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lunes, 19 de septiembre de 2011

NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN CULTURAL

MARCUSE: maximo exponente de la putrefacción cultural
Los nacionalistas argentinos tenemos por delante no solo el tremendo desafío de construir una herramienta política que nos permita poner al Estado al servicio de la Nación; sino que además, y a tenor del tremendo impulso que en los últimos tiempos ha tomado la revolución anticristiana, debemos arbitrar los medios para librar una guerra de índole cultural.

En efecto, no solo la sociedad política esta controlada por los gerentes del Poder Mundial; sino también lo esta la denominada sociedad civil.

Esto se ve claramente en el ámbito de la cultura y especialmente en los “think tanks” (o como corresponde, “laboratorios de ideas”); lugares en donde predominan las tendencias disolventes de la contracultura neomarxista y gramsciana.

Estas expresiones ideológicas financiadas por el supracapitalismo, a pesar de su apariencia contestataria, no son más que los últimos detritos del Iluminismo; y como tales su función principal es la de corroer el Orden Natural e impedir cualquier reacción en contra del Sistema de Dominación.

Es por esta razón que los nacionalistas nos vemos en la obligación de realizar en forma perentoria, y con los modestos medios a nuestro alcance, diversas acciones de resistencia frente a una cultura hegemónica y totalitaria de signo adverso.

Es cierto que en el pasado el nacionalismo logró mucho en el ámbito de la cultura, sobre todo en el terreno historiográfico, sin embargo hoy todo ello se ha perdido.

Prueba de lo que afirmamos es la aceptación – o por lo menos la falta de reacción- por parte de nuestra sociedad de las numerosas leyes anticristianas hoy vigentes (incluyendo las por venir), así como la decadencia del sistema educativo y la podredumbre que divulgan los medios de comunicación.

Salvo rarísimas excepciones, que en general son marginales, todo lo que actualmente se respira en el ámbito de la cultura esta contaminado.

En todas las producciones culturales campea el más crudo materialismo, antropocentrismo e inmanentismo.

Muy poco queda de la cosmovisión trascendentalista y teocéntrica que moldeo nuestra cultura fundacional y nuestro Ser Nacional.

La revolución anticristiana, desatada con la locura francesa de 1789, ha ido destruyendo una a una las  instituciones cristianas y los valores que vertebran a toda sociedad sana.

Y si bien la tarea la comenzó el liberalismo decimononico y la masonería; a partir de la segunda mitad del siglo pasado fue el marxismo el que gradualmente ha ido  desmantelando la mentalidad católica de las sociedades occidentales y el sentido común del hombre moderno.

Instigadores de esta faena fueron hombres como Antonio Gramsci y los miembros de la escuela de Frankfurt,  Max Horkheimer, Teodoro Adorno, Herbert Marcuse y compañía; los cuales advirtieron que la revolución bolchevique no triunfaría, ni se mantendría en el poder, si antes no destruían el sentido común de la humanidad y eliminaban aquellos vestigios de cultura cristiana que aun quedaban en el siglo XX.

A partir de entonces todos los ataques contra la Fe y el orden natural tienen como principales ejecutores a estos personajes que generalmente ocultan su ideología haciéndose llamar progresistas; y que en nombre de los derechos humanos y de la libertad han impulsado la destrucción de la familia, el matrimonio homosexual, la liberalizacion de las drogas, el aborto, la eutanasia y el auge de todo tipo de aberraciones e inmoralidades.

De modo pues que la tremenda crisis moral por la que atraviesa nuestra sociedad no es una simple y coyuntural corrupción de las costumbres sino el resultado de la aplicación de doctrinas que promueven una verdadera revolución cultural de contenido anticristiano. De ahí la necesidad de encarar con seriedad una labor cultural destinada a difundir y defender la Verdad y la Belleza, dos de los nombres del Dios que odian los revolucionarios.

De más esta decir que plantear esto no significa desentendernos de la  militancia política; a tenor del conocido adagio: formación para la acción, en la acción.

Efectivamente, si queremos que el Estado argentino se ponga al servicio del bien común y de los intereses nacionales tenemos que incidir en el ambiente en cual se forma la clase dirigente de nuestro país. Y dado que nuestros políticos no vienen de otro planeta, sino que salen de esta sociedad, de este pueblo, y de esta cultura; no tenemos otra que enfocarnos en esta tarea.

Recordemos que en el orden natural de las cosas la política domina a la economía, y a su vez la cultura determina a estas dos. Por eso los gobiernos y los planes económicos pueden pasar fácilmente, mientras que la cultura queda.  Y esto es tan así que hasta el enemigo lo comprendió. 

                                               Edgardo Atilio Moreno


Editorial Revista Milo Nº 3

miércoles, 2 de febrero de 2011

LA INFAMIA DE CASEROS

Caseros: la hora inaugural del Sistema de Dominación


El 3 de febrero de 1852 la Confederación Argentina, que  conducía legítimamente y conforme a derecho don Juan Manuel de Rosas, cayó derrotada en los campos de Caseros frente a la infame coalición que conformaron brasileños, orientales y urquicistas.
Aquella tragedia, que marcó a fuego nuestro destino nacional, fue el fruto de una trama perversa comenzada varios años atrás.
En efecto, nuestro enemigo histórico en la región, el Imperio del Brasil, hacia tiempo que estaba preocupado por que el gobierno de Rosas se había convertido en un escollo insalvable para sus ambiciones expansionistas, de modo tal que ordenó a su hábil diplomacia que encontrase la forma de derrocar al Ilustre Restaurador de las Leyes y el Orden.
En esto los brasileños coincidieron con los intereses económicos y geopolíticos de los ingleses, los cuales no cejaban en su intento por imponer la libre navegación de nuestros ríos interiores y el sistema de librecambio.
Para tales fines, los imperiales comprendieron que debían ganarse el apoyo de los enemigos internos de Rosas. Su presa mas codiciada fue el general Justo José de Urquiza, a la sazón gobernador de la provincia de Entre Ríos y a cargo del ejercito mas poderoso que disponía la Confederación Argentina.
Con ese afán ya en 1850 habían tentado al caudillo entrerriano solicitándole su neutralidad ante una eventual invasión al territorio argentino; oportunidad en la cual Urquiza supo contestar que no podía tomar tal actitud sin traicionar a su Patria.
Sin embargo, poco tiempo después, su forma de ver las cosas cambiaria. Razones de peso -o mejor dicho de pesos- influirían en ello. Y es que don Juan Manuel había resuelto poner fin al comercio espurio que había enriquecido al entrerriano.
Como bien lo explica el historiador José María Rosa, la política económica proteccionista que impulsó don Juan Manuel  -instrumentalizada principalmente con la Ley de Aduana-, si bien protegió y dio un gran impulso a la actividad industrial en las provincias del interior –desencadenando así las agresiones anglofrancesas que culminaron en la Vuelta de Obligado-, sin embargo se convirtió en una molestia para los negocios personales de Urquiza.
Y aunque todos los gobernadores conservaron el derecho de adoptar las medidas económicas que deseen para sus provincias, siempre y cuando no perjudicaran a la Confederación; además de tener sus propias aduanas interiores y exteriores, sin que Buenos Aires obtuviera ninguna renta que les correspondieran a ellas; el caso es que Urquiza fue mas allá, en pos de su interés personal, abasteciendo a Montevideo, plaza enemiga sitiada por la Confederación, así como traficando oro y  transgrediendo la ley de aduana en detrimento del bien común de los argentinos.
Su mismo secretario personal, Nicanor Molina reconoció que “Al pronunciamiento se fue porque Rosas no permitía el comercio del oro por Entre Ríos”. Claro que Urquiza debió encubrir esas motivaciones y alegó que se pronunciaba en contra de Rosas para dar al país una Constitución y terminar con la tiranía. Cuestiones que nunca antes le habían interesado y que tampoco podían justificar que un general de la Nación se una a los enemigos de la Patria con el objeto derrocar un gobierno e imponer otro ajeno a los intereses nacionales.
Así fue que, con ese pecado original –crimen de lesa patria-, se llegó al oprobioso 3 de febrero de 1852 y a la derrota inevitable de la Confederación Argentina frente a fuerzas mucho más poderosas. Fuerzas que dicho sea de paso habían sido financiadas por el enemigo extranjero poniéndose el patrimonio nacional como garantía del pago por dicha ayuda.
La ola de crímenes que se desató inmediatamente después de esta batalla fue otro baldón en dicho proceso, y fue un ejemplo más del proceder consuetudinario de unitarios y liberales en nuestra Patria. Más de 600 asesinatos en la ciudad de Buenos Aires, acompañados de toda clase de vejámenes a la población civil. Miles de ejecuciones en la campaña; toda una división del ejercito federal –la división Aquino- pasada por las armas; el coronel Chilavert y cientos de los héroes que lucharon en la Vuelta de Obligado asesinados cruelmente por los vencedores de Caseros.
El proceder de estos “iluminados”, que decían luchar contra la tiranía y el terror, y que prometían traernos los beneficios de la civilización; así como todo lo que vino después de Caseros, justificaría aun más todo lo hecho por don Juan Manuel de Rosas.
Las consecuencias de tal ignominia serian tristes, gravísimas y perdurables.
Por lo pronto, con la batalla de Caseros, Brasil salvó su destino y lavó sus afrentas. El hecho de que si bien la misma tuvo lugar el día 3 de febrero y que sus tropas esperaran hasta el día 20 de ese mes –aniversario de nuestra victoria en Ituzaingo- para recién entrar desfilando victoriosas en Bs As., lo dice todo.
Pero lo más grave fue que para la Nación Argentina Caseros vino a ser el comienzo de su declive nacional. Este hecho significó la interrupción de aquella empresa común iniciada en 1550 con la fundación de la ciudad de Santiago del Estero; determinó la ruptura de nuestra tradición histórica y el aborto de nuestro destino de grandeza.
A partir de entonces se comenzó a inventar un nuevo país, una antiargentina, de espaldas a la Argentina real y en contra de su verdadero Ser nacional.
El país que nació de aquel oprobio se edificaría conforme a los dictados de la masonería internacional y respondería a los intereses del imperialismo anglosajón.
El Estado que se organizará será la base del actual sistema de dominación que asegura el gobierno de los peores y la sumisión de nuestra Patria al capital financiero internacional.
El modelo económico a implantarse de aquí en más se encargará de transferir nuestras riquezas al extranjero; y nuestra cultura hispano católica y criolla sufrirá el embate de la cosmovisión materialista, laicista y liberal que transmiten las logias masónicas.
Incluso el repudio a lo autóctono llegó a tal punto que se intentó implementar un verdadero genocidio con nuestro pueblo criollo a los efectos de reemplazarlo por una inmigración anglosajona y protestante que gracias a Dios no arribó a estas tierras. De todos modos, aquellas matanzas sistemáticas de gauchos habrían de afectar la sicología del arquetipo del hombre argentino, contribuyendo a la perdida de nuestro antiguo espíritu heroico y digno.
Ese espíritu fundacional perdido -pero materialmente vivo-, justamente es lo que los nacionalistas debemos recuperar para que volvamos a tener una Nación grande, fuerte e independiente, como la de los tiempos de don Juan Manuel; y para que los felones de hoy –del mismo linaje de los de Caseros- tengan su merecido.

Edgardo Atilio Moreno

miércoles, 29 de septiembre de 2010

UNA ESTRATEGIA PARA EL NACIONALISMO

Por:Edgardo Atilio Moreno
Fuerza Patriotica  de Santiago del Estero

Fuerza Patriótica es un pequeño partido municipal que adhiere expresamente a todos los postulados y objetivos del nacionalismo argentino. En reiteradas oportunidades su conducción proclamó la necesidad de nacionalizar el Estado –al servicio del Poder Mundial desde la derrota de Caseros-, romper con la Usura Internacional, e instaurar una Republica Orgánica.
Sin embargo, y a pesar de ello, de tanto en tanto sus militantes se tropiezan con personas que critican la metodología del partido político y se niegan a acompañar ese accionar argumentando estar en contra del Sistema.
Que no quieran integrarse a un partido nacionalista y prefieran realizar otra actividad para la cual tienen mayor vocación es totalmente entendible; pero que insinúen que Fuerza Patriótica convalida al Sistema es un sayo que a estos hombres no les cabe.
Un partido político no implica necesariamente el reconocimiento del Sistema o Régimen de dominación imperante, e inclusive puede ser una herramienta más para hacer la revolución que acabe con él. En ese sentido poco importa si ese cambio se hace desde dentro mismo del propio Sistema.
Por otro lado, el absoluto rechazo a constituir un partido político manifiesta en muchos casos un rechazo implícito, o al menos un desagrado visceral, por la política practica y concreta.
Esa actitud es una de las razones por las que el nacionalismo hasta el momento no pudo convertirse en una fuerza política gravitante en el país, y terminó por cederles todos los espacios a los enemigos de la Patria.
No hay dudas que hogaño la casi totalidad de los partidos sirven al Poder Mundial y a la subversión anticristiana; sin embargo no lo hacen por el solo hecho de ser partidos políticos, pues su carácter instrumental no los hace ser buenos o malos en si; sino por que están consubstanciados con la filosofía y la ideología del Sistema.
Y eh aquí la distinción fundamental. Justamente lo que hace de Fuerza Patriótica un partido anti-sistema es que tiene un discurso filosófico e ideológico antagónico al mismo. Es decir, encara la labor política con un enfoque antropológico y axiológico distinto al resto de los partidos; por ende su concepción de la sociedad, del estado, de la economía, de la justicia, etc. es diametralmente opuesta a la del Sistema.
Tener en cuenta esto es muy importante a la hora de determinar si un partido es nacionalista o no lo es.
Los nacionalistas que pretendan hacer política no pueden tener solo un discurso político-práctico, es decir sobre cuestiones coyunturales, como hacen los partidos del Sistema; deben además sostener en forma expresa un discurso filosófico e ideológico anclado en la sana doctrina y opuesto a los proyectos iluministas pergeñados por Poder Mundial.
Indudablemente que a un partido le incumbe mas que nada la elaboración de un programa político-practico, y si pone demasiado énfasis en lo filosófico e ideológico su discurso puede tornarse demasiado abstracto y difícil de comprender para el hombre común. Sin embargo, como al nacionalismo le interesa primordialmente cambiar el Sistema o Régimen de dominación, un partido nacionalista no puede soslayar estos aspectos pues inmediatamente dejaría de serlo y pasaría a ser un partido más del Régimen.
En este marco lo mas conveniente seria la conformación de un Movimiento, de carácter político y no meramente cultural, que difunda los principios doctrinales, defina una estrategia destinada a construir un poder nacional, y nuclee a los diversos instrumentos políticos –entre estos aquellos de carácter electoral- a los que les corresponde específicamente la elaboración de las propuestas practicas y concretas derivadas de los principios.
Fuerza Patriótica es conciente de las tremendas dificultades que entraña la lucha dentro del Sistema; pero también tiene en claro que es necesario pasar de un nacionalismo meramente doctrinario a un nacionalismo político, y de que no existe dogma alguno que vede la posibilidad de conformar un partido político; ello atento a que estamos en un terreno meramente prudencial.
Y quede en claro que no estamos afirmando aquí que la única opción sea la de conformar un partido político -muchos buenos camarada cumplen una labor inestimable desde la soledad o en otro tipo de organizaciones-, lo que queremos señalar es que no se puede, en nombre de la pureza doctrinal y la incontaminación, rechazar la posibilidad de tener un partido político leal a la Patria que sirva para conformar esa masa critica y ejemplar de ciudadanos que marquen el camino del resurgimiento de la nación argentina.
Por ello, si realmente queremos que el nacionalismo este presente en la arena política del país no podemos descartar la posibilidad de contar con una herramienta política que nos permita difundir nuestras propuestas de orden práctico, conquistar las voluntades, e influir en el rumbo de los acontecimientos; sobretodo cuando esa es la única forma legal admitida para llegar al poder, y en los hechos esta metodología al menos sirve para evitar el desaliento, la dispersión, y la inacción.
De lo contrario, es decir de persistir con los procedimientos anacrónicos, dogmáticos y sectarios que han llevado al nacionalismo al borde de la extinción, los argentinos habremos perdido definitivamente la oportunidad de volver a ser una Nación.

domingo, 8 de junio de 2008

MATRIMONIO HOMOSEXUAL Y DERECHO A ADOPTAR

Edgardo Atilio Moreno
Partido Fuerza Patriotica
de Santiago del Estero


Últimamente la sociedad argentina asiste a una creciente presión de los grupos homosexuales tendiente a obtener el reconocimiento de ciertos derechos; entre ellos particularmente el de contraer matrimonio y el de adoptar.

Se sostiene que el impedimento a que los homosexuales puedan casarse constituye una discriminación y una expresión de homofobia. Lo cual no es cierto; además, en estos tiempos en que el verbo discriminar se ha vuelto una muletilla útil a cualquier propósito, debemos recordar que la discriminación no es cuestionable en si misma, sino solo cuando se trata en forma desigual dos situaciones esencialmente iguales.

Como dice una declaración de la Corporación de Abogados Católicos: “Resulta sin duda absurdo calificar de injusta discriminación el hecho de no admitirse la celebración del matrimonio entre dos personas de igual sexo, pues en tal caso la discriminación tiene fundamento y se justifica, dada la esencial disparidad existente entre ese supuesto y el de la pareja heterosexual”. En otras palabras, la ley no puede tratar de igual forma al matrimonio y a las uniones homosexuales dadas las diferencias esenciales entre ambas situaciones.

El matrimonio es una institución del orden natural, es decir basada en la naturaleza sexuada del hombre, con miras a la procreación y a la complementariedad interpersonal; por otro lado, las uniones homosexuales constituyen una relación contraria a la naturaleza. Asimilar ambas situaciones y legitimar esta última es imposible pues la sociedad se funda en lo natural, es decir en la relación de pareja de hombre y mujer.

Con respecto al derecho a adoptar, reclamado por los homosexuales, aquí también salta a la vista que se trata de una pretensión ilusoria e inconveniente. La necesidad de tener un niño en esas condiciones es un deseo que no puede convertirse en derecho. Recordemos que la adopción tiene por objeto proporcionar al menor un hogar estable y adecuado a sus necesidades materiales y morales; que en lo posible sustituya a la familia biológica; para ello la ley establece una serie de requisitos que deben cumplir los adoptantes. En ese sentido, lo primero que debe tenerse en cuenta es el interés del menor. En estos casos los niños tienen derecho a tener una familia semejante a la natural, constituida por un hombre y una mujer que les proporcionen una figura paterna y materna. Criados por una pareja del mismo sexo los niños vivirían en una ficción de familia y no podrían gozar del beneficio de tener un padre y una madre. No dispondrían de un referente masculino y otro femenino que les permitiera elaborar las figuras de padre y madre, dado que no pueden asumir ese rol personas que no tienen el sexo correspondiente.

Por otro lado, numerosos estudios, así como el sentido común, señalan que las experiencias familiares influyen en la orientación sexual; sabido es también que un gran porcentaje de personas homosexuales provienen de familias inestables y lo que es más grave, se sabe que hay una relación entre homosexualidad y pederastia, por ello en muchos países los homosexuales están tratando de bajar la edad para el consentimiento sexual.

Cabe preguntarse entonces si es conveniente someter a un niño a la experiencia traumática de ser adoptado por una pareja homosexual. Juristas, médicos y psiquiatras desaconsejan la adopción de niños por parejas homosexuales.

En ese sentido, el tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó un pedido de adopción formulado por un homosexual francés (26/2/2002). Lo que debemos procurar es que todos los niños sean acogidos, protegidos y educados en las mejores condiciones posibles, cosa que no se lograría entregándolos en adopción a parejas homosexuales. Por ello creemos que lejos de contemplar los intereses y necesidades del menor; otorgar a los homosexuales el derecho de adoptar sólo satisface el egoísmo y la necesidad narcisista de aquellos que quieren verse reconocidos a través del ejercicio de un derecho que no les corresponde.

Estamos convencidos que rechazar esta ilegítima pretensión en modo alguno viola el principio de igualdad ante la ley, pues éste sólo garantiza el gozo de los mismos derechos en iguales circunstancias, presupuesto que aquí no existe. De modo pues, que decir que sólo se pueden casar y ser padres un hombre con una mujer no tiene nada de discriminatorio.

Publicado por Diario El Liberal de Santiago del Estero