lunes, 13 de enero de 2014

QUENELLE

 CUANDO LA TIRANIA SIONISTA LLEGA AL RIDICULO

Por Diana Johnstone
Un humorista francés, Dieudonné M’Bala M ‘ Bala, y un gesto estudiantil que popularizó en sus espectáculos, la llamada quenelle, están provocando la tormenta perfecta. El estado, las organizaciones judías y los medios de comunicación del hexágono señalan (y así se reproduce en todo el mundo) que la quenelle y su promotor son la encarnación del neonazismo populista. Ejemplo de esta tendencia que crecerá en pocas semanas se puede observar en este artículo de ABC, derechista periódico español. Huelga decir que El País supera incluso a su rival periodístico en señalar el peligro Dieudonné. Cuando la unanimidad es  regla y el linchamiento mediático se hace rutinario, se antoja necesario traducir un reciente artículo de la revista digital Counterpunch donde la analista política residente en París, Diana Johnstone, desmenuza las claves de este affaire más allá de la propaganda al uso.
En tiempos de furia absoluta, cuando el poder se reviste de victimismo para humillar a sus reales víctimas, nada más necesario que un poco de lucidez.
La bestia negra del establishment francés
Los principales medios de comunicación franceses, igual que sus políticos, están comenzando el nuevo año con una resolución común para este 2014: amordazar, en forma permanente, a un cómico franco-africano que está llegando a ser muy popular entre los jóvenes.
Entre Navidad y Año Nuevo, nada menos que el Presidente de la República, François Hollande, mientras visitaba Arabia Saudita para cerrar (muy grandes) negocios, dijo que su gobierno debe encontrar una manera de prohibir la actuación del humorista Dieudonné M’Bala M ‘Bala, según lo solicitado por el ministro francés de Interior, Manuel Valls.
El líder del partido de la oposición conservadora, la UMP, Jean -François Copé, de inmediato intervino con su  “total apoyo” para silenciar al animador inmanejable.
En el coro unánime de medios , elsemanario Nouvel Observateur editorializó que Dieudonné “ya está muerto”, varado, acabado. Los editores discuten públicamente si es mejor táctica tratar de encarcelarlo por “incitación al odio racial”, cancelar sus shows en función de una posible “amenaza para el orden público” o presionar a los municipios mediante la amenaza de cortar sus subsidios culturales si permiten realizarlos.
El objetivo del jefe de la policía nacional, Manuel Valls está claro, pero los poderes fácticos siguen buscando a tientas el método adecuado.
El cliché desdeñoso que se escucha repetidamente es que “nadie se ríe más con Dieudonné”.
En realidad, lo opuesto es verdad. Y ese es el problema. En su reciente gira por las ciudades francesas, varios vídeos muestran grandes teatros rugiendo de risa ante su humorista favorito. Él ha popularizado un gesto simple, que llama  quenelle. Está siendo imitado por los jóvenes en toda Francia. Simple y obviamente significa “estamos hartos”.
Inventando un pretexto para destruir a Dieudonné, las principales organizaciones judías, el CRIF (Conseil des représentatif Instituciones Juives de France , el AIPAC francés) y la LICRA (Ligue internationale contre le Racisme et l’ antisémitisme, que goza de privilegios especiales en el derecho francés) se sacaron de la manga la idea de catalogar a  Dieudonné y sus seguidores como “nazis” . La quenelle es un demasiado obvio y vulgar gesto que significa algo así como  “Hasta la Madre”, con una mano colocada en la parte superior del otro brazo apuntando hacia abajo para dar a entender “hasta dónde he llegado”.
Pero según el CRIF y la LICRA, la quenelle es “un saludo nazi a la inversa” (nunca puedes dejar de ser demasiado “vigilante” cuando buscas el Hitler oculto).
Como alguien ha señalado, un “saludo nazi a la inversa” podría considerarse anti-nazi. Si, efectivamente, tenía algo que ver con “Heil Hitler”. Que claramente no es el caso.
Pero los medios de comunicación del mundo están tomando por cierta esta afirmación, o cuando menos señalando que “algunos consideran la quenelle como un saludo nazi a la inversa”. No importa que los que lo usan no tengan ninguna duda sobre lo que significa: “a la mierda el sistema”.
Pero ¿hasta qué punto son el CRIF y la LICRA “el sistema”?
Francia necesita toda la risa que pueda conseguir
La industria francesa está desapareciendo, con cierres de fábricas semana tras semana. Los impuestos sobre los ciudadanos de bajos ingresos están subiendo para salvar a los bancos y al euro. La desilusión con la Unión Europea es cada vez mayor. Las normas de la UE excluyen cualquier esfuerzo serio para mejorar la economía francesa. Mientras tanto, los políticos de la izquierda y la derecha continúan sus discursos vacíos, llenos de clichés sobre derechos humanos -en gran parte como una excusa para ir a la guerra en el Medio Oriente o despotricar contra China y Rusia. El índice de aprobación del presidente Hollande ha caído al 15 %. Sin embargo la gente vota, recibiendo las mismas políticas hechas en Estados Unidos.
¿Por qué entonces los políticos gobernantes centran su ira sobre “el más talentoso humorista de su generación” (como sus colegas reconocen, incluso al denunciarlo)?
La respuesta corta es, probablemente, que la creciente popularidad de Dieudonné entre los jóvenes ilustra una brecha generacional en crecimiento. Dieudonné ha convertido la risa en un ataque contra toda la clase política. Esto ha dado lugar a un torrente de insultos y juramentos sobre que sus shows serán cerrados, sus finanzas arruinadas e incluso él será encarcelado. El insulto también conlleva un marco de agresiones físicas en su contra. Hace unos días su asistente Jacky Sigaux fue agredido físicamente a plena luz del día por varios hombres enmascarados frente al ayuntamiento del distrito 19 – justo enfrente del parque Buttes Chaumont. Ha presentado una denuncia.
¿Pero cuánta protección puede esperar de un gobierno cuyo ministro del Interior, Manuel Valls – a cargo de la policía – está comprometido a buscar la manera de silenciar a Dieudonné?
La historia es importante, pero es casi seguro que será mal reportada fuera de Francia – tal y como se informó mal en el interior de Francia, fuente de casi todos las  noticias del extranjero. Con la traducción, se agrega un poco de tergiversación y falsedad.
¿Por qué lo odian?
Dieudonné M’Bala M’Bala nació en un suburbio de París hace casi 48 años. Su madre era blanca, de Bretaña, su padre era africano, de Camerún. Esto debería hacer de él un niño modelo del multiculturalismo que la izquierda ideológicamente dominante pretende promover. Y durante la primera parte de su carrera, haciendo equipo con su amigo judío, Elie Simoun, no fue más que eso: en campaña contra el racismo, enfocando sus críticas al Frente Nacional e incluso postulándose para un cargo en contra de un candidato del FN en la ciudad dormitorio de Dreux , cien kilómetros al oeste de París, donde vive. Al igual que los mejores humoristas, Dieudonné siempre dirigió su humor hacía los acontecimientos actuales, con una calidez y dignidad inusual en la profesión. Su carrera floreció, tuvo su rol en el cine, fue  invitado en la televisión, se ramificó por su cuenta. Un gran observador, que sobresale en imitaciones relativamente sutiles de diferentes tipos de personalidades y grupos étnicos, desde africanos a chinos.
Hace diez años, el 1 de diciembre de 2003, como invitado a un programa de televisión llamado apropiadamente No se puede complacer a todos, dedicado a temas de actualidad. Dieudonné apareció en el escenario disfrazado de algo así como “un converso al extremismo sionista” asesorando a otros para conseguir que “se unieran al Eje americano-israelí del bien”. Esto sucedió durante el primer año del asalto de EE.UU contra Irak, cuando la negativa de Francia a unirse había llevado a Washington a rebautizar las llamadas “papas a la francesa” (belgas en realidad) como “papas de la libertad”. Aquel ataque relativamente leve contra el “eje del mal ” de George W. Bush parecía acoplarse al estado de ánimo de aquellos tiempos. El sketch terminó con un breve saludo, “Isra-heil”. Esto estaba lejos de ser el estilo habitual de Dieudonné  pero, sin embargo, el popular humorista fue abrazado con entusiasmo por otros artistas , mientras que la audiencia en el estudio le dio una ovación de pie.
Las protestas no tardaron en llegar , sobre todo en relación con el último gesto, visto como una comparación de Israel con la Alemania nazi.
“Antisemitismo” fue el grito, aunque el objetivo de su performance era Israel (y Estados Unidos, como su aliado en Medio Oriente). Los llamados para prohibir sus espectáculo, demandarlo y destruir su carrera se multiplicaron. Dieudonné intentó justificar su sketch diciendo que no iba dirigido contra los judíos como tales, pero a diferencia de otros antes que él  no se disculpó por un delito que no creía haber cometido. ¿Por qué no protestaron los africanos de los cuales se había burlado? ¿O los musulmanes? ¿O china? ¿Por qué una sola comunidad reaccionaba con tanta furia ?
Así comenzó una década de escalada. La LICRA comenzó una larga serie de demandas en contra de él (“incitación al odio racial”), que en un primer momento perdieron, pero la presión se mantuvo. En lugar de dar marcha atrás, tras cada ataque Dieudonné fue más lejos en su crítica al “sionismo”. Mientras tanto, Dieudonné fue excluido gradualmente de cualquier programa televisivo y tratado como un paria por los medios convencionales. Sólo la reciente profusión en internet de imágenes que muestran a los jóvenes haciendo el signo de la quenelle movió al sistema a concluir que un ataque directo sería más efectivo que tratar de ignorarlo.
El trasfondo ideológico
Para poder entender el significado de la historia de Dieudonné, es necesario comprender el contexto ideológico. Por razones demasiado complejas de mencionar aquí, la izquierda francesa – izquierda que una vez que se centró principalmente en el bienestar de la clase trabajadora, sobre la igualdad social, la oposición a la guerra de agresión y la libertad de expresión – prácticamente ha colapsado. La derecha ha ganado la batalla económica decisiva, con el triunfo de políticas que favorecen la estabilidad monetaria y los intereses del capital internacional (el “neoliberalismo”). Como premio de consolación, la izquierda goza de un cierto predominio ideológico, basado en su lucha contra el racismo, el nacionalismo y su  devoción a la Unión Europea – incluso a la hipotética Europa social que se pierde, día tras día, en el cementerio de los sueños perdidos. De hecho, esta ideología se adapta perfectamente a una globalización orientada a las necesidades del capital financiero internacional.
En ausencia de cualquier izquierda seria en el terreno socio-económico, Francia se ha hundido en una especie de “política de la identidad”, que tanto alaba el multiculturalismo como reacciona con vehemencia contra el comunitarismo, es decir, sobre la afirmación que cualquier particularismo étnico es inoportuno. Pero algunos particularismos étnicos son menos bienvenidos que otros. El velo musulmán se prohibió primero en las escuelas y el clamor para prohibirlo en la sociedad adulta siguen creciendo. El naqib y la burka, aunque sean raros, han sido legalmente prohibidos. Las disputas estallan sobre alimentos Halal en las cafeterías y oraciones en la calle, mientras que los dibujos animados regularmente satirizan el Islam. Más allá de lo que uno pueda pensar al respecto, la lucha contra el comunitarismo es vista por algunos como dirigida contra una comunidad en particular. Mientras tanto, los líderes franceses dirigen el grito de guerra contra los países musulmanes, de Libia a Siria, al tiempo que insisten en su devoción a Israel.
Mientras tanto, otra comunidad es objeto de constante mimo. En los últimos veinte años , mientras que la fe religiosa y el compromiso político se han reducido drásticamente, el Holocausto, llamado la Shoah en Francia, se ha convertido poco a poco en una especie de religión del Estado. Cada año las escuelas conmemoran la Shoah, que domina cada vez más la conciencia histórica mientras ésta disminuye en otras áreas como los estudios humanísticos . De todos los eventos acaecidos en la larga historia de Francia, sólo uno está protegido por la ley, y estamos hablando de la Shoah. La llamada Ley Gayssot prohíbe cualquier cuestionamiento de la historia de la Shoah, una injerencia sin precedentes contra la libertad de expresión. Por otra parte, a algunas organizaciones como la LICRA se les concedió el privilegio de demandar a los individuos sobre la base de “incitación al odio racial” (de forma muy amplia y desigualmente interpretada), lo cual incluye la posibilidad de cobrar daños y perjuicios en nombre de la “comunidad de damnificados”. En la práctica , estas leyes se utilizan principalmente para procesar a presuntos “antisemitas” o “negacionistas” de la Shoah. A pesar de que con frecuencia estas demandas no son aceptadas en los tribunales, constituyen actos de acoso e intimidación. Francia es un extraño país donde el movimiento BDS (boicot, desinversión, sanciones) contra las prácticas israelíes de asentamientos en territorio palestino también puede ser considerado “incitación al odio racial”.
La Liga de Defensa Judía, muy proclive a la violencia, prohibida en Estados Unidos e incluso en Israel, es conocida por romper escaparates de librerías o golpear a personas aisladas, incluso de avanzada edad. Cuando son identificados, el vuelo a Israel es una buena manera de escapar. Las víctimas de la JDL no logran inspirar algo parecido a la indignación pública masiva, habitual cuando un judío es víctima de violencia gratuita. Mientras tanto, los políticos acuden a la cena anual del CRIF con el mismo celo que en los Estados Unidos acuden a la cena del AIPAC – no tanto por los fondos de campaña sino para demostrar sus sentimientos correctos.
Francia tiene la mayor población judía de Europa Occidental, que pudo escapar en gran parte a la deportación durante la ocupación alemana, que trasladó a los inmigrantes judíos hacia campos de concentración. Además de una antigua y bien establecida población judía, hay muchos recién llegados del norte de África. Todo esto se suma a una población exitosa y muy dinámica, numerosos en las profesiones más populares y visibles (periodismo, show business, así como la ciencia y la medicina entre otros).
De todos los partidos franceses, el Partido Socialista (sobre todo vía el Partido Laborista israelí  de Shimon Peres, presente en la Internacional Socialista), tiene históricamente los más estrechos lazos con Israel. En la década de 1950, cuando Francia estaba luchando contra el movimiento de liberación nacional de Argelia, el gobierno francés (a través de Peres ) contribuyó al proyecto israelí de construcción de armas nucleares. Hoy no es el Partido Laborista el  que gobierna Israel, pero sí la extrema derecha. En un reciente y agradable viaje, Hollande le demostró a Benjamin Netanyahu que el giro a la derecha en la política en Israel no ha tensado para nada las relaciones -que parecen más cercanas que nunca.
Sin embargo, esta comunidad judía es muy pequeña en comparación con el gran número de inmigrantes árabes del norte de África o inmigrantes negros de las antiguas colonias francesas en África. Hace varios años, un intelectual del Partido Socialista, Pascal Boniface, advirtió con cautela a los líderes de su partido que tan fuerte sesgo a favor de la comunidad judía podría eventualmente causar problemas electorales. Esta declaración, escrita en un documento de evaluación política, causó un alboroto que casi le costó su carrera.
Pero el hecho es que no es difícil para los franceses de origen árabe o africano sentir que el comunitarismo que realmente tiene influencia es el de la comunidad judía.
Los usos políticos del Holocausto
Norman Finkelstein demostró hace algún tiempo que el Holocausto puede ser explotado para propósitos menos nobles: como estafar fondos de los bancos suizos. Sin embargo, en Francia la situación es muy diferente. Sin duda, los recordatorios constantes de la Shoah sirven como una especie de protección para Israel ante la hostilidad suscitada por su trato a los palestinos. Pero la religión del Holocausto tiene otro impacto, más profundamente político, sin relación directa con el destino de los judíos.
Por sobre todas las cosas, Auschwitz se ha interpretado como el símbolo de la senda adonde lleva el nacionalismo. La referencia a Auschwitz sirve para dar mala conciencia a Europa, y en particular a los franceses, al considerar que su papel relativamente pequeño en la materia fue el resultado de la derrota militar y la ocupación por la Alemania nazi. Bernard-Henri Lévy, el escritor cuya influencia ha crecido hasta proporciones grotescas en los últimos años (llevó al presidente Sarkozy a la guerra contra Libia) , comenzó su carrera como ideólogo al afirmar que “el fascismo” es la ” ideología francesa” genuina. La culpa, la culpa, la culpa. Mediante la colocación de Auschwitz como el evento más importante de la historia reciente, varios escritores y oradores justifican por defecto el creciente poder de la Unión Europea como el reemplazo necesario para las inherentemente “malas” naciones de Europa. ¡Nunca más Auschwitz! Disolved los estados-nación en una burocracia técnica, libre de la influencia emocional de los ciudadanos que podrían votar de forma incorrecta. ¿Se siente usted francés? ¿O alemán? Usted debe sentirse culpable por ello, debido a Auschwitz.
Los europeos son cada vez menos entusiastas acerca de la UE, ya que arruina sus economías y los priva de todo poder democrático sobre la economía. Pueden votar sobre el matrimonio gay pero no pueden hacerlo para apoyar alguna medida keynesiana y mucho mucho menos socialista. Sin embargo, la culpa sobre el pasado se supone que los mantiene leales al sueño europeo .
Los fans de Dieudonné, a juzgar por las fotografías, parecen ser hombres, jóvenes en particular, no tantas mujeres, gentes que en su mayoría oscilan entre los veinte y treinta años de edad. Nacieron dos generaciones después del final de la Segunda Guerra Mundial. Se han pasado sus vidas escuchando sobre la Shoah. Más de 300 escuelas de París llevan una placa conmemorativa de la trágica suerte de los niños judíos deportados a campos de concentración nazis . ¿Cuál puede ser el efecto de todo esto? Para muchos de los que nacieron mucho después de aquellos terribles acontecimientos, parece que todo el mundo debería sentirse culpable – si no por lo que no hicieron, por lo que supuestamente podrían hacer si tuvieran la oportunidad.
Cuando Dieudonné transformó una vieja canción “tropical” semiracista , Chaud Cacao, en Shoah Ananas, la melodía fue replicada en masa por los fans de Dieudonné. Me atrevo a pensar que no se están burlando de la Shoah real , sino más bien del constante recordatorio de un asunto sobre el cual se supone deberían sentirse culpables, insignificantes y desolados. Gran parte de esta generación está harta de escuchar sobre el período 1933-1945, mientras que su propio futuro se desvanece.
Nadie sabe cuándo poner un alto
El domingo pasado, un jugador de fútbol famoso de origen afrobelga, Nicolas Anelka, que juega en el Reino Unido, hizo una  quenelle tras marcar un gol – en solidaridad con su amigo Dieudonné M’Bala M’Bala. Con este gesto simple y básicamente insignificante, el alboroto se elevó a nuevas alturas. Meyer Habib, representante de los  franceses de Ultramar en el parlamento francés -unos 4.000 israelíes de origen francés, tuiteó el lunes:  “¡La  quenelle de Anelka es intolerable! Voy a presentar un proyecto de ley para castigar este nuevo saludo nazi practicado por los antisemitas”.
Francia ha adoptado leyes para castigar el antisemitismo. El resultado es contraproducente. Tales medidas sólo tienden a confirmar la vieja idea de que “los judíos gobiernan el país”, y contribuyen a un creciente antisemitismo. Cuando la juventud francesa observa ese intento franco-israelí de prohibir un simple gesto  y contempla a la comunidad judía moviéndose para prohibir a su humorista favorito, queda claro que el antisemitismo sólo puede crecer aún más rápidamente.Sin embargo, en esta escalada, la relación de fuerzas es muy desigual. Un humorista tiene como armas sus palabras y sus fans, que pueden desaparecer cuando las cosas se pongan rudas. Por otro lado está la ideología dominante y el poder del Estado. En este tipo de enfrentamiento, la paz civil depende de la sabiduría de los que tienen más poder para mostrar moderación. Si ellos no lo hacen, esto va a ser un juego sin ganadores.
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3 comentarios:

Pablo dijo...

No sorprende que esto pase en Francia, el país de donde proviene la satánica revolución que impuso el liberalismo.

Martín dijo...

Excelente artículo

Alan Argento dijo...

Es destacable que un hombre negro haya generado esta conmoción tan maravillosa. Dios obra de maneras inesperadas. Esto va para los skinheads, nazis y "niños alemanes locos" de toda índole. La verdad histórica trasciende fronteras y razas y se eleva por sobre todas las conciencias. El cuestionamiento de los dogmas impuestos por la historiografía oficial dará como resultado un ciudadano libre y feliz que ya no sentirá culpas usufructuadas por aquellos que viven del victimismo...