político intrínseco (el placer).
Para el freudomarxismo progresista que ya hemos citado es la lucha de Eros contra Thanatos. De  manera tal  que la construcción ideológica propia de éste resulta tan aplicable  a los marginales (maricones, prostitutas, drogadictos, delincuentes, aborteros) que tratan de ganar la normalidad como para los burgueses que aceptan el hedonismo como nueva formulación del sentido común una forma más del Eros liberado y la irrupción en lo normal de la codicia y la avaricia como otra forma de liberar ese Eros.
”.
, De hecho la inclusión de los sujetos revolucionarios marcusianos (marginales) a la sociedad burguesa es ampliamente aceptada y promovida por ella misma, así como son aceptadas sus mas recientes formulaciones teóricas como lo es la temática de genero fogoneada por los círculos y aparatos de legalización de las novedades culturales y políticas, como las ONGs y los organismos internacionales, por lo general financiados copiosamente por los mas encumbrados personajes de la “cajita feliz” capitalista, como podrían ser Soros Rokefeller, Buffet o Gates, cuando no directamente por los países centrales

Así quien no acepta la ortodoxia actual, el nuevo sentido comun o sea la acumulación de dinero por el dinero mismo y por el placer que proporciona, será un “loco”, quien no acepta los criterios de la cultura hegemónica que justifica teóricamente  la degradación del Sistema de Dominación demoprogreplutocratico será un “fascista” y por consiguiente sujeto a las represiones que ideen los “no represivos”.

NOTAS
(1)" Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad..."
Vease tambien "Capitalismo y felicidad" http://www.juandemariana.org/comentario/791/capitalismo/felicidad/
(2) Jaume Ferrerons. www.nacionalrevolucionario.blogspot.com
(3) Es la temática permanente de Marcuse en su celebre libro "Eros y Civilización"

lunes, 14 de noviembre de 2011

PARA LEER EN EL RETRETE



La represión no ha desaparecido, sino más bien cambió de forma. Ahora se libera la sexualidad en modos y formas que reducen y debilitan la energía erótica.

Es preciso despertar y organizar la solidaridad en cuanto que necesidad biológica de mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación inhumanas. Ésta es la tarea. Comienza con la educación de la conciencia, el saber, la observación y el sentimienento que aprehende lo que sucede: el crimen contra la humanidad.

Herbert Marcuse

La fijación a los padres, en su doble aspecto de fijación sexual y de sumisión a la autoridad paterna, hace muy difícil, sino imposible, que los púberes accedan a la realidad sexual y social. El ideal conservador de muchacho pacato y de la muchacha irreprochable, momificados en el infantilismo hasta bien entrada su vida adulta, es diametralmente opuesto a la idea de una juventud libre e independiente.

La educación sexual familiar daña la sexualidad del individuo. Si una u otra persona logra desarrollar una vida sexual sana, es de ordinario a expensas de sus lazos familiares. La represión de las necesidades sexuales provoca una debilidad general en las facultades intelectuales y emocionales, sobre todo en lo que respecta a la independencia, a la fuerza de voluntad y a la capacidad crítica.

Wilhelm Reich

La Ética Humanista es antropocéntrica, el hombre es verdaderamente “la medida de todas las cosas”. La posición humanista es que nada hay que sea superior ni más digno que la existencia humana.

Vivir significa ser productivo, no emplear los propios poderes para ningún fin que trascienda del hombre, sino para uno mismo, para dar un sentido a la propia existencia, al ser humano. Mientras el individuo siga creyendo en su ideal y su objeto se encuentran fuera de él, arriba de las nubes, en el pasado o en el futuro, saldrá de si mismo y buscará el cumplimiento de su misión donde no lo podrá hallar. Buscará soluciones y respuestas por doquier, excepto allí donde éstas pueden ser halladas en sí mismo.

Erich Fromm
Blog La Diarrea Semanal http://ladiarreasemanal.blogspot.com/

lunes, 7 de noviembre de 2011

Marcelo y la autora del reportaje
Victoria entre las sombras:
una novela católica para nuestro tiempo

—entrevista a Marcelo di Marco—

Por María Laura Sánchez

Los cuentos de hadas dan al niño su primera idea clara de una posible victoria sobre el fantasma. El niño ha conocido íntimamente al dragón desde que supo imaginar. Lo que el cuento de hadas hace es proporcionarle un San Jorge capaz de matar al dragón.
G. K. Chesterton


Marcelo di Marco (1957) pertenece a ese puñado de escritores que en su vida y en su obra se atreven a refutar los dogmas políticamente correctos del Nuevo Orden Mundial. Poeta, ensayista y narrador de reconocida trayectoria, fue uno de aquellos “retrógrados, reaccionarios y fascistas” que en 2004 se opusieron públicamente a la blasfema exposición de León Ferrari, de triste recuerdo. En esa oportunidad escribió: «Como argentino, no puedo menos que sentirme gravemente ofendido por semejante muestra de odio anticristiano y antimariano (no se trata sólo de odio antieclesial) cometida en un lugar público con el beneplácito de casi la totalidad de los medios de comunicación y de los más preclaros intelectuales y artistas del país. No quiero pensar cómo habrían reaccionado dichos medios y dichos pensadores si los que hubiesen sido “cuestionados” por Ferrari en el Recoleta hubieran sido el judaísmo o el budismo o el protestantismo o cualquier otro sistema filosófico o religión». Varias de las obras de Di Marco están dedicadas a enseñar —con amor y humor— el arte de escribir. Ampliamente difundidas dentro y fuera de Argentina, son de aplicación constante en ámbitos privados y oficiales, y condensan sus más de treinta años de experiencia como coordinador de talleres de escritura. El más conocido de esos títulos es el best seller Taller de corte & corrección, que ya va por su quinta edición. Random House Mondadori acaba de editar el nuevo libro de Marcelo di Marco, para el sello Sudamericana Joven. Se trata de la novela Victoria entre las sombras, lanzada de manera oficial el 26 de septiembre pasado ante una concurrencia de cerca de doscientas cincuenta personas que desbordaron la sala C del Centro Cultural General San Martín. Orgullosamente y desde hace años comparto la amistad de este maestro indiscutido de la literatura, quien hoy nos habla acerca de su flamante creación.


Una vez te escuché discurrir sobre la estructura de la novela, entendida como género. Hacías referencia a una especie de camino a cumplir.

De alguna manera, la novela reproduce nuestro breve paso por este mundo, con todas nuestras alegrías y nuestros pesares. Viene a ser un símbolo del devenir del hombre. Por eso pega tanto. Si pensás en las novelas que te han conmovido, verás que en todas ellas hay un común denominador: al héroe, al protagonista, se le encomienda una misión. Ese objetivo, que puede ser encomendado por él mismo, lo llama a trascender. Debe salir de su pueblo, de su entorno —acaso la familia, el grupo, una comunidad determinada— para recorrer un camino y volver con la misión cumplida. Y en ese camino lo esperan pruebas y hazañas que es necesario superar para poder ser. Y en ese mismo camino será acompañado por gente que lo ayuda, o por gente que intenta hacerlo fracasar. Por “gente” quiero decir hombres, animales antropomorfizados y no tanto, elementos mágicos, seres naturales y sobrenaturales. En fin, es lo que se conoce con el término de “personajes secundarios”. ¿Ves? En las palabras está todo: esos personajes secundan al héroe, tanto si se trata de oponentes como de ayudantes. Y el principal de esos oponentes es el antagonista, en constante lucha con el protagonista. Y ahí entra el coprotagonista, el Sancho o el Robin que todo Quijote y todo Batman llevan a su lado. ¿Se va cumpliendo lo que digo en las novelas en que pensaste?

Totalmente. Incluso personajes como Madame Bovary tienen una misión, aunque sea la de destruirse y destruir todo lo que encuentran a su paso.

Exacto. Si el principal enemigo de Ahab es la ballena blanca que decidió almorzarle una pierna, o Ahab mismo… bueno, eso es ya motivo de interpretación. Y ahí no me meto: para eso están —si están— los críticos. Lo cierto es que el esquema simplote que acabo de describir es pertinente tanto para “Caperucita Roja” como para El corazón de las tinieblas: cruzá el bosque y anda a ver en qué anda tu abuelita. Y siempre vas a ver que en toda novela —sea consciente o no el novelista— tendrá el héroe su descensus ad inferos. La panza del lobo-abuela, el ataque que sufre Marlow en el río son buenos ejemplos. Hasta el gaucho Martín Fierro tuvo su descenso al infierno, en la escena de las tolderías: ¿te acordás de la cautiva, maniatada con las tripas de su propio hijito? Ahora bien: una vez que el héroe supera ese camino, vuelve a su pueblo y se hace conductor del mismo. El héroe deviene líder. Y valga una aclaración: eso sucede en las epopeyas del mundo clásico. En las gestas actuales, el héroe vuelve prácticamente destruido. En lugar de devenir líder, el héroe deviene antihéroe. Y hay una especie de culto de esa antiheroicidad. Siempre conviene recordar esta frase maravillosa de Ortega: “El tigre no puede destigrarse, pero el hombre puede deshumanizarse”.

Presentación del libro
En ese sentido, Victoria entre las sombras va en contra de la corriente.

Y sí. Después de haberla terminado, me di cuenta de que Tomás, el protagonista, luego de pasarse una temporadita en el infierno, vuelve como conductor de su grupo: habiendo sido, en el comienzo, el “pescado”, el “chabón” o el “nabo”, recobra su propio nombre y acude en defensa del más débil, en un final que no puedo revelar acá. Él mismo, después de la hazaña, lo reconoce: “Los Pinoaga me miraban como deben haberlo mirado los soldados del Ejército de los Andes al general San Martín después de sus triunfos”. Y recién dije “después de haberla terminado”, porque de eso, de estos temas que estamos hablando ahora en frío, no fui consciente en ningún momento. Al menos durante el proceso de escritura. Yo traté de contar una historia que cautivara al lector; jamás me propuse El Gran Tema, previamente a la escritura de la novela. Las cosas se dieron así, acaso por aquello de que “el estilo es el hombre”. En lo personal, siempre me interesó comprobar la evolución —o la involución— de ciertos personajes, ya sean de papel y tinta o de carne y hueso. Y hay un fuerte contenido teológico en esa mirada. Dios envió a Cristo al mundo para darnos la medida de lo humano, la medida del héroe, quien “para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne, se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos”, según el símbolo niceno. Enrique Aguirre, vicepresidente de forvm, me escribió un e-mail en que describe el corazón de Vels: “(…) un tema y un lenguaje joven para desarrollar un dilema humano con fuertísimo transfondo teológico, donde no faltan permanentes y reiteradas muestras de criterio católico. En fin, indispensable para una cultura en decadencia”.

Se me vienen a la cabeza aquellas palabras de José Antonio: “Desde el origen del mundo, el único aparato capaz de dirigir hombres es el hombre. Es decir, el jefe. El héroe”. ¿Creés que el héroe nace o se hace? Si Tomás no hubiese tenido ese resorte decisivo —lo espiritual, lo trascendente—, ¿le hubiese importado emprender la lucha?

A imagen de Cristo, como ya dije, el héroe es aquel que sale de sí para dar la vida por los suyos. El héroe es un para. Y ese es el sentido teológico que le da José Antonio al concepto de jefatura. Eso está en las Escrituras de manera inequívoca, en el Evangelio de San Mateo: el jefe es jefe en la medida en que ha venido a servir y no a ser servido. Caso contrario, si el jefe no está dispuesto a “dar su vida como rescate por muchos”, si prefiere ser servido en lugar de servir, no es un jefe sino un déspota. El tema del héroe, del jefe, es muy caro al nacionalismo; pero bien lo afirmaba Jordán Genta —un héroe de nuestro tiempo, dicho sea de paso, consciente de su inminente martirio—: el nacionalismo, sin Cristo, engendra monstruos. En cuanto a Tomás, mi protagonista, su objetivo evoluciona dentro de la marcha de la novela. Al principio quiere rajarse para siempre del infierno que se vive en su casa, bajo el dominio de una madrastra más mala que la de Blancanieves y con un padre pollerudo que no se atreve a tener el mínimo gesto de virilidad. Y después, esa misión cambia de rumbo: Tomás debe rescatar a su amiga, Victoria, que está a merced de algo tan siniestro que… bueno, dejemos que los lectores lo averigüen por su propia cuenta. Para terminar de responder a tu pregunta, creo que héroe se nace. Y con las pruebas y las adversidades se mejora, en todo caso.

Para cerrar, me gustaría encender la mecha hablando de la segunda novela, la continuación de Victoria entre las sombras, aún no publicada y que tuve el privilegio de leer en su manuscrito. Empecé a ver The Walking Dead, por recomendación tuya, y me volví fanática. Encuentro un claro paralelismo entre esta serie y tus dos novelas: el mundo se disuelve, y las relaciones humanas se adulteran cada vez más; pero el sheriff protagonista trata de conservar la virtud, aquello que lo confirma como humano ante tanto zombi suelto. ¿Nos podrías adelantar algo de la continuación de Vels, para despertar en tus lectores el apetito por más Victorias?

Debido al éxito que gracias a Dios está teniendo Vels —hoy agotada en el depósito de Sudamericana—, algo empezamos a hablar con mi editora sobre la posibilidad de lanzar la segunda parte. Ya está terminada, pero debo practicarle algunos retoques para cuando llegue el momento de entregarla. Se titulará Victoria en el infierno de las pesadillas vivientes. Y la historia, cuya primera base argumental era muy diferente en un principio, comenzó a cristalizarse cuando leí La misión educadora de la familia, de Antonio Caponnetto. En el prólogo, refiriéndose al Libro de Tobías, el autor afirma: “El demonio Asmodeo impedía sucesivamente las nupcias de Sara. Porque el Demonio, ese gran odiador, es el verdadero beneficiado con las intrigas, las separaciones y las quiebras del amor”. Leer eso, comprobar cómo el Enemigo, incluso desde los lugares más insospechados, intenta denigrar y destruir a la familia, hizo que el argumento original derivara a lo que ha quedado como versión final.

En este sentido, me parece que tanto Vels como su continuación vienen a cubrir un vacío. Dicen que ya no existen novelas en las que el sentido común venga a poner luz entre tanta palabra laberíntica y tanto mediocre derrotismo.

Tal vez mis lectores puedan responder a tal afirmación con una rotunda negativa. Es mi esperanza.
Fotos:©Daniel Grad