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| BERGOGLIO PAPA |
miércoles, 13 de marzo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
LIBERALISMO CATÓLICO
En referencia al artículo “La
relación de los últimos Papas con el Poder” (Diario La Nación, lunes 4 de marzo
de 2013), de Mons. Mariano Fazio (Vicario del Opus Dei),
reproducimos parcialmente el artículo “Los neomaritaineanos” del Dr.
Fernando Romero Moreno publicado en el
número 22 del Diario de Filosofía del Derecho de “El Derecho” (UCA), Noviembre
del 2011, en el que se refiere a ciertas tesis del Vicario del Opus Dei en la
Argentina,
Si bien esta pagina tiene una finalidad estrictamente política este articulo y el del Dr. Romero Moreno son de suma importancia para dejar aclarada una serie de cuestiones que suelen ser motivo de debate en este blog. Sabemos que a una teología se corresponde una política determinada y al liberalismo teológico se corresponde por lo general el liberalismo político y económico y en la actualidad, la adscripción a las políticas y estrategias globales que llevan adelante el imperialismo norteamericano, sus aliados y el Sionismo o sea el Poder Mundial. Suelen identificarse estas tendencias con lo que llamamos "Sionismo Católico", muy difundido en EE UU (aqui aunque no se note también) de la mano de Michel Novak, teórico de la "guerra justa" noreamericana, contra Irak.
Podemos decir entonces:
Podemos decir entonces:
1.- El articulo de Mons. Fazio deja en claro que la posición liberal está bastamente difundida (el es cabeza local de una organización católica de primordial importancia) entre la mas alta jerarquía y el clero católico asi como entre la feligresía. En determinadas capas sociales es abrumadoramente mayoritaria.
2.- Se deduce del articulo, el por qué, quienes profesan esa tendencia, solo les preocupa y eventualmente luchan (siempre de forma tibia o inapropiada) contra ciertas políticas del Sistema o Régimen de Dominación (aborto, control de la natalidad, "casamiento" de los homosexuales) y no rechazan al mismo en un todo. Pretenden aceptarlo con beneficio de inventario, cosa que a todas luces es imposible por el carácter totalitario del Poder Mundial esencialmente liberal, que alienta la Globalización homogeneizadora de la política, la economía y la cultura; y dilusora de las soberanias nacionales. Aquello del pensamiento único y finalmente de un mundo sin fronteras ni nacionalidades hermanado por los mercados especialmente financieros.
3.-También ilustra mucho sobre por qué, gran parte de la jerarquía acepta el pensamiento hegemónico: derechos humanos. democracia moderna, "respeto a la identidad de cada uno" (termino sospechoso y ambiguo), sacralización del denominado "Holocausto" etc. dejando absolutamente en el olvido las condenas ex catedra al liberalismo por pare de los Papas Pio IX y la que se realizara al Modernismo por boca de Pio X, como si las mismas fueran inexistentes y calla también que muchos de los Papas que sí menciona condenaron en su momento al liberalismo y al modernismo.
4.- Finalmente nos hace inferir el acotadisimo margen, para no llamar imposibilidad practica y concreta, de hacer política confesional dirigida a la conquista de espacios de poder y eventualmente a conquistar el Estado, pues siendo esta la visión teológica-política imperante en la cupula de la Iglesia, encontrar un aval mínimo para ello seria muy dificultoso, pues la jerarquia, lo considerarían incurso en el error de "clericalismo".
Recomendamos leer estos dos articulos y complementarlos con la lectura de "Documento Vaticano y Gobierno Mundial" del Tte. Cnel Santiago Roque Alonso en Diario Patria Argentina de enero y abril de 2012 (Boletines CCP 172 y 174) para conocer la verdadera magnitud y finalidad del liberalismo católico.
Recomendamos leer estos dos articulos y complementarlos con la lectura de "Documento Vaticano y Gobierno Mundial" del Tte. Cnel Santiago Roque Alonso en Diario Patria Argentina de enero y abril de 2012 (Boletines CCP 172 y 174) para conocer la verdadera magnitud y finalidad del liberalismo católico.
LA RELACION DE LOS ULTIMOS PAPAS CON EL PODER.
Por Mons. Mariano Fazio
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| PIO IX CONDENÓ EX CATEDRA AL LIBERALISMO EN EL SILLABUS |
D e Benedicto XV a Benedicto XVI, la Iglesia contó con pontífices "expertos en humanidad", fieles a su misión. Provenientes de distintas naciones y estratos sociales, con personalidades muy diferentes entre sí, los papas de los últimos 100 años, desprovistos de poder humano, pero confortados con la asistencia divina, han sido auténticos testigos de la verdad y de la caridad. Nunca en la historia de la Iglesia moderna se han sucedido en la sede de Pedro vicarios de Cristo tan convincentes, que se convirtieron, para toda la humanidad, en custodios y garantes de la dignidad de la persona y promotores de la paz.
En 1870, la Iglesia Católica había perdido el dominio
sobre los Estados pontificios. A partir de esta carencia de poder
temporal, la voz de los papas se hizo sentir clara y nítida, pues la
autoridad moral del pontificado creció en forma exponencial después de
la desaparición de su poder político. La libertad espiritual ganada por
la Sede Apostólica es uno de los beneficios providenciales que trajeron
esos sucesos, considerados por los católicos de ese momento como un
golpe durísimo infligido a la Iglesia.
El proceso de secularización se puede interpretar en
dos vertientes: en primer lugar, como la intención de excluir totalmente
a Dios de lo público, reafirmando la autonomía absoluta del hombre,
constituyendo la religión como un hecho privado, carente de interés -y
hasta peligroso- para la vida social.
En segundo lugar, como proceso de desclericalización de
la vida política y social, que reivindica la legítima autonomía
relativa del orden temporal. Benedicto XVI llama a la primera vertiente
laicismo, y a la segunda, sana laicidad. Esta tríada
clericalismo-laicismo-sana laicidad ofrece la posibilidad de comentar la
compleja relación entre la Iglesia y la Modernidad.
Los casi 100 años que van desde el pontificado de
Benedicto XV hasta la actualidad han visto un aceleramiento del proceso
de secularización. Los romanos pontífices no fueron espectadores pasivos
de este proceso. El camino recorrido comienza con Benedicto XV y
coincide con el inicio de la Primera Guerra Mundial, hecho histórico
clave para comprender la crisis de la cultura de la Modernidad en la que
estamos todavía inmersos: la Gran Guerra fue un mentís al optimismo
decimonónico liberal y positivista que pensaba que el siglo XX sería el
siglo de la glorificación prometeica de la humanidad. En las trincheras
de media Europa, esta ilusión se desvaneció rápidamente.
La Primera Guerra Mundial inaugura un período cultural
nuevo, no tanto por el cambio de las categorías mentales, sino por la
vívida percepción de las consecuencias sociales, económicas, políticas y
morales de esas mismas categorías ideológicas: se rompe el paradigma
del progreso indefinido por medio del avance científico.
El pensamiento de los papas del último siglo se puede
dividir en dos partes, con el Concilio Vaticano II en el centro: la
primera incluye los pontificados de Benedicto XV, Pío XI y Pío XII
(1914-1958), y la segunda parte se ocupa del Concilio Vaticano II, que
se desarrolla durante los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI, y se
despliega en la vida de la Iglesia durante los de Juan Pablo II y
Benedicto XVI.
En la primera mitad del siglo, Benedicto XV, Pío XI y
Pío XII tuvieron que enfrentarse a manifestaciones violentas y extremas
de la secularización entendida como afirmación de la absoluta autonomía
humana. Frente a los totalitarismos de derecha y de izquierda, los papas
reaccionaron denunciando la pérdida de la visión trascendente de la
persona, que implica respeto por su dignidad espiritual y una
organización político-social acorde con dicha dignidad.
No se trató sólo de denuncias: las propuestas para el
restablecimiento de la paz y de la justicia, las movilizaciones a favor
de las víctimas de las tragedias contemporáneas, la exposición de los
principios de una doctrina social que pone en el centro de su atención
la persona humana y sus derechos y el recurso a la oración para promover
la misericordia constituyen algunos de los medios practicados por los
papas de la primera mitad del siglo para aliviar las consecuencias de
las guerras.
Benedicto XV, Pío XI y Pío XII tuvieron clara
conciencia de la gravedad del proceso de secularización que consagraba
una visión que exasperaba el afán de dominación. Las circunstancias
culturales de su época les hacían añorar una societas christiana
que había sido el paradigma social de la Edad Media y, en menor medida,
el del Antiguo Régimen. No se trataba, obviamente, de una nostalgia
ingenua de un tiempo pasado que también presentaba notables
limitaciones. Pero todavía no estaban los tiempos maduros para una toma
de conciencia plena de la positividad de la laicidad.
No obstante, las continuas referencias de Benedicto XV,
Pío XI y, de modo particular, de Pío XII a favor de una profundización y
respeto del derecho natural y de la ley natural -en sintonía con la
próxima declaración universal de los derechos humanos- ponen de
manifiesto que la defensa de la dignidad de la naturaleza humana es un
elemento esencial de la tradición cristiana y constituyen el inicio de
la renovación que se completará en el Concilio Vaticano II.
En la segunda mitad del siglo XX, junto al continuo
avance de la secularización laicista, cobra cada vez más vigor la toma
de conciencia de la positividad de la secularización entendida como
desclericalización de la sociedad, como distinción entre el orden
natural y el sobrenatural, entre Iglesia y Estado. El Concilio Vaticano
II, convocado por Juan XXIII y clausurado por Pablo VI, y los
pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, en plena continuidad
con lo anterior, siguen denunciando las consecuencias destructivas de
una visión antropológica con pretensiones de autonomía absoluta, al
mismo tiempo que subrayan la dignidad de la persona humana, dejada por
Dios libre para tomar decisiones en un campo amplísimo de su actividad,
guiada por la conciencia abierta a la verdad y movida por deseos de
justicia, solidaridad y paz.
Joseph Ratzinger eligió su nombre papal en alusión a la
tarea de promoción de la paz que había guiado a Benedicto XV. El Papa
teólogo se identificó a sí mismo desde el primer momento con el anuncio
de la paz, en un mundo atiborrado de violencia. "La paz es obra de la
solidaridad", había dicho Juan Pablo II en 1988. Sólo la capacidad de
entregar algo de lo propio para beneficio del otro, sólo quien está
dispuesto a superar el propio egoísmo es un verdadero promotor de la
paz. La primera solidaridad es la apertura al diálogo y la confianza en
que es posible compartir unos valores fundamentales, valores que no
negocian con el poder ni el dinero, sino que son a la vez salvaguarda de
los más débiles y condición de la vida en común.
Muchos de los anhelos de libertad y de justicia que
movilizaron energías humanas en el siglo XIX, a veces teñidos de
anticlericalismo por la confusión reinante entre el trono y el altar,
encuentran hoy en la doctrina católica -en particular con la afirmación
del valor propio de lo temporal y la libertad religiosa- un lugar
privilegiado. Doctrina ya presente en el Evangelio, pero que siglos de
historia vividos entre la heroicidad de la santidad y la mezquindad de
la miseria humana se ocuparon de oscurecer. Una parte fundamental de la
herencia que nos deja Benedicto XVI es su doctrina de la sana laicidad,
sobria y positivamente promotora del pluralismo y del respeto por la
identidad de cada uno y de cada una, afirmada sobre los derechos
humanos, y muy consciente de que la fe se debe proponer de corazón a
corazón.
El autor, vicario del Opus Dei en la Argentina, escribió De Benedicto XV a Benedicto XVI. Los papas contemporáneos y el proceso de secularización.
Fte. Diario LA NACION
EL LIBERALISMO CATÓLICO DE MONS. MARIANO FAZIO
Por Fernando Romero Moreno
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| PIO X CONDENÓ EX CATEDRA AL LIBERALISMO CATÓLICO EN LA PASCENDI |
Como saben los entendidos, en su
naturaleza más íntima el liberalismo católico es, por un lado, un naturalismo o
semi-naturalismo político que promueve un laicismo “moderado”, según aquel
apotegma clásico convertido por ellos en “ideal” o “tesis”: La Iglesia libre en
el Estado libre. Es decir, la renuncia a la doctrina del Estado católico,
convirtiendo en una norma “de máxima” la hipótesis del Estado laico
“aconfesional”, respetuoso de la Ley Natural y de la libertad de la Iglesia.
Junto con esto, caracteriza al
liberalismo católico un intento de superar el individualismo y el utilitarismo
de los liberales ilustrados mediante una antropología “personalista” que
desnaturaliza la naturaleza del bien común (…)
En los últimos treinta años se ha ido
desarrollando una variante del “liberalismo católico” que sólo tiene
diferencias de grado con el anterior, viene formulado con una terminología
nueva – al menos en parte – y pretende
apoyarse en los documentos del Concilio Vaticano II y en las enseñanzas de los
Papas posteriores al mismo.
Además, frente a la “aventura de
la teología progresista”, es visto en muchos ambientes como un baluarte de ortodoxia.
Antes de explayarnos en los
errores de esta corriente, queremos
reconocer que, en sus
representantes, hay un genuino y legítimo deseo de cristianizar el orden
temporal; de garantizar la legítima autonomía de las realidades terrenas; de
recordar la misión que tienen los laicos de santificarse y santificar la vida
personal, familiar y social (la “consecratio mundi”); de respetar la legítima
libertad en cuestiones opinables y prudenciales; de dar fundamento a una sana
laicidad; y, en definitiva, de “oxigenar” los ambientes cristianos de actitudes
y mentalidades clericales o integristas, proclives al celo amargo, a un
desordenado “agere contra” y a una intransigencia cerril no con el error, sino
también con las personas que yerran. Por otro lado, sus representantes han
hecho aportes valiosos en distintos campos del saber, como la teología, la
filosofía, el derecho, la historia, la economía, etc.
No obstante y más allá del
natural aprecio que sentimos por algunos de ellos (a quienes conocemos
personalmente), no podemos dejar de advertir sobre los errores de sus posturas.
Algunos de los referentes más
importantes de este liberalismo católico son, según nos parece, Pedro
Lombardía, Michael Novak, Andrés Ollero Tassara, Martín Rhonheimer, Roberto
Bosca, Alfonso Santiago, Rafael Termes, Gabriel Zanotti, Alejandro Chafuén,
George Weigel, Mons. Mariano Fazio y Juan Manuel Burgos (…)
Una característica de esta
corriente es, en general, la defensa como ideal de una “laicidad aconfesional”
en una comunidad política respetuosa de la Ley Natural, teniendo como superada
– por clerical o integrista – la doctrina tradicional acerca de la necesidad
del Estado católico.
Esta “laicidad aconfesional”
(separación amistosa entre el Estado y la Iglesia) presentada como “tesis” fue
oportunamente reprobada por el Papa León XIII (en relación al caso norteamericano,
que el Santo Padre consideró como la mejor solución para esa nación dadas sus
circunstancias, pero no como el “ideal supremo”) y el Concilio Vaticano II no cambió nada al
respecto, pues sostuvo que la doctrina tradicional sobre las relaciones Iglesia-Estado
seguía vigente, idea que nos parece ser la clave hermenéutica para interpretar
correctamente la Declaración “Dignitatis Humanae”.
Dice el Concilio: “puesto que la
libertad religiosa que exigen los hombres para el cumplimiento de su obligación
de rendir culto a Dios, se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad
civil, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de
los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única
Iglesia de Cristo” .
Es que la Iglesia siempre ha
sostenido, como enseñanza definitiva de
su Magisterio Ordinario y Universal, que, supuesta una comunidad
mayoritariamente católica, el Estado debe serlo también. Y esto no sólo por
razones culturales, sino porque el hombre debe rendir culto a Dios de modo
individual como social. No “favoreciendo el hecho religioso en general”
(indiferentismo político) sino con actos de culto público al Dios Uno y Trino
de la Revelación cristiana, con la subordinación de su orden político y jurídico
a la Ley Natural y a la Ley Divino-positiva, con el reconocimiento expreso de
la Realeza social de Nuestro Señor Jesucristo, y con el apoyo a la Iglesia
Católica, sin menoscabo de la recíproca libertad del Estado y de la Iglesia en
sus campos respectivos (distinción de potestades, sin separación).
Eso no supone, pues, defender un
Estado fundamentalista, clerical o integrista (confusión entre lo temporal y lo
espiritual). Que en el “modelo de Cristiandad medieval” hubiera desviaciones en
ese sentido (como de hecho las hubo) no es algo consubstancial a la naturaleza
del Estado católico. De modo que identificar la mentada “unión del Trono y del
Altar” como una “esencial” confusión entre lo sacro y lo profano es una
afirmación falsa.
Si una novedad vino a aportar el
Concilio Vaticano II fue la de complementar las enseñanzas clásicas acerca de
las relaciones Iglesia-Estado con una mejor comprensión de la autonomía
relativa de lo temporal (sana laicidad) y con la doctrina de la libertad
“civil” en materia religiosa, pero dejando intactas las obligaciones del hombre
y de la sociedad respecto de la verdadera Iglesia de Cristo.
Esa misma noción de “libertad
religiosa” tiene aún que formularse de modo más claro – una mejora nos parece
que ya existe en el Catecismo de la Iglesia Católica – para mostrar la
continuidad, en lo esencial y definitivo, respecto del Magisterio precedente.
La hipótesis de un Estado laico “aconfesional” pero respetuoso de la Ley
Natural, siempre fue vista por la Iglesia como un “mínimo exigible” en naciones
pluriconfesionales y con comunidades católicas minoritarias. Pero, repetimos,
nunca como “el” ideal. Por otro lado, dicho Estado, históricamente no existió y
antropológicamente es de difícil aplicación, si contamos con la existencia del
pecado original y con las distintas “interpretaciones” que de hecho hay acerca
del iusnaturalismo.
Hay en esta tendencia, además,
una visión altamente optimista de la Modernidad, valorando lo que llaman el
proceso de “desclericalización” (aunque critiquen el secularismo), que ha
permitido pensar en la posibilidad de una Modernidad “cristiana”, cuyos
antecedentes serían la Segunda Escolástica Española, el liberalismo “moderado”
al estilo de Tocqueville, el personalismo de Maritain y Mounier, y el
Magisterio del Concilio Vaticano II ( sobre todo a partir de la Constitución
“Gaudium et spes” y la Declaración “Dignitatis Humanae”).
El principal problema de esta
interpretación es la “justificación”, no ya sólo doctrinal sino también
histórica, de las ideas del nuevo liberalismo católico.
Respecto de esto, nos parece
importante aclarar lo siguiente: consolidados los cambios religiosos,
políticos, sociales, culturales y económicos de la Modernidad (Reforma
Protestante, Ilustración, Revolución Francesa, Capitalismo y Revolución
industrial), aparecieron entre los católicos, dos tendencias fundamentales
lícitas en relación al juicio que este proceso merecía y al modo de actuar
frente a las nuevas realidades.
Una tendencia fue el
tradicionalismo (José de Maistre, Donoso Cortés, el Cardenal Pie, Mons.
Delassus, Juan Vazquez de Mella, el Cardenal Billot, Julio Meinvielle, entre
otros) que se caracterizó por realizar un juicio altamente crítico de la
Modernidad y la Revolución, defender el ideal de Cristiandad (comunidades políticas
católicas) y juzgar como erróneos los intentos de cristianizar la democracia
liberal, el capitalismo y el socialismo.
Esta tendencia, ortodoxa en sus
representantes más importantes (aunque teñida de tradicionalismo filosófico en
Francia), podía llevar en su seno el peligro del integrismo y el
fundamentalismo (confusión de los órdenes natural y sobrenatural,
desconocimiento de la legítima autonomía de lo temporal, mentalidad de partido
único), pero en sí misma era y es una tendencia legítima, en tanto y en cuanto
se mantuviera y se mantenga fiel al Magisterio de la Iglesia.
Hay muchos tradicionalistas
ortodoxos, prudentes, con una sana libertad de espíritu, abiertos al diálogo
verdadero, a los que sólo calumniando se puede tildar de “integristas” o de “clericales”.
Por caso, podemos citar el ejemplo, entre nosotros, de Carlos A. Sacheri.
Otra corriente que podemos
denominar socialcristiana prefirió rescatar de la Modernidad los aspectos que
no eran necesariamente incompatibles con el Orden Natural y con la Fe católica,
procurando cristianizar el régimen republicano, la economía de mercado (en
otros casos el Estado de Bienestar), e incrementar el diálogo con la cultura
contemporánea. Tal opción también era y es legítima, como lo prueban los casos
de Federico Ozanam, Albert de Mun o Augusto del Noce o entre nosotros de Juan
Rafael Llerena Amadeo o Eduardo Ventura (de hecho, el problema no está en
defender un modelo republicano, de economía de mercado y sana laicidad, asunto
que está dentro de las opciones legítimas y opinables de que goza cualquier
católico - sobre todo lo referente a los dos primeros aspectos - sino hacerlo de un modo contrario a las
enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia: democracia “naturalista”,
capitalismo “liberal” y laicidad “aconfesional”).
El peligro de esta corriente más
“abierta” hacia la Modernidad, radicó y radica en un desordenado afán por
conciliar con la Modernidad y la Posmodernidad que puede conducir al error,
como sucedió con Lamennais y otros católicos liberales, con el democristianismo
de Le Sillon, con las corrientes marxistas de la teología de la liberación y en
general, con toda la teología progresista, sea en su versión de “centro” o
“centro- derecha” (neoliberalismo católico) o sea en la variante de “izquierda”
(tercermundismo o “cristianos para el socialismo”).
Estos errores fueron
oportunamente condenados por los Papas, de modo que justificar una “modernidad
cristiana” con ejemplos erróneos (por caso, los Padres Fundadores de los EE.UU
o la democracia cristiana maritaineana) no parece el camino correcto para
alguien que quiera ser fiel a la dimensión pública de la Fe católica, máxime si
esas enseñanzas se dirigen principalmente a fieles laicos cuya misión es
precisamente la “instauración cristiana del orden temporal” (…) La doctrina de
la Iglesia acerca de estas cuestiones no ha cambiado. Una “hermenéutica de la
continuidad”, como la que pide Benedicto XVI debe también aplicarse a este
punto. Y si hubiera una legítima discontinuidad en algunos temas, como también
ha sugerido el Romano Pontífice, la misma debe probarse. Es cierto que sobre
las relaciones Iglesia-Estado, la democracia, el capitalismo y las Revoluciones
modernas, la Doctrina Social de la Iglesia, no sólo después sino también antes
del Concilio Vaticano II, fue teniendo modificaciones parciales. Pero, en lo
que al Magisterio Ordinario y Universal se refiere, siempre se trató de cambios
acordes con la Tradición. Supuesto que ahora hubiera dudas respecto de algunos
documentos, deben interpretarse de acuerdo al Magisterio definitivo precedente.
En lo que hace a uno de los
aspectos principales del error católico liberal (el pelagianismo o
semipelagianismo político) veamos lo que enseña el Catecismo de la Iglesia
Católica: “El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre
individual y socialmente considerado. Esa es ‘la doctrina tradicional católica
sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión
verdadera y a la única Iglesia de Cristo’ (DH 1). Al evangelizar sin cesar a
los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan ‘informar con el espíritu
cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la
comunidad en la que cada uno vive’ (AA 13). Deber social de los cristianos es
respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien. Les exige
dar a conocer el culto de la única verdadera religión, que subsiste en la
Iglesia católica y apostólica (cf DH 1). Los cristianos son llamados a ser la
luz del mundo (cf AA 13). La Iglesia manifiesta así la realeza de Cristo sobre
toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas (cf. León XIII,
enc. "Inmortale Dei"; Pío XI, enc. "Quas primas")”.
Y al referirse a la doctrina
sobre la libertad religiosa afirma: “El derecho a la libertad religiosa no es
ni la permisión moral de adherirse al error (cf León XIII, enc. "Libertas
praestantissimum"), ni un supuesto derecho al error (cf Pío XII, discurso
6 diciembre 1953), sino un derecho natural de la persona humana a la libertad
civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en
materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser
reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya
un derecho civil (cf DH 2) (…) El derecho a la libertad religiosa no puede ser
de suyo ni ilimitado (cf Pío VI, breve "Quod aliquantum"), ni
limitado solamente por un ‘orden público’ concebido de manera positivista o
naturalista (cf Pío IX, enc. "Quanta cura"). Los ‘justos límites’ que
le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la
prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la
autoridad civil según ‘normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral’
(DH 7)” [11].
Por su parte, ese gran defensor
de la secularidad o sana laicidad bien entendida, de la legítima libertad
política en cuestiones opinables y prudenciales, un crítico agudo del
clericalismo y del “catolicismo oficial” como fuera San Josemaría Escrivá (al
que algunos de estos autores que mencionamos presenta erróneamente como
precedente de la “secularidad” entendida al modo “católico-liberal”,
coincidiendo en esto – aunque en sentido contrario – con ciertas
interpretaciones tradicionalistas acerca del Fundador del Opus Dei), no dudó en
felicitar al entonces Jefe del Estado Español precisamente por seguir la
doctrina de la Iglesia en este punto. En carta al mismo del 23 de mayo de 1958,
decía: “aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme,
como sacerdote y como español, de que la voz autorizada del Jefe del Estado
proclame que ‘la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento
a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y
Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que
inspirará su legislación’. En la fidelidad a la tradición católica de nuestro
pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas
constituidas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de
gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la
comunidad nacional”.
En cuanto a las libertades e
instituciones “liberales” escribió: “Es necesario contrarrestar con denuedo
esas 'libertades de perdición', hijas del libertinaje, nietas de las malas
pasiones, biznietas del pecado original..., que descienden, como se ve, en
línea recta del diablo”.
Lo que en buena lógica se
desprende de estos textos es que para Escrivá no había contraposición entre sana
laicidad y Estado Católico, ni identificación entre secularidad y catolicismo
liberal. Ideas que no nos consta haya modificado después del Concilio Vaticano
II.
Podríamos traer a colación otros
textos del Fundador del Opus Dei acerca del laicismo, la masonería o la
teología progresista para corroborar lo impreciso de ubicarlo a la par de
pensadores heterodoxos como Mounier o Maritain. Pero estimamos que con esto es
suficiente.
Con algunas limitaciones en su
interpretación, esta misma doctrina sobre el ideal del Estado católico era ya,
a la hora de ser redactado el nuevo Catecismo, la tesis de Fernando Ocáriz
(mejorando ideas de De Fuenmayor), en la que procuraba mostrar la continuidad
del Concilio Vaticano II con el Magisterio anterior. “Hermenéutica de la
continuidad” que, con más precisión, ya habían esbozado oportunamente el P.
Victorino Rodríguez O.P. y Mons. Guerra Campos.
Sobre otros puntos del
liberalismo católico, que ahora se presenta “aggiornado”, se expresaron con
claridad Charles de Koninck, Leopoldo Eulogio Palacio, Julio Meinvielle],
Eudaldo Forment, Carlos Cardona, Héctor H. Hernánde o Luis María Sandoval,
entre otros.
Catolicismo y liberalismo, como
catolicismo y socialismo, son, pues incompatibles. Si es ilegítima una
“teología de la liberación” de inspiración marxista, también lo es una doctrina
de la laicidad, la democracia, el capitalismo y la Modernidad de carácter
liberal o neoliberal.
Fernando Romero Moreno es: Abogado (UNR); Profesor Superior
Universitario en Abogacía (UCA); Secretario Académico del Centro de Estudios
Universitarios del Rosario (CEUR); Director de Estudios del Colegio Los Arroyos
(APDES-Rosario); Miembro del Equipo Coordinador de la Licenciatura en
Organización y Gestión de Centros Educativos (LOGE), Escuela de Educación,
Universidad Austral (Rosario); Profesor de “Antropología de la Educación” y
“Pedagogía” en la LOGE-Universidad Austral (Rosario).
sábado, 9 de marzo de 2013
EL SISTEMA NECESITA DE LA DIVISIÓN
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| QUE NO QUEDE NI UNO SOLO |
El Sistema es uno solo, tanto a nivel mundial como localmente. El mismo Sistema no presenta alternativas a si mismo, pero es un mecanismo, una maquina con una finalidad determinada, para el caso nuestro diluir el Estado en beneficio de la globalidad, para ello es necesario dividir falsamente a la sociedad en base a diferentes opciones que en definitiva son caminos que desembocan en un mismo destino.Hacer al mismo iempo el verso de la alternancia en el poder. En Argentina, la degradación política ha sido tan grande en estos diez años que esas opciones que presentan son consecuentemente degradadas hasta extremos indecibles, infantiles y grotescas en algunos casos. La finalidad es evitar la unión del pueblo pues toda unión del pueblo es peligrosa por la grandisima posibilidad que hay de que reclame la abolición del Régimen. La repetición del inorgánico y confuso ¡Que se vayan todos! del 2001 que canalizado correctamente podria haber delineado otra Argentina..
Lo que van a leer no es una
muestra de moderación política, tampoco la intentona de lograr un punto medio
entre dos visiones supuestamente
antagónicas, sino un escrito contra el Sistema o Régimen de Dominación
que nos viene haciendo perder el tiempo, un tiempo que él gana para orquestar
el desguace definitivo de nuestra Patria. Digo esto porque los enceguecidos de
siempre posiblemente ni traten de entenderlo antes de levantar la piedra para
tirarla y otros simplemente no querrán
entenderlo justamente para que el sistema continúe con su labor destructiva que
lleva ya años delante de nosotros.
Se trata de una breve descripción
de las dos tendencias que actualmente disputan el gobierno del Sistema
localmente. Quiero que se entienda bien: no existe ningún modelo alternativo en
esas dos tendencias que tenga como meta salir del Régimen de Dominación, el que se basa como hemos dicho ya muchas veces
en demo liberalismo político,
Capitalismo en economía y progresismo en cultura.
La antinomia solo se
plasma en una dialéctica donde ambas partes reivindican la democracia como su
norte político, siendo lo demás una disputa que se divide en la implementación
de diversas variantes del capitalismo liberal y diferente gradación de la
cultura progresista. La disputa es por el gobierno del Estado sin sacar los
pies del diminuto plato que nos ha
puesto en la mesa el Poder Mundial.
A eso me referiré, a los
Kirchneristas y los Antikirchneristas, conforme se viene delineando las
diferentes tendencias de un tiempo a esta parte. Si este Régimen funcionó
siempre en base a una dialéctica inducida, desde el advenimiento del
Kirchnerismo eso se da de una forma mucho más radicalizada. Una polarización
inducida también que es lo que en definitiva mantiene unidas las piezas de la
maquinaria en funcionamiento. En el 2001 la maquina comenzó a mostrar serias
falencias y fisuras de todo tipo. Por eso la cucharada de dialéctica y división
debía ser mucho más potente. Lo importante era diluir, disolver. El objetivo volver a legitimar mínimamente al Régimen,
después de 20 años de desastres
Los K
El 2001 significo un principio de
unión del pueblo contra el Sistema aunque inorgánico y lleno de contradicciones. Tácticamente fue dispersado por la acción de la izquierda y a largo plazo
se radicalizó esa separación. Duhalde primero y Kirchner finalmente reafirmaban
las bases del Régimen y echaban a funcionar nuevamente su maquinaria dialéctica
atada con alambre Especialmente fortaleciendo la temática de los 30.000
desaparecidos como pilar cultural del mismo, inflando el globo de los derechos
humanos hasta tornarlo un grotesco espantajo, planteando un seudo peronismo
mechado de izquierdismo cultural, del tipo que encanta a los países centrales a los
organismos internacionales y a las ONG “humanitarias”(aborto, homosexualidad, liberación
de la droga), de eso si tienen todas las taras. Así se hicieron del Estado Los
K. Su bagaje ideológico esta repleto de
mentiras, es en toda la línea una operación de falsa bandera.
Se convirtió a la historia
reciente en una caricatura y con esa caricatura barata se adoctrinó a la gente
especialmente a los mas jóvenes, se proveyó a la dilución del poder del Estado,
prácticamente se liquidó moral y materialmente a las FFAA (que venían siendo
destruidas desde el alfonsinismo y ahogadas económicamente por Menem) y se anarquizó a las policías con lo cual nos
convertimos en indefensos y en la seguridad interna el delito escalo a
posiciones nunca vistas. Todo en nombre de la ideología derecho humanista cuya
abanderada esta siempre en la palestra de la defensa al gobierno: La
archicorrupta Hebe de Bonafini. Siempre impune después de robarse todo. Un símbolo
de lo más repugnante de la Argentina. Para mayor acopio de basura hasta Maradona
se cobijó debajo de las faldas de Cristina.
El aparato delincuencial peronista
sirvió justamente para dar aire al sistema: Mientras sus partidarios hablan de
revoluciones y socialismos, la realidad es que han arreglado con todos. Al FMI
al que defenestraron le pagaron toda la deuda, están hasta el cuello con el
Banco Mundial y el Club de Paris. Siendo supuestamente “montoneros” hacen muy
bien los deberes que les dejó el Proceso fundador de la deuda externa sideral legada a y aumentada por los demás capitostes
partidocraticos. Todos sus cacareos “nacionalistas” una monumental estafa, sus
peleas con los ingleses fuegos de artificio y encima mojados. La inclusión social
dadivas en base a endeudamiento externo que destruye la cultura del trabajo La
corrupción y la inoperancia más espantosa que se tenga memoria en un gobierno
plagado de presiones y aprietes a quienes no le son dóciles, los periodistas,
la justicia. Son un símil latinoamericano de la socialdemocracia. No son
marxistas porque no les da el cuero y el marxismo es una pieza de museo. Se
hacen los “guerrilleros heroicos” mientras disfrutan del capitalismo prebendarío
que han resucitado y puesto a su servicio. Hablan de Menem pero no denuncian
los tratados de rendición que ese traidor firmó con los británicos, siguen
dentro del FMI mientras se quejan de sus presiones. Su política internacional
sigue los dictados de Obama (Caso AMIA)
Los Antik
Luego de más de diez años de
aquella etapa inaugurada con el “Que se vayan todos”, la cuestión ya llega al
extremo de decadencia moral que nos dice que nada de lo que hay dentro de este Régimen
merece sobrevivir.
Anacrónicos y atado a falsas
ideas la supuesta oposición es más de lo mismo con el agravante de que inorgánica
y caótica, dividida en mil pedazos antagónicos entre si, no atina a hacer nada constructivo,
ni generar alternativa alguna. Son los restos de lo que en vida fuera el
Radicalismo y diversas expresiones del progresismo (los K han logrado dividir
hasta quienes son símiles). Los liberales cómplices del desuase económico del
Estado que pretenden volver a la época del 1 a 1, Los partidarios de Macri que
en el gobierno de Buenos Aires no han hecho nada diferente a las otras
expresiones partidocraticas: robar y llenar de empleados contratados con
contratos basura, una nueva presencia, el anarco liberalismo, espantoso guiñapo
que si se sienta en una mesa con algunos progresistas podrían darse la mano.
Los partidarios de la ideología militar una
mixtura de liberalismo, conservadurismo, patrioterismo confuso, anticomunismo
como si el comunismo existiera. Pronorteamericano y al que al mismo tiempo
reivindicadores de la causa Malvinas, fracasada justamente por la injerencia norteamericana una Ideología
que viene creando espantosas confusiones dentro del nacionalismo y que en
definitiva obligará a mediano plazo a muchos sedicentes nacionalistas a que se
definan sobre que son en realidad. El catolicismo liberal y burgues que solo se preocupa por el aborto y el casamiento de los invertidos. Diversas expresiones de la masonería
sumamente activa desde hace más o menos un lustro.
Su programa para la toma del
poder no es organizarse pues no pueden hacerlo dadas sus encontradas
posiciones, lo único que los une es ser Antik. No tienen programa alternativo
que no sea en última instancia el liberalismo económico. En lo político rinden
culto a la democracia como lo hacen los K cada uno se siente un demócrata cabal
sea del bando que sea. Pelean por quien es más democrático o sea más regiminoso
que el otro.Así huérfana de ideas y planes, inorgánica
y anárquica, solo se contenta con hacer movilizaciones a cual más confusa y
pacifista que no llegan a nada. Van detrás de los acontecimientos.
La única realidad de todo esto es
la disolución, el planteo de falsas opciones detrás de las que se encolumnan
todo un universo de gente que no entiende en definitiva cual es la jugada, lo
que queda en evidencia porque hace años que vota mercadería averiada y de tiempo en tiempo
brota una nueva camada de personajes a quien contársela. Confiamos en que en algún momento como fuera en el 2001
la gente despertará de su letargo será otra posibilidad de terminar con esto.
Esperemos no desperdiciarla. Esperemos estar preparados para canalizarla. Lo
que es seguro es que ocurrirá. Todo tiene un limite..
GUILLERMO ROJAS
miércoles, 6 de marzo de 2013
LOS "ORIGINARIOS"
EL RACISMO ANTIBLANCO Y ANTICRIOLLO EN SUR AMÉRICA
POR:Juan Pablo Vitali
![]() |
| BANDERA DEL RACISMO Y DEL IMPERIALISMO |
El concepto de “originario” es
una idea dialéctica introducida a conciencia por los centros de poder para
fomentar el enfrentamiento y la división de quienes no deberían ser enemigos,
porque sólo tienen enemigos e intereses en común. Es como la idea de la izquierda
y la derecha: algo hemipléjico, estúpido, irreal.
Si originario es el que estaba
antes siempre hay alguien atrás en la historia. Y esto vale tanto para
Sudamérica como para cualquier otro lado del mundo, ya que en todas partes hubo
una población antes que otra y nadie podría asegurar descender de los primeros,
que se pierden en la noche de los tiempos. Quizá los amerindios sean asiáticos
emigrados “in illo tempore”.
Tampoco se dice cuánto tiempo
hace falta estar en un lugar para ser considerado “originario”, ni si los
antepasados de los que están ahora no ejercieron la violencia para instalarse.
Discusiones estas interminables y paralizantes. Y todo esto mientras un enemigo
avanza. Algunos dicen que quinientos años no es suficiente, pero no dicen
cuánto creen necesario porque se les puede volver en contra.
Para imponer un concepto no se
necesita mucho, especialmente sobre grupos de gente que actúa en forma
superficial, por ignorancia o interés y se mueve como las hinchadas de fútbol.
Las transformaciones antropológicas y culturales también llegan a los argumentos
políticos.
La idea de “originario” fue
acuñada por el racismo antiblanco, el único racismo bien visto y permitido.
Para eso fue creada y para eso es difundida. Supongo que los miserables
presentadores de programas de televisión que repiten una y otra vez ese término
no dejan de dormir por las injusticias sociales sufridas por los “originarios”
ni por nadie en particular. Entonces… ¿por qué utilizan tanto el término? ¿De
dónde les viene la idea, en el medio social burgués y obsecuente del sistema en
el que viven y al que defienden por dinero? Si todo el que nace y vive en un
lugar no es originario, el concepto se hace discriminatorio ¿Y no son ellos los
campeones de la no discriminación?
En un tiempo utilizábamos
conceptos inclusivos. Ser argentino fue tan increíblemente inclusivo que en una
generación una familia asumía absolutamente serlo. Nunca hubo ghettos y la
injusticia social no era discriminatoria para originarios y recién llegados,
sino pareja. La lucha también lo fue. La idea de lo criollo como fuerte unidad
cultural funcionaba.
Lo criollo como fuerza
integradora permitía el diálogo con lo amerindio sin perder las raíces
europeas. Una experiencia de dinamismo cultural impresionante. Por eso se la
dejó de lado. Mejor parece ser para algunos la fractura. Arrasar con las
fronteras del intercambio y el enriquecimiento para levantar las de ruptura y
el enfrentamiento. Eso es lo que quiere el sistema. .
Ahora la idea de que debamos
renunciar a nuestra herencia cultural europea y asumir la identidad amerindia
para considerarnos verdaderos americanos, es además de imbécil interesadamente
rupturista. Implica una agresión a la identidad criolla inaceptable, una
imposición racista en nombre del antiracismo.
Saben bien que nosotros no fuimos
la gente del oro ni de la imposición de un dios a palos. Los criollos somos y
hemos sido libertarios con respecto al orden establecido, de hecho hemos sido
diezmados luchando contra ese orden. Sin embargo somos disciplinados en cuanto
al orden a establecer: un orden comunitario, orgánico, ligado a las identidades
de la tierra, forjado desde adentro de los pueblos. Por eso no tenemos enemigos
entre los pueblos, pero tampoco queremos cambiar de identidad.
Los términos dialécticos acuñados
–paradójicamente- desde unas usinas de pensamiento para nada “originarias”, se
crean para utilizar el odio y el resentimiento a favor de las divisiones entre
pueblos que deberán unirse indefectiblemente para su liberación. La riqueza y
la diversidad cultural pueden ser puentes o trincheras, depende del proyecto y
la voluntad que dirijan esas energías. No adoremos ídolos ajenos. Un orden no es resentimiento ni uniformidad.
Un orden es el organismo vivo que las comunidades crean para su subsistencia y
para vivir de acuerdo a algo que provenga de sí mismas, no de la manipulación
ideológica de los centros de poder.
Lo que hay que cambiar es el
sentido del mundo, y eso no se puede hacer sino uniendo a los que luchan contra
él, no enfrentándolos con ideas generadas y esparcidas por los mismos que
decimos combatir.
domingo, 3 de marzo de 2013
EL CINE COMO SISTEMA DE CONTROL SOCIAL I
Con esta iniciamos una serie de notas semanales referentes a la cultura y al control de la sociedad que ejerce el pensamiento hegemónico en forma global sobre la población del planeta. Sobre lo relativo al cine sera una nota dividida en tres entregas.
La industria del cine es un
conglomerado de corporaciones, fusiones empresariales, mecenas, relaciones
corporativas, y al fin y al cabo, una “industria”, si bien es cierto que muchas
veces se incluye como “industria del arte”, esto en su concepción es una
aberrante contradicción, ya que el arte y la industria son opuestos por
naturaleza. No en vano, la figura
preponderante en el cine es la del “Productor”, dominante por encima de las
demás figuras, siendo la primera que aparece en cualquier título, antes que
cualquier director, actor o guionista.
Aún así esa proclamación de la
industria del arte, ya nos revela que el cine no es más que eso, una parodia
del arte, o expuesto más claramente, una industria que se nutre de una máscara
en forma de arte como bien para el pueblo tras la cual se esconde su verdadera
naturaleza: un medio de adoctrinamiento, implantación de ideas y programación
de la psique de la sociedad.
El cine nació en Paris el año
1895, como industria, y no como arte, aunque luego se le añadiera esa
“etiqueta” de séptimo arte, alegando que era un medio que incluía varias o
todas las artes en una, pero eso no anula su naturaleza de concepción. En un
inicio fue un potente generador económico, acelerando el crecimiento de su
industria, fusiones y en definitiva, la formación y focalización de la “meca
del cine”, en Hollywood, Los Ángeles, Estados Unidos. En 1929, en medio de la
gran “crisis” de dicho año, aparece el cine sonoro, siendo unánimemente apoyado
por todas la productoras, evidentemente ya no por su potencialidad económica,
si no por su poder “propagandístico”. En 1948 la industria del cine sufre una
demoledora crisis económica que provoca que a partir de ese momento, esta
industria esté básicamente financiada por fuerzas políticas, iniciando la
actual estructura del cine, una industria propiedad y dominada por un entramado
político-corporativo-militar-empresarial.
En efecto, ocurre exactamente lo
mismo que con la relación de la industria farmacéutica con la petrolera y
armamentística, los propietarios y mecenas se funden y interaccionan entre
ellos, revelando la estructura de poder actual: Supraentidades que en la
cúspide dirigen estructuras que por su aparente naturaleza no tienen ninguna
relación entre sí, auque evidentemente, si la tienen: el poder y el control.
Si echamos un vistazo a la
estructura de la industria cinematográfica observamos que ésta ha ido
transformándose desde un amplio entramado de empresas hasta progresivamente ir
consolidándose, a través de fusiones, pactos y supuestas rivalidades hasta
formar lo que se conoce, incluso en su propio ámbito, como el gran 6.
Así pues el gran 6 lo forman:
Twenty Century Fox, que abarca cine, música y televisión. Paramount Pictures,
perteneciente a la superestructura Viacom que sostiene a otras grandes
productoras como Dreamworks o MTV Productions. Universal, extensión en el mundo
del cine de la poderosa General Electric, implicada en la industria
armamentística y nuclear. Sony Pictures, que abarca a productoras del calibre
de Columbia Picures, Metro Goldwyn-Mayer o Tri-Star. Warner Bross
Entertainment, enorme corporación que incluye cine, música, televisión,
industria de juguetes, parques infantiles y turísticos, y Buena Vista Motion
Picures, con Touchstone, Miramax, Walt Disney Productions y muchas más
corporaciones en su haber.
El gran 6 produce el 60% del cine
mundial y distribuye aproximadamente el 85% de las producciones norteamericanas
y europeas. Tras esta estructura básica, muchos podrán decir que si bien el
alcance de poder de estas productoras es amplio, no lo abarca todo, pero si
tenemos presente la naturaleza político-corporativa de la industria del cine,
junto a su militarismo institucional colaboracionista, entenderemos que si
aceptamos que el poder fáctico es supranacional, y que supera fronteras y no
entiende de banderas, su aplicación es exactamente la misma. Para ilustrar este
aspecto, nos referimos a una parte del texto “La danza final de Kali” dedicada
a la industria del cine que puede aclarar dudas: “Para ilustrar esto, bastaría
echar un vistazo al cine en apariencia fuera de la escena de Hollywood, y muy
especialmente al cine europeo. ¿Qué sería el cine europeo, incluso el más
alternativo, sin las subvenciones de los ministerios de cultura y los
patrocinios corporativistas? Respuesta: No sería nada.
Y lo que resultaría más
interesante para los ciudadanos, no saquearían las arcas públicas abiertas a
los Alí-babá de la industria artística moderna. Interesante estructura de
financiación la del cine europeo: el público potencial de una película financia
a través de sus impuestos a una producción que será ofertada comercialmente a
ese mismo público. Si el incauto público paga dinero por ella, la subvención de
la siguiente producción será aún más suculenta. Así se “produce” el arte de los
jóvenes cineastas europeos, que, en última instancia aspiran a ser valorados,
distribuidos, dirigidos, o incluso producidos, por el gran 6 americano.
Habiendo descrito el escenario
Norteamericano y Europeo, no está de más decir que para la cultura oriental ya
existe Bollywood –que con el nombre ya no tiene necesidad de explicación
alguna– como una extensión más, adaptada a un territorio concreto de ese
monopolio cinematográfico industrial.
Además de todo esto, es necesario
observar, que el cine a día de hoy no es un negocio económicamente rentable en
sí mismo. ¿Alguien cree que con la recaudación de las taquillas y el
merchandising que se mueve alrededor de toda producción se pueden pagar las
desorbitadas cifras que suponen el gasto para sufragar a los actores,
directores, guionistas, productores, y la interminable lista de componentes que
conforman una película y además generar un beneficio que lo convierta en
rentable? Y eso sólo una vez hecha, porque realizarla ya supone un gasto igual
o superior. Claro está, el que quiera creerlo, se basará en los datos de las
plataformas informativas que nos dicen: la película ha costado 150 millones y
su recaudación ha sido de 200 millones, ahí está, todos tranquilos, el mercado
lo explica todo.
Pues bien, si un negocio que no
es rentable por sí mismo es apoyado y sumamente alentado y promovido por intereses
político-corporativos, por algún motivo será. Si no es rentable por sus propios
medios y autosuficiente es precisamente porque no lo es en esencia, su rentabilidad
se traduce en el beneficio que genera a través de su influencia en todas las
facetas de la sociedad, sería como si un vendedor de zapatos no pudiera ver en
su negocio rentabilidad con la venta de estos pero su negocio fuera rentable
porque vender zapatos le proporciona beneficios provenientes de la venta de
coches, alimentos, moda, en definitiva, en todas, y absolutamente todas las
facetas de la sociedad. Pero no olvidemos que el lucro económico es el menos
importante de los factores de está industria. El cine es rentable para sus
propietarios, porque permite –y de una forma abrumadora– diseñar, dirigir y
controlar muchisimos aspectos de nuestra existencia.
¿Y porque un cineasta querría
controlar y diseñar nuestra existencia?…por ningún motivo, quien aún crea que
la industria del cine es una industria de cineastas artistas, seguramente
creerá que el sistema no funciona bien porque está corrupto (no porque lo sea
desde su concepción), para lo que es necesario escoger bien a los líderes, y
también creerá que disfruta de una vida libre de injerencia. El cine es una
herramienta más, de hecho una de las más poderosas y eficientes, en el proceso
de moldeamiento del hombre a los intereses de la élite dirigente.
EL CINE COMO LABORATORIO
Alejándonos de la interacción
habitual con el cine, podemos ver claramente a la industria cinematográfica
como un laboratorio, donde se trabaja en la creación de ideas, ideologías,
valores, tendencias, necesidades, prioridades, estereotipos, imágenes,
arquetipos, principios, identidades, y en su máxima concepción “supuestas
verdades”. Y, ¿a quién van destinados todos estos elementos?, ¿quién es el
sujeto sobre el que trabaja dicho laboratorio?, pues usted, yo, todos. El
laboratorio requiere de unos científicos, de un sujeto donde experimentar, y de
unas substancias o elementos para experimentar sobre ese sujeto, y claro está,
por encima de todo esto, un laboratorio se rige por la existencia de un
objetivo, se experimenta en pro de conseguir algo. ¿Qué es ese algo? Ese algo
no es más que la conciencia del hombre, su autopercepción y su relación con los
demás seres humanos y el mundo.
Así pues, el laboratorio
cinematográfico moldea la conciencia del ser humano a través de la utilización
de elementos concretos. ¿Cuáles son esos elementos?, pues bien, dependerá de qué
tipo de moldeamiento se desee. Y eso se definirá según los intereses concretos
de cada momento en la línea histórica.
Si pensamos que el cine, basa su
contenido en relación a las “modas”, deberíamos
preguntarnos o analizar a lo que comúnmente llamamos “modas”. Es común
creer basándose en la concepción economicista, que cualquier industria, y en
este caso concreto, la cinematográfica, se guía a través de los gustos de
aquellos que serán sus consumidores, pero ¿Es realmente así? ¿Son los
consumidores los que dan forma a los productos que las industrias producirán
para satisfacer dichas preferencias temporales, o por el contrario son las
industrias las que producen tendencias que inculcan a sus consumidores para que
demanden aquello que les conviene ofrecer?
La explicación economicista del
funcionamiento del mundo, es una forma muy sutil de distraer la atención y
conciencia del ser humano en un mar de números, en los conceptos de pérdida y
ganancia, para así vaciar toda posible concepción de cualidad bajo toda
iniciativa o proceso. Las “modas”, una vez instauradas y conseguido que el
público las demande, evidentemente ya se puede considerar que es algo dirigido
por el consumidor y no el productor, pero claro está, eso es una lectura
superficial que no refleja su origen ni naturaleza, e invito al lector a que
haga esta misma observación en la faceta que quiera, y si afina y es honesto,
podrá ver el mismo proceder en todas y cada una de ellas. Se da por sentado que
el mundo se mueve por dinero, y aunque es así formalmente, se mueve por dinero
a través de unos objetivos, no por el dinero mismo. La concepción del dinero
como raíz de todo movimiento es la coartada perfecta inculcada al ser humano
para que los “científicos de laboratorio” puedan aplicar respaldados en una
falsa necesidad monetaria todo objetivo en su investigación.
Bien, volviendo al cine, decíamos
que esta industria producía e inculcaba conceptos, ideas, tendencias…. para que
sus consumidores demanden aquello que quieren ofrecer. ¿Y qué es lo que quieren
ofrecer?, pues eso dependerá del momento concreto, así, si realizamos una
observación a lo largo de una línea histórica y paralelamente, a su lado, otra
de la industria cinematográfica con sus contenidos y formas, podremos encontrar
claramente, hasta pasmosamente, una única línea. Retomando el símil del
laboratorio, para conseguir un resultado concreto, los investigadores trabajan
semanas, meses, años introduciendo elementos, substancias, medicamentos…. hasta
que consiguen su objetivo, es decir, desde que se comienzan a aplicar unos
procedimientos hasta que se consigue el objetivo, pasa un tiempo, que por lo
general suelen ser años, décadas, e incluso siglos. Este principio es
importante para entender la relación del transcurso del mundo y el cine, ya que
si se intenta ver una relación directa entre el cine y la vida en su mismo
momento histórico, aunque cada vez se solapan más, siempre habrá una distancia
entre los dos, distancia que no es más que ese tiempo que transcurre, entre el
inicio de la aplicación y el logro del objetivo. Esto estaría relacionado con
la idea anteriormente expuesta de las “modas”, así pues, es común que el ser
humano crea que el cine tiene paralelismos con la historia porque este se nutre
de ella, y, aunque en algunos casos es así, en su amplia mayoría suele ser, al
igual que afirmábamos con la moda, a la inversa. O sea, el cine produce e
inculca unas ideas, conceptos, principios, necesidades, urgencias… para más
adelante vender una historia a la medida de su objetivo.
En este trabajo de laboratorio,
existen elementos primordiales y de mantenimiento, así, del mismo modo que en
medicina se aplican ciertas medidas para conseguir un objetivo, al alcanzarlo,
se mantienen estas medidas como dosis de “mantenimiento” y se trabaja para
avanzar y llegar a un siguiente objetivo, así los objetivos ya alcanzados,
pasan de ser primordiales, a ser mantenidos mientras se trabaja en unos nuevos
de primer orden. Si observamos la vida y paralelamente el cine y sus contenidos
podemos ver cuales han sido estos elementos primordiales, y después de ser
realizados, su mantenimiento, así como los nuevos de primera importancia.
LA LÍNEA HISTÓRICA Y LA LÍNEA
CINEMATOGRÁFICA
Desentrañar todos y cada uno de
los objetivos del cine desde lo que lo conforma y su reflejo en la sociedad no
es tarea nada fácil, ya que esto requiere desgranar todas y cada unas de las
facetas del hombre, tanto a nivel físico como mental, desde hace décadas. Pero
intentaremos hacer un esquema que refleje al menos de manera elemental el
proceso hasta el día de hoy.
En primer lugar, la aparición del
cine de Hollywood más que introducir ideas requería de captación como nueva
forma de existencia, se tenía que llamar la atención del hombre y llevarlo al
terreno requerido, dónde una vez afincado se pudiera experimentar con él y
moldearlo.
Los objetivos detrás de ese
proceso de absorción no eran otros que ofrecer la ilusión de la posibilidad de
un mundo mejor, de aventuras increíbles, de un mundo “ahi fuera” (¿dónde?) que
fuera irresistible para el hombre que aún vivía en concordancia con algún
aspecto tradicional, así como la veneración de la ciudad como núcleo de
posibilidades, de realización de sueños y de atractivas metas por alcanzar.
Sobre este asunto, Félix Rodrigo Mora, decía:
“Yo soy muy hostil al cine porque
me parece que es un aparato de adoctrinamiento colosal, eso no quiere decir que
no haya películas buenas, pero yo me refiero al cine como gran negocio, como
sobre todo cuándo yo era joven había estos cines de barrio, dónde la gente
entraba ahí y se tragaba dos películas cuatro veces por semana, aquello era
tremendo, te dejaban el cerebro planchado. Y además, el cine tiene un gran
poder de penetración, porque es una sala oscura, se combina sonido, luz, música,
actores, paisajes… ya algo de eso había en el teatro, pero el teatro no tenía
tanta capacidad de penetrar. Las películas de Hollywood de los años cincuenta
son terribles, sobre todo ya con el cine en color, es algo que supera la mente
humana, la mente humana queda colapsada. Yo recuerdo haberlo hablado esto con
gente muy mayor, que ellos fueron sacados de los pueblos por el cine, en su pueblo no había
cine pero iban a un pueblo grande de al lado, e iban a ver una película,
imaginaos un hombre o una mujer que en el año cincuenta viera una película
de Hollywood, por ejemplo en el
cincuenta y cinco, con aquellas actrices tan espectaculares, o con estos
actores tan guapos, Gary Cooper, la gente se quedaba… era como un impacto.
Ellos se volvían a su pueblo o su aldea y ya no querían saber nada de aquello,
querían ver ese mundo, era una absorción. Entonces eso es un atentado a la
libertad de conciencia. En mi familia había un hombre impresionante, él vivía
imitando a Gary Cooper, porque se parecía un poco físicamente.”
Así pues, en sus inicios, el cine
trabajó por absorber a la población rural y tradicional al nuevo mundo a través
de las promesas y posibilidades de una vida mejor y más llena, identificar a
las ciudades como lugar donde “progresar”, para debilitar el mundo rural y
tradicional ya muy debilitado de por sí, y comenzar a crear el arquetipo del
nuevo hombre. Este hombre era arrogante aunque encantador, elegante, ya más
preocupado por su imagen externa y su reputación. El arquetipo de hombre
moderno era alguien que vivía en la ciudad o trabajaba en ella dándole a su
actividad laboral una importancia suprema. Su relación con los demás era de
competencia (siempre presentada con cortesía), competencia por un puesto o una
mujer mayoritariamente, y se empezaba a dibujar la infidelidad como un aspecto
que seria mantenido hasta hoy día. Muchas veces este “nuevo hombre” era de
origen rural pero había marchado a la ciudad para “progresar”, y aunque
mantenía un vinculo sentimental, era algo mas folklórico que real, al igual que
siempre aparecía el amigo que no había marchado del pueblo, que aunque siempre
muy bonachón, era presentado mas o menos disimuladamente como un perdedor. En
las relaciones sentimentales, se presentaba a hombres distantes, temerosos de
mostrase por mantener esa imagen que tanto les preocupaba, y que al fin y al
cabo les hacia “Galanes”, la gran figura del arquetipo de actor de las primeras
películas. Ya se insinuaba la picaresca, mostrando la tentación del engaño,
siempre superado por su “galantería” pero sufrida por la dificultad de
resistirse. La mujer era una figura secundaria, que tenía una importancia
remarcable, pero de manera sigilosa, era alguien que aceptaba su subordinación
pero se salía con la suya en esa guerra fría entre sexos. Más adelante apareció
“la femme fatale”, una mujer enigmática, arrogante tanto o más que el hombre, y
con un poder de seducción “mágico”. Aún así, esta mujer, generalmente tras ese
dominio aparente estaba interiormente torturada.
También se producían títulos
dónde se le enseñaba al incauto espectador lugares del mundo que ni tan sólo
había imaginado, llenos de exotismo, aventura, seducción y todas las maravillas
imaginables. Ese era el inicio de la introducción de la idea del “turismo”.
¿Alguien se ha parado a pensar que ser humano podía desear hacer “turismo”,
pensando en todo lo que significa actualmente, antes de la aparición del cine?
Podemos pensar que eso es un avance, pero honestamente no creo que sea así, se
ha cambiado la cantidad por la calidad y cualidad, ahora puedes ir a cualquier
parte del mundo, pero no conoces nada, el turismo es una especie de videojuego
donde semi-interactuas con un escenario de manera poco más humana que lo haces
visionando un programa de viajes en el televisor, si antes del cine alguien
viajaba, ese viaje se convertía en una experiencia integral, donde vivía los
detalles, claro está, sacrificando la comodidad, otorgándole la posibilidad de
experimentar con conocimiento y pausa lo vivido.
Entre los títulos de las primera épocas,
también abundaban tramas de espías, detectives que abrían la caja del morbo de
la privacidad descubierta, y la ciencia ficción comenzaba su progresiva
andadura, primordial en todo el proceso, con historias de extraterrestres que
sacudían la mente del espectador con límites que jamás hubiera concebido.
Muchas de esas películas se han
vuelto a hacer en “remakes” en nuestros tiempos. Así mismo, se producieron
algunos títulos de tinte histórico, dándole al espectador la oportunidad de
“conocer” (?) su historia pasada, de una manera entretenida y cómoda, sin tener
que esforzarse. Además de la historia, la pre-historia se convirtió en un
género preponderante, presentando ese mundo de hombres “primitivos”
semi-animales luchando con dinosaurios. Algunos títulos remarcables de esas
primera épocas, entre muchísimos podrían ser: Casablanca, Que bello es vivir,
Gilda, Cantando bajo la lluvia, El mago de Oz, La reina de África, Un tranvía
llamado deseo, Los diez mandamientos, Ben-Hur, Rebelde sin causa, King Kong, La
invasión de los ladrones de cuerpos, Ultimatun a la tierra, Desayuno con
diamantes, El Graduado, 2001- una odisea del espacio, la noche de los muertos
vivientes, el buscavidas…. y muchos otros títulos.
(CONTINUARA)
Fuente: La Independiente Digital
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