jueves, 23 de febrero de 2017

EL TIEMPO NOS DA LA RAZON

Siempre acusado de fatalistas y conspiranoicos, los nacionalistas prefiguramos cuál será el futuro de la sociedad cuando el sistema perverso en el que vivimos impone ciertas medidas y dogmas ideológicos, primero a través del lavaje de cerebro con los medios de comunicación, y luego de cumplida esta etapa, con la imposición a través de leyes.

Nunca falta el epíteto de retrógrado y “facho”, entre otros, palabras que en el vocabulario “progre-bien pensante” son sinónimo de maldad absoluta.

Sin embargo, la gente hoy, atónita, contempla el triste espectáculo de la decadencia humana, cuyo más reciente referente puede ser el autodenominado “Tetazo”, una manifestación organizada por lo peor del feminismo vernáculo, supuestamente para pedir la libertad a que las mujeres puedan andar con sus pechos descubiertos en la vía pública o al menos eso parece, en realidad nunca se sabe bien qué es lo que quieren las feministas. Tal vez no lo sepan ni ellas.

Ahora que está todo a la vista, la gente, nos pueda llegar a entender: que esto no es fruto de la casualidad o de un puñado de inadaptados sociales que salen a chocar contra lo establecido. Sino que es el producto bien planeado de la destrucción cultural planificada por los poderes fácticos, que gracias a su enorme riqueza manipulan la opinión pública, para sobre sus cenizas construir un “mundo sin identidad”. Es decir, la mano de nuestro enemigo, el cual siempre nombramos a pesar de que los necios y los cómplices nos traten de fabuladores: el sistema o poder internacional del dinero, el cual pretende construir un “nuevo orden mundial”, sin patrias, ni identidad, para lo cual es menester previamente pulverizar culturalmente a los pueblos.
Repetimos, esto no es casualidad, es la consecuencia lógica de una ideología destructiva, que termina llevando hacia la anarquía y el nihilismo, impuesta por estos poderes fácticos, el liberalismo en sus distintas facetas: filosófica, política, económica, social, etc. llevado al paroxismo

El liberalismo parte de la falacia, repetida una y mil veces, de que “el derecho de uno termina donde empieza el del otro”, algo totalmente absurdo que no resiste el menor análisis, ya que si existiese una línea absoluta que nos señale dónde empieza el derecho de uno y termina el del otro no se necesitaría una compleja codificación de leyes que nos diga qué se puede y qué no se puede hacer.

De esta forma los medios de comunicación, partiendo de esta falacia, nos martillan en la cabeza que “tal ley es represiva” porque limita conductas que de llevarse a cabo no estarían “perjudicando a otros”. Si alguien osa quejarse sobre la derogación de tal “ley represiva”, la respuesta en el caso que enumeramos más arriba sería: “si no te gusta que las mujeres anden desnudas no la mires”. Con esa falacia nos han impuesto leyes para aceptar por ejemplo el “matrimonio homosexual” ya que su existencia, en las mentes progresistas, no “perjudica a otros”. En conclusión, los colectivos progres (homosexuales, aborteros, feministas, etc) junto con los medios de comunicación son los nuevos autócratas que nos dicen qué conductas son las que “perjudican a terceros” y cuáles no, haciéndose con esto dueños de dictaminar o modificar a su antojo la legislación y códigos de convivencia.

Ahora, esos mismos progres son los que limitan a través de leyes la investigación histórica, coartan la liberta de buscar la verdad, en nombre de dogmas ideológicos que no se está permitido poner en duda. Como recientemente pretende llevar adelante una diputada, intentando prohibir que se nieguen o investiguen ciertos hechos históricos. En este caso sí, el cerebro progresista no ve ninguna “ley represiva”, ya que poner en dudas sus dogmas “atenta contra la humanidad”.

Cuando el nacionalismo manifestó que las distintas leyes libertinas que se fueron sucediendo iban a llevar al país a al nihilismo y la anarquía, se nos acusó siempre de exagerados. Pues bien, al final tenemos razón, y mucha gente ya empieza, a veces tímida y torpemente, a manifestar opiniones cercanas a las nuestras, la mayoría de las veces sin saberlo.

Cuando quien esto escribe rondaba recién los dos años de vida, el nacionalismo de la época se manifestó en contra de la ley de divorcio, argumentando que iba a destruir a la familia. Los apologistas de la ley acusaron como siempre de “facho” y retrógrada, y que eso era una exageración y que no pasaría. Veamos el caos en el que vivimos hoy. Cosas que antes no existían: violencia en los colegios, anarquía en la juventud; producto de familias totalmente desestructuradas. Así y todo, los progres niegan o se hacen los boludos (disculpen la expresión) de las consecuencias de sus fantásticas ideas. No quiero decir que no haya hijos de matrimonios constituidos que se hayan descarriado, ni que los hijos de padres separados sean necesariamente un desastre, pero el caos a nivel social general de las familias es innegable.

Cuando el nacionalismo hablaba que el “matrimonio homosexual” era una caja de pandora que abría las puertas a legalizar cualquier tipo de conducta por más contraria a la naturaleza, el bien común o el sentido común que sea, se nos acusaba de nuevo con los conocidos epítetos. Hoy tenemos que ver agrupaciones de pedófilos “peleando por sus derechos” en Europa. Pues claramente si todo es relativo como el liberalismo pregona, entonces un día se puede determinar que ser menor de edad no es impedimento para “decidir relacionarse con mayores” y la pedofilia pasa a ser una más de los “diversos” gustos sexuales.

No digan que no les avisamos si mañana se intenta legalizar el nudismo, o incluso poder mantener relaciones sexuales en plena vía pública, aduciendo que “al que no le guste no lo haga ni lo mire”, o poder hacer las necesidades fisiológicas en la calle (siempre y cuando se junten los desechos en una bolsa de nylon como a los perros) o cualquier otro disparate por más loco que hoy en día pueda sonar.

Sin extenderme más solo ruego que la gente vea tan claramente como nosotros las consecuencias del liberalismo y sus derivados (p/e el sistema partidocrático en su faceta política), y que dejen de comprar los espejos de colores que los medios de comunicación les venden como modelos de “tolerancia, respeto y diversidad”, que son solo la excusa para la destrucción total de las naciones del orbe.

Martín Ledesma

Fotos: "Ciudadanos ejemplares según el modelo progre" la gente ya empieza a dudar de las bondades de la "tolerancia" predicada por los medios dominantes. 
 
Fte. Blog de la Agr. Lacebrón Guzman

sábado, 18 de febrero de 2017

PREPARANDONOS PARA EL 2 DE ABRIL

Cnel (VG) Horacio Losito
"Sólo en un país tan apátrida como este, en donde sobreviven patrias "peronistas o socialistas", se tolera que héroes de Malvinas estén presos, pudriéndose en cárceles comunes, sin atención médica, maldecidos por la sociedad toda, encerrados por juicios expres montados por el CELS (MI 6 británico), con pruebas y testigos falsos. 
Cantidad de héroes de la única Gesta Patria del siglo XX, a ver, la batalla aeronaval más colosal del siglo pasado, luego de la batalla de Midway en el Pacífico, esto es, más de cuarenta buques ingleses fuera de combate, incluye a dos portaaviones, sigo, sólo en un país tan apátrida como este, esos guerreros son tergiversados, acusados de asesinar guerrilleros, fuera de las reglas estrictas de la guerra revolucionaria, esto es, en combate franco, como si fueran cobardes, nada más falso, cuando lo cierto es que el ataque artero, a traición, por bomba o emboscada, siempre fue la táctica preferida por la delirante guerrilla urbana. Guerrilla, que dicho sea de paso, escribía con sangre en sus panfletos y en las calles, "Libres o muertos, jamás esclavos", tal la épica de su militancia de suicidas. Guerrilla homicida que pasados cuarenta años de sus crímenes, casi tres mil muertes, entre militares y civiles, esto incluye mujeres y niños, no han pisado un estrado judicial en su vida. 
Es más, tienen el tupé de presentarse con uniforme de combate, esto sucedió hace meses, tres comandantes del ERP, para amenazar con que las armas están bien guardadas y pueden pasar a operaciones si la circunstancia lo amerita. Ningún fiscal federal pidió la captura de estos personajes, que salieron en una señal televisiva comunitaria, a cara descubierta, amenazantes, repito. ¿Eran entonces un ejército, habían confrontado en una guerra?. ¿No fueron víctimas inocentes de las circunstancias?. Así parece. El video se reprodujo en el diario Clarín, lo vio medio país."

 https://demodirecta.blogspot.com.ar/

domingo, 12 de febrero de 2017

ECONOMIA Y FINANZAS

DEUDA EXTERNA Y DÓLAR BARATO

por Héctor Giuliano (28.1.2017) 

El Banco Central no defiende el valor del Peso sino el valor del Dólar; y lo hace para sostener la política de endeudamiento externo del gobierno Macri.
Existe una correlación fáctica entre pago de servicios de la deuda externa y retraso cambiario en la Argentina. Tanto la anterior administración Kirchner como la actual Macri – en línea con los antecedentes clásicos del Proceso bajo la gestión Martínez de Hoz y de la convertibilidad menemista de la década del ´90 – practicaron y practican la política de atraso del tipo de cambio como garantía de pago de servicios de la deuda vigente y de los servicios adicionales a pagar por la nueva ola de endeudamiento externo en curso.
Este procedimiento deriva del hecho fundamental que el Estado recauda sus tributos básicamente en pesos, pero tiene que convertir esos pesos a dólares u otras monedas extranjeras para cubrir los servicios financieros de la deuda externa del país, por lo que le conviene y necesita mantener dicho retraso cambiario para poder comprar más dólares con la misma cantidad de pesos recaudados.
Caso contrario – si el gobierno produjese una devaluación significativa de la moneda nacional – no sólo tendría que afrontar una mayor carga de intereses, medidos en pesos, sino que además vería frustrada la posibilidad de seguir ofreciendo colocaciones de deuda en divisas.
La Argentina – como lo hemos señalado infinidad de veces – no paga un centavo de capital por amortización de su deuda pública sino que renueva o refinancia la totalidad de sus vencimientos de principal o capital y además toma deuda adicional, esto es, paga deuda con deuda y agrega más obligaciones en forma permanente.
Tal procedimiento se inscribe institucionalmente en un sistema de deuda perpetua ya que las obligaciones que le caen al Estado tienen que ser inexorablemente refinanciadas por falta de capacidad de repago.
Lo que sí se paga – y en ello reside el gran negocio de los bancos y/o inversores financieros prestamistas – son los intereses de la deuda, que están creciendo a un ritmo superior al del stock de capital de la deuda.
Este año – como ya lo hemos explicado en varios trabajos anteriores – según el Presupuesto 2017 (Ley 27.341) los vencimientos de capital suman 58.200 MD y se prevé la colocación de nueva deuda por 96.400 MD, es decir, que se autoriza el aumento de la deuda del Estado Central en 38.200 MD durante el ejercicio.
El total de este endeudamiento del año por 1.727.200 M$ (≡ 96.400 MD), equivale así en la práctica al 73 % del Gasto Público, que es de 2.363.600 M$ (≡ 131.900 MD).
Y tal proceso es institucional y perpetuo para la Argentina, porque la deuda constituye hoy la principal fuente de financiamiento del Estado utilizada para cubrir el Déficit Fiscal que a su vez deriva de un Gasto Público que está determinado en gran medida por los servicios de dicha deuda.
El principal destino de esta política de endeudamiento público es la refinanciación de deuda – vía novaciones sistemáticas de las obligaciones con el mismo acreedor y/o con terceros – y la asunción de nueva deuda para sostener las reservas internacionales del Banco Central (BCRA) y, consecuentemente, el tipo de cambio al que se valúan dichas reservas.
La paridad cambiaria contra otras monedas – esencialmente, el dólar – es la variable clave de este mecanismo de endeudamiento fiscal, porque en la medida que la devaluación del peso sea mayor que la inflación interna la garantía de pago de los servicios de intereses – que es, repetimos, lo único que se paga en efectivo – será superior en materia de deuda externa.
El cumplimiento de esta regla deviene indispensable a la administración Macri para sostener su política de gobernar con deuda; y así se dio durante el año 2016, en que la devaluación del peso fue de un 22 % (21.9 = 15.89 al 31.12.16 / 13.04 $/US$ al 31.12.15) mientras que la inflación del ejercicio fue casi el doble: 40.8 % .
Es importante observar que para sostener esta política de retraso cambiario - como garantía de pago de los servicios de la deuda externa – el BCRA, bajo la dirección de Federico Sturzenegger, mantiene una política de altas tasas de interés que hasta la fecha ha tenido como consecuencia desatar un proceso de estanflación en la Argentina (estancamiento con inflación):
a) Con el argumento de la lucha anti-inflacionaria el BCRA sostiene tasas elevadas de interés, soslayando que la tasa de interés también es un factor de inflación, que se traslada al sistema de precios a través del costo financiero de las empresas.
b) Esta política, empero – como se ve a través de los indicadores del primer año de gestión del gobierno Macri – no ha dado resultados prácticos en materia de inflación .
c) Sí ha provocado, en cambio, caída de los salarios/jubilaciones reales – castigados económica y financieramente por la inflación – recesión y desempleo, así como aumento adicional de la Pobreza/Indigencia existente en el país.
d) Por el contrario, la combinación de altas tasas de interés domésticas con atraso cambiario ha favorecido y estimulado el negocio financiero de capitales especulativos o golondrina, agravado con la eliminación de los plazos de salida de dichos capitales.
e) La altísima rentabilidad comparativa por arbitraje entre estas elevadas tasas de interés locales y la estabilidad del dólar con atraso cambiario (una suerte de retraso vía neo-convertibilidad por banda cambiaria) se convirtió así paralelamente en un des-estímulo a las inversiones.

Paradójicamente, el presidente Macri pide inversiones productivas al empresariado, y particularmente Inversiones Extranjeras Directas (IED), mientras su política financiera crea las condiciones inversas para ese tipo de inversiones.
Y tal proceso es, a su vez, una resultante de su política de gobernar con deuda, que requiere poder pagar escrupulosamente los servicios de intereses de la deuda en moneda extranjera ofreciendo como garantía de pago el mantenimiento de un atraso cambiario.
Se da así el hecho notable que, en la práctica, el BCRA no defiende el valor del peso – carcomido por la inflación interna – sino el valor del dólar (como garantía de posibilidad de pago de los intereses); y ello, como requisito fáctico para poder sostener su política de mayor endeudamiento externo .

domingo, 5 de febrero de 2017

DEL LIBERALISMO AL NEOLIBERALISMO



El mediático economista liberal José Luis Espert calificó con gran ocurrencia al actual gobierno del neoliberal Mauricio Macri como “kirchnerismo de buenos modales”.
Esta definición es un acierto excepcional pues pone en evidencia dos aspectos del neoliberalismo que escapan al común de los mortales.
Por un lado, el uso ilimitado de los subsidios desde el Estado para evitar las protestas masivas y por otro, el tomar deuda sin límite con tal de calmar las aguas de la inquietud social.
Espert es un liberal clásico que sostiene que hay que achicar al Estado para agrandar la Nación; que hay que reducir el gasto público para pagar las deudas.
Pero estos dos principios básicos de liberalismo Macri no los tiene en cuenta. Es que Macri es neoliberal, y el neoliberalismo ha modificado el concepto de Estado que tenía el liberalismo.
Así, el Estado ya no está para administrar bien y austeramente la cosa pública, ni menos aún ayudar “a hacer” al particular que lo necesita usando el principio de subsidiariedad, sino que está al servicio del mercado.
El Estado es un apéndice de las multinacionales que colabora con sus negocios.
Hoy el Estado existe en función del mercado y, sobretodo, del mercado internacional. Esta es la gran sustitución que ha producido el neoliberalismo respecto del liberalismo clásico.
Macri endeudó a la Argentina en un año en 48.000 mil millones de dólares y no se le movió ni un pelo. Multiplicó los ministerios y las secretarías de Estado por tres respecto de la gran burocracia creada por los Kirchner, y aumentó los subsidios en un 20% más.
Los más grandes beneficiarios del año de gobierno neoliberal de Macri fueron, paradójicamente, las organizaciones sociales y piqueteras que recibieron 30.000 millones de pesos en subsidios y canonjías.
Qué quiere el gran capital, el imperialismo internacional del dinero con el modelo neoliberal: que los Estados los ayuden a hacer negocios y para ello necesitan de una cierta tranquilidad social. Qué la sociedad no haga olas, que se mantenga en una cierta calma. Si total, los 48.000 mil millones de dólares los recuperarán con creces en corto tiempo.
El pobre Espert comprende a Macri pero no comprendió el cambio de paradigma del Estado liberal al neoliberal.



Alberto Buela 
  buela.alberto@gmail.com

PLAN SOROS

 
El plan Soros –cuya confirmación se encuentra en los documentos filtrados por Wikileaks de la Open Society Foundation– tiene las siguientes claves:


1.- El establecimiento de un Gobierno mundial, para lo que es preciso generar problemas mundiales o supranacionales, como es el caso del controvertido cambio climático o calentamiento global (a comienzos del milenio se trató de imponer la tesis de una era de glaciación). En la misma línea, se mueven los juegos apocalípticos como la preparación dictada por Barck Obama sobre una posible tormenta solar.

2.- Fortalecimiento de las entidades supracionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OCDE, la Unión Europea, como embriones del gobierno planetario para establecer un nuevo orden mundial.

3.- El más grave problema mundial que se ha inducido, de diferentes formas, es el migratorio, como disolución de las entidades nacionales, de formas que las Patrias dejarían de tener sentido con sociedades llamadas multiculturales, en conflicto, que tendrían que ser administradas por entidades planetarias.

4.- La desaparición de la moral natural objetiva y de las religiones suplantadas por el vago humanitarismo de la corrección política.

5.- La desaparición de las fronteras, consideradas como obstáculos, y la consideración de que toda persona tiene los mismos derechos –o más- que los nacionales.

6.- La sustitución y el exterminio de los europeos autóctonos, reduciendo su natalidad, por una parte, y mediante una migración invasiva, a la que son obligados a subvencionar.

7.- La conversión de los norteamericanos blancos en una minoría.

8.- El establecimiento de una nueva guerra fría contra Rusia –refractaria por completo a perder su identidad- llevando a la Humanidad a un conflicto nuclear.


Enrique de Diego
 
 http://jr-elrenegau.blogspot.com.ar/

jueves, 2 de febrero de 2017

UN AUTOR PARA LEER Y MEDITAR

Werner Sombart (1863-1941), el economista y filósofo social, es conocido hoy por sus diversos trabajos pioneros sobre el ethos capitalista [su carácter distintivo o naturaleza moral]. Aunque Sombart comenzara su carrera sociológica como un socialista de estilo marxista, él gradualmente se disoció de la orientación económica de la teoría social de Marx a favor de una comprensión más voluntarista de las fuentes de la evolución social, que apoyaba el modelo muy patriarcal y aristocrático de sociedad que Marx había procurado destruír. En su Die deutsche Volkswirtschaft im neunzehnten Jahrhundert (La Economía Nacional Alemana en el Siglo XIX, 1903), Sombart volvió la espalda a la glorificación socialista del progreso, al que él veía como destructivo del espíritu humano, y revivió el ideal medieval de la comunidad gremial, que implicaba, como lo resume Mitzman, "la plena absorción y desarrollo de la personalidad del productor en su labor, objetivos limitados, y la formación de las unidades productivas sobre el modelo de la comunidad de familia".

 El reemplazo de esta sociedad orgánica original por la artificial "Gesellschaft" [asociación], fue consolidado por la interferencia de los judíos en la sociedad germánica, ya que el judío está marcado por el pensamiento abstracto que es "sinónimo de indiferencia a todos los valores cualitativos, de incapacidad para apreciar lo concreto, lo individual, lo personal, lo vivo". La expresión simbólica de la capacidad judía para la abstracción es el dinero, que "disuelve todos los valores de uso en sus equivalentes cuantitativos".
     El proletariado, que es el típico producto social del capitalismo, es el elemento que más sufre en el reemplazo del ethos social patriarcal por el ethos comercial, ya que "cada comunidad de interés es disuelta, tal como cada comunidad de trabajo" y "el simple pago es el único lazo que vincula a los contratantes". El tradicional consuelo de la religión también ha sido destruído por el capitalismo que frecuentemente sostuvo al movimiento intelectual liberal de la Ilustración. Una diferencia crucial adicional entre el Socialismo Alemán desarrollado por Sombart y el marxismo, es su distinción del capitalista como empresario y como comerciante, de tal modo que, mientras que Marx intentó superar al empresario como una figura históricamente obsoleta, Sombart defendió la virtud creativa y organizativa del espíritu empresarial contra las características simplemente racionalizadoras y abstractas del comerciante. El empresario de este modo llega a ser, desde el punto de vista de Sombart, el representante económico del típico espíritu fáustico del héroe alemán, mientras que el comerciante calculador es identificado cada vez más con el extranjero, en particular con los judíos y los ingleses.
     En su libro de la época de la guerra, Händler und Helden (Mercaderes y Héroes, Múnich, 1915), Sombart habla del significado sociológico de la guerra entre los ingleses y los alemanes en términos de la diferencia radical entre el "espíritu de comerciante" que intenta conseguir una mera "felicidad" mediante las virtudes negativas de "moderación, conformidad, industria, sinceridad, moderación, humildad, paciencia y otras por el estilo" que facilitarán una "confluencia pacífica de comerciantes", y el "espíritu heroico" que intenta el cumplimiento de la misión de la vida como una tarea de la más alta auto-realización de la Humanidad por medio de las virtudes positivas de "voluntad de sacrificio, lealtad, no agresividad, reverencia, valor, piedad, obediencia, bondad" y las "virtudes militares", ya que "todo heroísmo fue primero totalmente desarrollado en la guerra y por medio de la guerra". La guerra para los ingleses era una empresa principalmente comercial, mientras que para los alemanes era una defensa de su alma ante la influencia debilitante de ese mismo espíritu comercial.
     Sin embargo, ya en sus trabajos principales de 1911-1913, sobre Die Jüden und das Wirtschaftsleben (Los Judíos y la Vida Económica, Leipzig, 1911) y sobre el espíritu burgués, Der Bourgeois, de 1913, Sombart había mostrado que el sistema moderno del capitalismo comercial era debido principalmente no al protestantismo inglés, como Max Weber había proclamado en su libro Protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus (La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, 1904-1905), sino al judaísmo. De hecho, Weber mismo se vio forzado, bajo el estímulo de la obra de Sombart, a distinguir entre el capitalismo Protestante y el "capitalismo paria" de los judíos, una distinción que corresponde a la propia división histórica de Sombart del desarrollo del capitalismo entre un temprano y un alto capitalismo.
     Si bien el catolicismo, y en particular el tomismo, había sido parcialmente influyente en el desarrollo del espíritu comercial en su filosofía racionalista, legalista y esencialmente de este mundo, Sombart negó que el protestantismo fuera sinónimo de capitalismo, puesto que, por el contrario, el luteranismo al menos había estimulado una profundización del sentimiento religioso. Incluso otras formas del protestantismo estuvieron marcadas por un espíritu de mezquindad generalmente anti-capitalista, y en su mayoría asumieron formas capitalistas a partir de la vida económica existente de los católicos. La verdadera fuente del desarrollo de la alta etapa capitalista de la sociedad es sin embargo, según Sombart, la mentalidad judía, que fue la que primero introdujo las principales características del capitalismo moderno, a saber, el juego sin restricciones del móvil de la ganancia mediante el libre comercio, las negociaciones usureras y las prácticas comerciales despiadadas, sobre todo con respecto a los no-judíos.
     La identificación de la existencia de engaños en las transacciones comerciales y de la explotación de otros pueblos como las causas principales del poder financiero de la judería es discutida con mayor profundidad por Sombart en Los Judíos y la Vida Económica. La raíz de la Economía judía es localizada por Sombart en la religión hereditaria misma, la cual
    "en todos sus razonamientos apela a nosotros como una creación del intelecto, un asunto de pensamiento y propósito proyectado en el mundo de los organismos, conformada mecánica e ingeniosamente, destinada a destruír y conquistar el reino de la Naturaleza y a reinar ella misma en su lugar. Precisamente de esta manera el capitalismo aparece en escena; tal como la religión judía, un elemento ajeno en medio de lo natural, ha creado el mundo; como ella también, algo tramado y planeado en medio de la vida abundante".
     El capitalismo en efecto se deriva directamente de la tradición económica usurera de los judíos, orientada completamente por la ganancia:
    "El capitalismo moderno es un producto del préstamo de dinero. En el préstamo de dinero desaparece toda concepción de la cualidad y sólo interesan los aspectos cuantitativos. En el préstamo de dinero la actividad económica como tal no tienen ningún sentido; ya no es una cuestión de ejercitar cuerpo o mente; es completamente una cuestión de éxito. El éxito, por lo tanto, es lo único que tiene un sentido. En el préstamo de dinero queda ilustrada por primera vez la posibilidad de que usted puede ganar algo sin sudar, de que usted puede conseguir que otros trabajen para usted sin recurrir a la fuerza".
     Sombart aquí apunta a la forma sutil de la violencia comercial que constituye el sistema explotador judío. Los judíos en general han dejado de considerar las restricciones a la obtención de ganancia, inherentes en los modelos tradicionales de la vida económica europea:
    "[El judío] no prestó ninguna atención a la estricta delimitación de una vocación o destreza con respecto a otra, en que tan universalmente insistían la ley y la costumbre. Una y otra vez oímos la queja de que los judíos no se contentaban con una clase de actividad; ellos hacían lo que podían, y de esa manera perturbaron el orden de cosas que el sistema de gremios deseaba ver preservado".
     El status de extranjeros que tenían los judíos frente a los pueblos anfitriones entre quienes ellos vivían, sirvió como un factor que contribuyó al éxito de sus esfuerzos capitalistas, ya que su status de segunda clase en la sociedad sólo estimuló su odio y resentimiento natural ante los pueblos huéspedes, gracias a lo cual ellos tomaron ventaja de los no-judíos bajo la aprobación de sus supuestas leyes religiosas:
    "El contacto sexual con forasteros fue privado de toda consideración, y la moralidad comercial (si puede decirse así) se hizo elástica".
     El resultado final del predominio del espíritu judío en Occidente fue la corrupción de la naturaleza misma del hombre y la sociedad occidentales, ya que
    "Antes de que el capitalismo pudiera desarrollarse, el hombre natural tuvo que ser despojado de todo reconocimiento, y un mecanismo racionalistamente orientado fue introducido en su lugar. Tuvo que haber una transvaloración de todos los valores económicos".
     Esta ruinosa transformación fue efectuada básicamente por medio de la resistente adaptación del judío a la sociedad en la cual él residía. Pero ese proceso de adaptación está determinado intelectualmente y carece de la cualidad orgánica de la verdadera simpatía:
    "El que lord Beaconsfield fuera un conservador se debió a algún accidente u otro, o a alguna coyuntura política; pero Stein y Bismarck y Carlyle eran conservadores porque ellos no podían sino serlo; estaba en su sangre".
     En efecto, los judíos carecen de simpatía por
    «cada status donde el nexo es uno personal. El ser entero del judío está opuesto a todo lo que generalmente se entiende por caballerosidad, a todo el sentimentalismo, a la caballería andante, al feudalismo, al patriarcalismo. Ni tampoco él comprende un orden social basado en relaciones como éstas. Los "bienes del reino" y las organizaciones de artesanos son una abominación para él. Políticamente él es un individualista. Él es el representante nacido del concepto de la vida "liberal" en el cual no hay ningún hombre o mujer vivo de carne y sangre con personalidades distintas, sino sólo ciudadanos con derechos y deberes».
    El resultado es que los judíos mismos a menudo no parecen entender el verdadero significado de la Cuestión Judía, y parecen pensar que ésta es sólo política o religiosa, creyendo que
    "cualquier cosa que pueda ser claramente puesta sobre el papel y ordenada correctamente con la ayuda del intelecto, debe ser necesariamente capaz de establecerse apropiadamente en la vida real".
     Con el entendimiento de Sombart de la diferencia radical que hay entre el heroico espíritu germánico y el despreciable espíritu comercial judío, no es sorprendente que él se identificara con el movimiento nacionalsocialista durante los primeros años de dicho régimen, aunque él más tarde se retirara de la participación activa en sus programas. En su obra Deutscher Sozialismus, escrita en 1934, Sombart refuerza esta diferencia entre los dos ethos, apuntando una vez más al deseo del socialismo proletario marxista de "el mayor bien del mayor número". Este rasgo utópico de los marxistas es evidenciado sobre todo en su defensa del industrialismo moderno, aun cuando desean una substitución de la organización económica privada por una organización económica comunitaria construída sobre la propiedad social de los medios de producción.
     El objetivo de la felicidad social está conectado a la noción de "libertad, igualdad y fraternidad" tomada prestada de la Revolución francesa, y revela los mismos resentimientos que provocaron la primera revolución europea. Los métodos usados para su realización son la reducción de la cantidad de trabajo físico a que el proletariado está sometido, mediante el uso de máquinas y una organización apropiada que implica la abolición de la división del trabajo. La abolición de la centralización del capital y la noción de la propiedad privada mejorará posteriormente la prosperidad de las masas. Este sueño del proletariado comunista es apoyado por la idea del progreso histórico interminable no hacia una Humanidad más alta sino hacia una "más feliz". Simultáneamente todos los sentimientos religiosos de reverencia ante una deidad de otro mundo deben ser suprimidos, de modo que la gente pueda conseguir rápidamente el sueño de un paraíso en este mundo que es, de hecho, el verdadero objetivo de la religión judía también.
     Desafortunadamente, esta "fatal creencia en el progreso que dominó el mundo ideal del socialismo proletario incluso más que el mundo del liberalismo" es la causa principal de la decadencia inexorable de la genuina cultura humana, ya que, como dice Sombart,
     "renovar permanentemente, dificulta toda cultura. Sólo cuando en el curso de la Historia son dominantes las tradiciones de las creencias, de la moral, de la educación y de la organización, es posible que se desarrolle una cultura, puesto que, de acuerdo con su misma naturaleza, la cultura es antigua, arraigada y autóctona".
     La base de toda cultura puede ser sólo la nación y no el Estado como tal, ya que la nación es
     "la asociación política en su esfuerzo para alcanzar un fin. La nación existe no porque viva en la conciencia de los individuos, sino porque existe como una idea en el reino del espíritu; es individualidad espiritual".
     La gente que constituye una nación es en realidad un organismo como el individuo, y posee el mismo origen, el mismo destino histórico y la misma cultura espiritual. Es sobre esta base cultural que habría que distinguir a los judíos como una nación foránea. A los judíos se les debiese negar la igualdad de derechos para asumir posiciones importantes y de responsabilidad, sin tener en cuenta su espíritu y carácter. Sombart apunta con aprobación al período pre-Guillermiano, cuando
    "el cuerpo militar y la administración interna y judicial casi entera, con contadas excepciones, cerraron filas contra los judíos. Si esta práctica hubiera sido proseguida, y si los judíos hubieran sido asignados a otros campos importantes, como las universidades, la ley y otras actividades, a la patria alemana, y también a los judíos mismos, le habrían sido ahorradas pesadas aflicciones".
     La solución que Sombart sugiere para la Cuestión Judía es la transformación de la cultura institucional de tal modo que "no sirva ya más como un baluarte para el espíritu judío", es decir, "el espíritu de esta época economicista" o de la sociedad burguesa, de manera que los alemanes mismos ya no se entreguen al ethos ajeno impuesto a ellos por los judíos.
     La política económica de los Estados modernos también debe ser una que esté dirigida de una manera corporativa, basada en un sistema de posesiones, que estará libre del potencial para la explotación en el sistema judío.
    "Los intereses propios deben ser superados y articulados en el Estado como un todo; ni tampoco, en tal orden, el individuo encuentra su lugar según su propia estimación, sino que recibe el lugar asignado a él. Esto significa el reconocimiento de la primacía de la política. En otras palabras, un orden basado en la propiedad no es reconciliable con el principio de libre empresa y libre competencia. En una comunidad en la cual todavía gobierna la economía capitalista, un sistema basado en las posesiones es una contradicción. Hasta que el Estado se base fundamentalmente en instituciones —es decir, sobre un orden legal que impone deberes—, un sistema basado en la propiedad no puede cumplir sus tareas".
     El nuevo orden legal será jerárquico y a la vez encarnará "una razón supraindividual" dirigida al bienestar del conjunto; este orden estará totalmente representado por el Estado. De aquí en adelante la esfera de la economía será gobernada por la de la política, enfocada esencialmente en su virtud militar, mientras que en el reino de la economía misma, la agricultura ocupará la primera fila y los negocios la última. El liderazgo de un Estado socialista fuerte o autoritario debe descansar en
     «que recibe sus instrucciones, no como un inferior desde un líder superior, sino sólo de Dios... Al líder no se le pide que escuche la "voz del pueblo", en la medida en que él no reconoce en ella la voz de Dios, la cual nunca puede hablar desde la totalidad accidental y cambiante de todos los ciudadanos, o en realidad sólo de la mayoría de los ciudadanos. La volonté générale [voluntad general] que debe ser comprendida es una realidad metafísica, no una empírica... El estadista no sirve a ningún interés popular sino sólo a la idea nacional».
     Naturalmente, el líder será apoyado en sus tareas nacionales por una élite de funcionarios capaces y organismos públicos autónomos.
     El Socialismo Alemán de Sombart es en efecto muy difícil de distinguir de aquel de los neo-conservadores de la República de Weimar, Oswald Spengler, Moeller van den Bruck o Edgar Julius Jung. Esto sólo debiese confirmar el hecho muy descuidado de que aquello por lo cual estaban luchando los alemanes anti-democráticos y anti-liberales en la República de Weimar era por el ethos europeo como opuesto al ethos judío, y de que el Socialismo Alemán (como distinto de, e irreconciliable con, el socialismo marxista) está orientado al desarrollo de la verdadera cultura moral, y jerárquicamente y neo-medievalmente organizado como el conservadurismo alemán.